Salud

Expertos proyectan ola de incapacidades con ómicron

Podrían darse 100.000 personas incapacitadas a la vez, lo que pondría presión en otros sectores; saturación hospitalaria no llegaría a los niveles vistos anteriormente, pero sí habría impacto

La ola de la variante ómicron no será de alta cantidad de muertes u hospitalizaciones. Será la ola de las incapacidades. Las características de mayor transmisibilidad y síntomas más leves harían que, en un “escenario intermedio” por día, se presenten unos 10.000 casos, lo que podría llevar a entre 98.000 y 100.000 personas incapacitadas a la vez.

Estas son las estimaciones matemáticas realizadas por Tomás de Camino Beck, director de la Escuela de Sistemas Inteligentes de la Universidad Cenfotec y experto en modelos epidemiológicos y por Santiago Núñez Corrales, costarricense investigador en sistemas complejos de la Universidad de Illinois, en Urbana-Champaign, en Estados Unidos.

De acuerdo con los investigadores, este sería el escenario si se toma en cuenta que las incapacidades son en promedio de 10 días (si la persona ya superó los síntomas para ese momento). En otras palabras, se esperan cantidades sin precedentes de personas con síntomas en un mismo lapso. Estas serán manifestaciones leves que se manejarán en casa y la persona se recuperará sin problemas, pero quedará sin capacidad de trabajar por varios días. Además, quienes tengan síntomas aún más leves que les permitan un desempeño regular, solo podrían laborar si su puesto es teletrabajable.

Los retos son muy diferentes de los vistos en una ola con una mayor probabilidad de hospitalizar, pero que fuera menos contagiosa.

“Esto afectaría principalmente a personas que están altamente expuestas al virus, como trabajadores de la salud, o que pasan en contacto con muchas personas, como choferes de transporte público o quienes trabajan en servicio al cliente. Esto podría tener un impacto fuerte no solo en el dinero que la seguridad social destina a incapacidades, también al funcionamiento de los servicios”, manifestó de Camino.

En este momento, aunque la persona se recupere y no tenga síntomas pocos días después, debe esperar al décimo día para retornar a un puesto de trabajo presencial, ante la posibilidad de que pueda aún transmitir el virus. No obstante, en otros países este lapso se ha reducido. Un ejemplo es Estados Unidos, donde el tiempo se acortó a cinco días si la persona ya no tiene manifestaciones del virus. Sin embargo, los críticos de esta medida señalan que es necesario acompañarla de una prueba negativa antes de regresar a las labores.

En Costa Rica aún no hay cambios previstos. Roy Wong, epidemiólogo de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), señaló que el tema es analizado por un equipo técnico interinstitucional en donde también participa el Ministerio de Salud, pero de momento no hay acuerdos.

Según el modelo de de Camino y Núñez, si el aislamiento se reduce a cinco días, la cantidad de incapacidades a la vez (si se dieran 10.000 casos diarios) se reduciría a 50.000. Los científicos aclaran que esta proyección no considera diferencias regionales ni por grupos de edades. También advierten que esta es una proyección, no una predicción.

“Las proyecciones se construyen para poder informar decisiones, pero deben ser tomadas con cautela”, precisó Núñez.

Randall Álvarez Juárez, gerente médico de la CCSS, indicó que en este momento las incapacidades por covid-19 constituyen únicamente el 2% del total de boletas, pero esto podría subir. Una de sus mayores preocupaciones es lo vulnerable que puedan estar los trabajadores de la salud a infectarse y con ello a permanecer días fuera del trabajo.

“La cama no es únicamente la infraestructura, también el recurso humano. Si tenemos personal que se contagie de manera importante, tendremos afectación, habría menos personas para atender”, dijo Álvarez. Confirmó que sí se tiene una lista de profesionales a quienes llamar en caso de que puedan sustituir a trabajadores de la salud que deban incapacitarse, pero estos también tienen un número finito y debe procurarse que los incapacitados no rebasen a quienes puedan realizar su trabajo en su convalecencia.

La variante ómicron no llevaría a niveles de hospitalización en cuidados intensivos tan alta como la vista en mayo o setiembre de 2022. De acuerdo con una publicación preliminar preimpresa elaborada por ambos investigadores, solo el 0,6% de los casos reportados requerirían hospitalización. Si se dieran 10.000 casos por día, como en el ejemplo de las incapacidades, habría 579 personas al mismo tiempo.

