28 agosto

El verdadero control político de la Asamblea Legislativa sufre cuando los diputados, en procura de anotar fáciles puntos politiqueros, inventan investigaciones o se empeñan en esclarecer nimiedades, a falta de asuntos de importancia. En cambio, la función contralora brilla cuando los legisladores se abocan a verter luz sobre grandes casos de corrupción o importantes asuntos de Estado. Ese es el caso del examen del “hueco” fiscal dejado por la administración del expresidente Luis Guillermo Solís.

La Comisión de Ingreso y Gasto Público ya consiguió significativos avances y se encamina hacia un claro establecimiento de las responsabilidades (o irresponsabilidades) políticas. El asunto es de capital trascendencia. Costa Rica debe abandonar la tradición del perdón y olvido para asentar, con toda claridad, las culpas. En caso contrario, los responsables se darán el lujo de presumir de su “heroísmo” y reservarse, con la complicidad del olvido, oportunidades para volver a la política sin brindar explicaciones satisfactorias.

Ahora, el alegato de ignorancia perdió asidero y falta establecer si el presidente de la República también sabía del faltante, como es lógico presumirlo

Por lo pronto, tres testigos de excepción desmienten las explicaciones dadas por el exvicepresidente Helio Fallas a los diputados. Según dijo, se enteró del faltante al mismo tiempo que su sucesora en el Ministerio de Hacienda, Rocío Aguilar. No es cierto, dice la tesorera nacional, Marta Cubillo, viceministra de Hacienda en la pasada administración. A Fallas se le advirtió del faltante en febrero. En la reunión donde fue informado, dijo Cubillo, también estuvo presente el entonces director de crédito público Julio Espinoza. Este último ya había ofrecido a los legisladores la misma versión de los hechos el 23 de agosto, tres días después de la comparecencia del exvicepresidente ante la comisión legislativa.

En la misma audiencia, Melvin Quirós, sucesor de Espinoza en la dirección de crédito público, confirmó el conocimiento del faltante por parte de Fallas y también la recomendación de elaborar un presupuesto extraordinario para hacer frente al pago de la deuda contraída de emergencia para cancelar aguinaldos y salarios.

Si Fallas hubiera dicho la verdad, tendríamos razones para estar estupefactos. El ministro de Hacienda, a la sazón vicepresidente, no sabía de la imposibilidad de hacer frente al pago de obligaciones estatales contraídas durante su gestión. No tenía idea, además, de un faltante total superior a dos puntos del producto interno bruto (PIB).

Es un caso insólito. Para evitar un papelón todavía más vergonzoso, el exministro de Hacienda alega ignorancia de lo que ocurría en el Ministerio de Hacienda a pocos días de que el expresidente Solís proclamara el “heroísmo” de ambos en el manejo de las finanzas públicas que dejaron al borde del abismo.

Ahora, el alegato de ignorancia perdió asidero y falta establecer si el presidente de la República también sabía del faltante, como es lógico presumirlo. Si alega ignorancia, estaríamos ante un nuevo hecho insólito, que magnificaría la responsabilidad de Fallas sin eliminar la del mandatario. Mantener al presidente en la ignorancia sobre un problema tan grande es imperdonable y que el mandatario no se haya esforzado por saber la verdad, especialmente después de verse en dificultades para pagar aguinaldos y salarios, es igualmente grave.

Por otra parte, si el presidente sabía de la irresponsabilidad final de su gobierno cuando se proclamó héroe de las finanzas públicas, el cinismo de sus declaraciones no tendría parangón. El faltante legado a la administración siguiente no es el único desmentido del supuesto heroísmo. La falta de voluntad y valentía a lo largo de la administración se sumó a la inicial ignorancia, admitida mediante expresiones como “no es lo mismo verla venir que bailar con ella”, para dejar al país al borde del abismo.

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No queda de otra

Las explicaciones de Fallas sí parecen corroborar las de la ministra de Hacienda, Rocío Aguilar, quien afirmó haberse enterado del faltante en julio, cuando ya no era posible pedir autorización legislativa para pagar los bonos a su vencimiento. Si Fallas dijo haberse enterado en el mismo momento que Aguilar, por lo menos confirma que nunca advirtió del problema a la nueva ministra.