Salud

Qué hacer -y qué no- si un familiar o amigo tiene un trastorno de la conducta alimentaria

Desconocimiento y temor lleva a que personas con la mejor intención comentan acciones contraproducentes

Usted lleva semanas de observar comportamientos muy diferentes en una persona muy cercana a usted: ha adelgazado mucho, usa ropa más holgada, se aísla, pasa criticando su cuerpo y hablando de comida.

Son varias las semanas que lleva así. ¿Cómo actuar?

Especialistas en nutrición, psicología y medicina con énfasis en trastornos de la conducta alimentaria (TCA), así como personas que lo han sufrido y sus familiares aseguran que hay muchas acciones y comentarios que, con la mejor intención del mundo, podrían generar el efecto contrario.

“La persona no lo hace al propio, no está haciendo necia, no puede cambiar nada más si quiere”, resumió la nutricionista experta en TCA, Rosanna Mauro.

Para la psicóloga Lauzahned Matamoros, de la Coordinación Nacional de Psicología de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) y quien ha tratado estos casos, los tabúes del tema complican la situación.

“Es un tema que da vergüenza. Se desestima en los adolescentes al decir ‘son tonteras de la edad’, ‘es para llamar la atención’, y eso no es así”, manifestó.

“La gente no comprende lo que uno está pasando. No saben lo que es un trastorno alimentario. Eso daña”, manifestó una joven de 15 años en proceso de recuperación de anorexia.

Otra muchacha de 20 años y con anorexia agrega: “Con las mejores intenciones los familiares pueden decir cosas que más bien nos pueden llevar a una recaída”.

El inicio: ver las señales

Para ayudar a una persona con un TCA, lo primero que deben hacer las personas (si es que no hay un diagnóstico aún) es ver las señales de que este está ocurriendo o hay una recaída.

No todos los trastornos tienen los mismos indicios ni todas las personas los manifiestan igual y esto dificulta el descubrirlo.

“No es tan fácil como “anorexia, flaquita y listo”, advierte Mauro.

“Una persona se puede ver ‘normal’, completamente sana, puede tener un peso adecuado, o un poco de sobrepeso y estar sufriendo inmensamente, porque son trastornos que no distinguen por cuerpo, ni por tamaño ni por peso”, agregó.

Sin embargo, hay algunas señales generales que pueden tomarse en cuenta.

“También se ve diferencia en su apariencia en la cara. Más pálida, ojerosa, nerviosa, los ojos bailan de un lado para otro, otros llorosos; piel amarillenta”, apuntó la nutricionista.

Para Silvina Gimpelewicz, de la Asociación de Desórdenes de la Conducta Alimentaria de Costa Rica, no todas las señales se resumen en no comer o en darse atracones.

“Comen lento, juegan con la comida. Parten los alimentos en porciones muy pequeñas. También se encierran más en su cuarto, en el baño, se autolesionan. Hay que fijarse en eso; en cambios de ánimo”, comentó.

Qué no hacer

Lo primero es tener claro que la persona tiene un problema y su relación con la comida no es como la que del resto de la gente.

“Decir ‘nada más comé' o ‘dejá de comer tanto’ no funciona. Eso más bien genera más separación entre la persona y quienes están acompañando. La persona se va a esconder más”, afirmó Mauro.

Tampoco se puede hablar de comidas “buenas” o “malas”, ni realizar comentarios sobre dietas o cuerpos “bonitos” o “feos”.

Otra cosa que no debe hacerse es estar demasiado pendiente de lo que la persona en sus momentos de comida. Si se siente demasiado observada no va a querer tomar bocado.

Para una joven de 20 años con anorexia, los comentarios de la familia hicieron mucho daño.

“Me decían, ‘es solo comida, nada más coma’”, no es tan fácil.

Y a eso se le unen los comentarios sobre el peso.