Incluso, en un peor escenario, con 15.000 casos por día en el pico de la ola (número máximo según sus estimaciones), se tendrían 872 internados. Esta cifra es menor a la vista en fechas como el 25 de mayo de 2021, en el que había 1.482 personas en hospitales nacionales, o la de 1.372 vista en la siguiente ola, el 21 de setiembre pasado.

Sin embargo, sí podría haber un nivel de presión, especialmente en la atención a otros servicios y otras patologías o lesiones, o podría eventualmente verse impacto en la realización de cirugías electivas.

“Dependiendo del impacto y crecimiento de nuevos casos, la saturación hospitalaria podría ocurrir, a pesar de altos niveles de vacunación, simplemente porque sería un número muy alto de la población que se contagia, lo que proporcionalmente resultaría en niveles de ocupación hospitalaria suficientes que podrían saturar el sistema”, cita el documento.

Los datos estiman una recuperación en el centro médico de 10 días en promedio. El tiempo que la persona permanecería en el hospital es menor, y serían menos los pacientes que requieran de cuidados intensivos.

No obstante, otras situaciones preocupan. Una de ellas es que la capacidad hospitalaria para la atención de covid es menor hoy, debido que se le fue dando paso a la atención de otras enfermedades. Álvarez precisó que tienen 271 camas de cuidados intensivos (lo cual dista de las 359 del año pasado) y 496 camas de salud. Estos números podrían aumentar, las de salón podrían subir a 900, pero en detrimento de la atención de otras enfermedades, puntualizó el jerarca.

“La atención no covid nos demanda una gran atención tanto en salón como en cuidados intensivos. Tenemos que ser muy responsables y muy cuidadosos para atenderlas”, recalcó el gerente médico.

Las estimaciones de de Camino y Núñez indican que podría darse unos 30 días después del 7 de enero (en la primera semana de febrero, cerca de las elecciones) y el de hospitalizaciones ocurriría unos 5 días después, a mediados de febrero.

El tener el pico posiblemente cerca del día electoral, hace que deban redoblarse los esfuerzos de prevención para evitar que tantas personas estén enfermas en ese momento. Los investigadores estiman que, más allá de restricciones vehiculares debería velarse desde ya por mayor cantidad de pruebas diagnósticas, facilitar a la población mascarillas que protejan más (como las KN95) y educar en su uso y medir la concentración de dióxido de carbono en los recintos.

Las proyecciones indican que tanto las incapacidades como las hospitalizaciones tendrían un “tiempo de ocupación crítica” de aproximadamente 43 días. Este lapso comenzaría a correr entre mediados y finales de enero, conforme la curva vaya subiendo.

Los investigadores utilizaron los datos oficiales del Ministerio de Salud y vieron la evolución histórica de la enfermedad. Para estimar el tiempo de recuperación y el proceso de ocupación y desocupación hospitalaria, se utilizó un proceso de simulaciones llamado Monte Carlo con Cadenas de Markov (MCMC).

Ambos coinciden en que las hospitalizaciones son un valor crítico para saber el impacto directo de la enfermedad, pues con una variante tan contagiosa como ómicron son muchos los casos que se quedarán sin diagnosticar.

Un punto importante de analizar también es la velocidad de hospitalización. Esta se refiere a cuántos individuos ingresan a un centro de salud en comparación con las que salen. Desde inicios de enero están ingresando más pacientes de quienes salen.

Pese a que los números de hospitalizaciones son menores, tanto de Camino como Núñez aclaran que no es buena idea simplemente “estar por la libre y permitir el contagio”, por un lado porque el tener una población muy grande enferma no podría comprometer la prestación de diferentes servicios y de los distintos negocios.

Por otro, se desconocen los efectos que a largo plazo podría tener la variante ómicron.

“No es tan fácil como decir ‘de por sí todos vamos a contagiarnos’, no sabemos cómo pueda impactar esto a nivel de poblaciones ni a nivel individual. La idea es seguir cuidándonos también individualmente para evitar todo lo posible contagiarnos”, concluyó Núñez.

Irene Rodríguez

Irene Rodríguez

Periodista en la sección El País. Máster en Salud Pública con Énfasis en Gerencia de la Salud en la Universidad de Costa Rica. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del Conicit 2013-2014, el premio Health Systems Global 2018 y la mención honorífica al Premio Nacional de Periodismo de Ciencia, Tecnología e Innovación 2017-2018.

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