Luis Mesalles. 31 agosto

La discusión fiscal continúa. Mientras tanto, el tiempo se agotó. Prueba de ello es el presupuesto presentado ayer por el gobierno, en el cual el servicio de la deuda se incrementa exponencialmente con respecto al año pasado.

El proyecto de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas se ha convertido en la punta de lanza de la administración Alvarado para resolver el problema fiscal. Aun así, hay que entender que la reforma propuesta es apenas un primer paso, pero es insuficiente. Para cerrar la brecha, habrá que tomar más medidas en cuanto a ingresos y gastos, así como otras para reactivar la alicaída economía.

Pienso que, aun cuando el proyecto de la administración no es perfecto y todos tenemos algo que no nos gusta de él, es lo que hay.

Lo malo es que, para que la economía crezca, es fundamental mantener la estabilidad. Si nos revienta la crisis en la cara, con tasas de interés, inflación y tipo de cambio disparándose por las nubes, el consumo y la inversión se detendrán y el caos de la fiscalidad se agravará aún más.

Para que lo anterior no suceda, los inversionistas deben creer que el gobierno tendrá la capacidad de pagarles de vuelta el dinero prestado. Pero como durante los últimos diez años distintos gobiernos han dicho que ya viene la solución y esta no se da, la esperanza de los inversionistas se ha ido agotando poco a poco.

Si en estos momentos la reforma fiscal planteada se cae, la confianza de los inversionistas se terminará de desplomar. Ellos saben que el caudal político de inicios del gobierno se debilita y la alianza PAC-PUSC-PLN se desvanecerá pronto. No creo que estén dispuestos a esperar cuatro años más por una solución alternativa.

Bajo tales circunstancias, el gobierno no conseguirá el dinero para seguir pagando sus gastos, ni sus deudas, y generará una espiral ascendente de macroprecios y el derrumbe de la economía.

Pienso que, aun cuando el proyecto de la administración no es perfecto y todos tenemos algo que no nos gusta de él, es lo que hay. El tiempo para discusiones concluyó. Prolongar la angustia y la incertidumbre no ayuda a nadie, más bien perjudica enormemente.

Hay que tomar una decisión ya, con el fin de mantener la estabilidad. Luego, habrá que tomar las medidas adicionales necesarias para completar la solución. Ahí es donde deberán producirse los mayores recortes de gastos, una verdadera reforma al empleo público, la reestructuración de instituciones públicas obsoletas, un mayor control sobre la evasión y el contrabando y medidas que reactiven la economía.