“Cuando estaba muy delgada me criticaban y ahora que he recuperado peso me dicen ‘ya está más rellenita, ya está comiendo más, qué cachetes’. No lo hacen con mala intención, pero uno siente que ya le están diciendo gorda”, dijo la joven.

Para Gimpelewicz, es importante que no se trate de buscar ayuda a escondidas de quien vive el trastorno.

“Cuando llega un familiar, pareja o amigo yo lo primero que pregunto es ‘¿la persona afectada sabe que usted está llamando?’ Esto no funciona con obligación o a escondidas”, subrayó.

Y añadió: “Tengamos respeto por la persona afectada y pedir permiso para asistir a la consulta. No se puede llevar con engaños u obligada”.

Qué sí hacer

Lo primero es reconocer que como parte de la familia usted debe ser parte del proceso de recuperación. Posteriormente, reconocer que esto no puede vivirse en soledad ni sin ayuda.

“Muchos papás no quieren ir a terapia, pero es buscar grupos de apoyo y hacerlo todos juntos”, dijo una joven de 15 años quien se recupera de la anorexia.

Matamoros amplía: “Esto no puede resolverse solo, se requiera ayuda profesional. Son trastornos muy complejos, que requieren de más de un profesional”.

Sin embargo, asegura que si la familia no quiere participar y la persona no desea mejorar, es muy difícil.

Mauro añade: “Hay una parte desafiante: la familia debe observarse a sí misma y a sus actitudes”.

Gimpelewicz opina igual: “Si la persona se boicotea constantemente y no pone de su parte, ni la madre ni el mejor tratamiento ni el mejor profesional ni las millonadas que se inviertan van a lograrlo, la persona no se recuperará”.

Mucho del apoyo que puede dar la familia, los amigos y la pareja es en torno a los momentos de comida.

Matamoros enfatiza en la importancia de comer en familia, sin distractores como televisores o teléfonos celulares y hablando de temas que no estén relacionados con la comida.

Para Gimpelewicz, los tiempos de comidas suelen ser muy estresantes para estas personas. Tienen pensamientos fijos sobre la comida y esto puede ser muy desgastante.

“Son momentos en los que luchan contra su tendencia a restringirse o a atracarse”, explicó.

Mauro habla de que cada tiempo de comida debe ser agradable.

“Acompañar a la persona durante y después. Tener momentos de esparcimiento y de recreación que no tengan que ver con comida. Ver una película después de cenar, o si no estoy con la persona mandarle mensajitos. Eso ayuda a bajarle la ansiedad”, recomendó.

Dónde buscar ayuda

Si se va a tomar el camino con la CCSS, Matamoros explica que todo comienza con una consulta en el Ebáis de la localidad.

“En los Ebáis hay consulta de adolescentes, y ahí les aplican el tamizaje de riesgo adolescente y evalúan un montón de cosas. Si marca riesgo de TCA se le va a derivar a un equipo psicosocial”, expresó la psicóloga.

Con base en eso se hace referencia a psicología, psiquiatría, nutrición y trabajo social.

No obstante, la saturación de la CCSS no permite que las citas se den con la frecuencia o rapidez que muchas personas necesitan.

La Asociación de Desórdenes Alimentarios de Costa Rica también tiene sus sitios en Facebook e Instagram. También puede localizarlos en el teléfono 8320 3559.

Gimpelewicz hizo también un llamado a más profesionales a participar de la red.

“Que nutricionistas, psicólogas nos ayuden a hacer red. Docentes, trabajadores sociales, urge tener más herramientas para trabajar en la prevención, y detección y acción temprana”, concluyó.

Irene Rodríguez

Periodista en la sección El País. Máster en Salud Pública con Énfasis en Gerencia de la Salud en la Universidad de Costa Rica. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del Conicit 2013-2014, el premio Health Systems Global 2018 y la mención honorífica al Premio Nacional de Periodismo de Ciencia, Tecnología e Innovación 2017-2018.