Editorial

Editorial: Dinero y campañas políticas

La nivelación de la justa electoral a rajatabla y ofrecer a todos los mismos medios podría resultar contraproducente y estimular la fragmentación

El paulatino debilitamiento de los partidos políticos irradia problemas en varias direcciones. La atomización de las fuerzas políticas abre espacios al oportunismo de demagogos y populistas mientras paraliza la toma de decisiones. La gobernabilidad sufre tanto como la confianza en las instituciones y su capacidad de dar respuesta a urgentes demandas de la ciudadanía. Pero existe un peligro quizá mayor, señalado por un reciente estudio del Programa Estado de la Nación y en otras oportunidades advertido por el Tribunal Supremo de Elecciones: la debilidad de los partidos es también financiera, y eso los pone en peligro de captura por grupos económicos poderosos o capitales ilícitos, como los provenientes del narcotráfico.

El mal está bien diagnosticado, pero los remedios son mucho más polémicos. Se plantea, por ejemplo, la necesidad de nivelar el terreno de la justa electoral y ofrecer a todos los mismos medios. En términos generales, el planteamiento implica la supresión forzosa de diferencias creadas por la sana práctica política. Si un partido consigue mayor respaldo, la ley electoral debe reconocérselo y no solo a la hora de designar a sus candidatos en los cargos públicos ganados en las urnas.

La nivelación de la justa a rajatabla, sin tomar en cuenta las diferencias creadas por la historia, el desempeño en el gobierno y en la campaña, podría resultar contraproducente y estimular la fragmentación. La inscripción y supervivencia de los partidos es cada vez más fácil. Lo hemos visto en el proceso electoral del momento. Candidatos sin partido buscan un cascarón para canalizar sus aspiraciones y los cascarones buscan un candidato.

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