Salud

Hidroxicloroquina, plasma convaleciente y otras terapias que ya no se usan contra covid-19 ¿por qué?

Conforme se conoce más sobre el virus surgen nuevas formas para enfrentarlo, otras se desechan

Cuando comenzó la pandemia de covid-19 en Costa Rica, los pocos enfermos que se complicaban recibían un tratamiento estándar: hidroxicloroquina, un fármaco que en aquel momento se usaba en casi todos los países afectados por el virus.

Meses después se unieron otras opciones: utilizar plasma de pacientes recuperados (también llamado plasma convaleciente), un desparasitante llamado ivermectina (visto principalmente en consultorios privados) y combinaciones diferentes de antiinflamatorios.

A casi dos años de la llegada de la covid aquí, todas esas opciones están desechadas: la hidroxicloroquina dejó de usarse a mediados del 2020, el plasma de personas convalecientes subsistió hasta mediados del año pasado y la ivermectina es desaconsejada.

Los cambios se dieron porque la ciencia médica ha ido atendiendo esta enfermedad en tiempo real. Cuando apareció, era una completa desconocida, pero como había que tratar a los pacientes de alguna forma, grandes hospitales del mundo y centros de investigación comenzaron a dar la pauta. Conforme el tiempo pasó, se vio que la efectividad de algunos tratamientos no era la esperada, mientras que otros daban mejores resultados.

Posiblemente, vengan más cambios en el futuro, como lo adelantaron, durante una sesión técnica, profesionales de Farmacoepidemiología de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) y de Regulación del Ministerio de Salud.

“La decisión que se tomó hace año y medio es diferente a la de hace un año o a la de hace una semana, porque hoy tenemos información que antes no se tenía”, resumió Daniel Salas, ministro de Salud.

Muchos de estas opciones se usaron bajo la figura de uso compasivo, pues en aquel entonces no existían tratamientos específicos y se buscaba dar una terapia que diera esperanzas de mejorar la condición en los diferentes niveles de la enfermedad.

Por recomendación de equipos médicos de China, país donde se registraron los primeros casos del nuevo coronavirus, la CCSS decidió utilizar la hidroxicloroquina para evitar que los enfermos clasificados en un estado leve o moderado progresaran a una condición grave y tuvieran que requerir atención en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Se daba al inicio de la enfermedad y en pacientes con síntomas leves.

Se trata de tabletas que originalmente se usan para la prevención y el tratamiento de los ataques agudos de malaria y contra enfermedades reumáticas como la artritis, o contra el lupus.

En octubre de 2020, el estudio RECOVERY, que tiene como objetivo seguir la eficacia de estos tratamientos usados en covid-19, señaló que no era eficaz para el tratamiento de este mal y que tampoco mejoraba la condición de quienes necesitaban hospitalización.

Costa Rica fue uno de varios países que probaron esta opción. El plasma de personas recuperadas de covid-19 fue utilizado en individuos hospitalizados a partir de mayo de 2020 y dejó de usarse el año pasado. Los últimos datos fueron suministrados en marzo de 2021, con corte a febrero de ese mismo año, 905 internados habían recibido esta terapia.

En aquel momento, Marjorie Obando, directora de Farmacoepidemiología, y Angélica Vargas Camacho, del área de Medicamentos y Terapéutica Clínica, confirmaron a La Nación que se estaba en proceso de recopilar los datos del estudio de investigación que permitirá conocer la eficacia del uso de plasma. Los datos no se dieron a conocer.

En diciembre pasado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) desaconsejó esta práctica. La decisión se basó en el análisis de 16 ensayos clínicos en los que participaron 16.236 pacientes de todo el mundo. Los resultados fueron publicados en la revista British Medical Journal (BMJ).

En los pacientes con enfermedad leve o moderada, el plasma convaleciente solo significó una muerte menos por cada 1.000 personas (0,1%). Las probabilidades de evitar ventilación mecánica se redujeron en dos por cada 1.000 personas (0,2%).

En cuanto a enfermedad severa, solo se vieron nueve muertes menos por cada 1.000 pacientes y solo seis personas en ventilación asistida por cada 1.000 individuos. No hubo diferencias en los días de hospitalización ni días sometidos a ventilación mecánica.

Para Jeffrey Jacobo, especialista de Farmacoepidemiología de la Caja, esto dependía de la cantidad de anticuerpos que generaba el donador, que no es igual en todas las personas; si alguien que generaba pocos anticuerpos donaba su plasma este no iba a ser igual de eficaz. También, dijo, dependía de cómo el sistema inmunitario de cada persona reaccionaba ante el plasma donado.

“El estudio que hicimos mostró que no había un beneficio para la población”, subrayó el especialista.

Nunca fue un tratamiento oficial, pero sí fue recomendado por algunos consultorios privados. Las tabletas de ivermectina están aprobadas en dosis muy específicas para tratar algunos gusanos parásitos y hay formulaciones tópicas (sobre la piel) para los piojos y las afecciones cutáneas como la rosácea.

La OMS la desaconseja. Por su parte, una revisión sistemática publicada en la Biblioteca Chocrane concluyó que la base de la evidencia actual de certeza muy baja a baja, no hay seguridad acerca de la eficacia y la seguridad de la ivermectina utilizada para tratar o prevenir la covid‐19. Los estudios realizados son pequeños y pocos se consideran de calidad alta.

Los médicos costarricenses utilizan dos familias de fármacos específicos para tratar la covid-19 en pacientes que tienen complicaciones y están hospitalizados. En estos casos más graves también se les puede dar otro tipo de tratamientos, según la gravedad de los síntomas y cómo evolucione la condición de la persona. Ya hay medicamentos desde hace décadas probados para afectaciones en diferentes órganos por otras causas.

Por ahora autoridades de la CCSS no ofrecen opciones específicas para quienes tienen enfermedad de leve a moderada, en ese caso se busca tratar los diferentes síntomas. Esto podría variar conforme haya nueva evidencia sobre tratamientos en desarrollo para atender los primeros síntomas o casos más leves.

Irene Rodríguez

Irene Rodríguez

Periodista en la sección El País. Máster en Salud Pública con Énfasis en Gerencia de la Salud en la Universidad de Costa Rica. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del Conicit 2013-2014, el premio Health Systems Global 2018 y la mención honorífica al Premio Nacional de Periodismo de Ciencia, Tecnología e Innovación 2017-2018.

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