Salud

Enfermera intensivista: ‘Hay gente que luego de 30 días en UCI covid, pasa otros 22 días en UCI no covid, se complican mucho’

Helena Steger trabaja en el Hospital México desde hace 13 años y describe que la cantidad de trabajo nunca había sido tan grande y que en las últimas semanas se ha complicado la situación

En sus 13 años como enfermera especialista en cuidados intensivos, Hellena Steger Pérez insiste que sí hay un antes y un después en su vida laboral con la llegada de la pandemia.

El SARS-CoV-2, virus causante de la covid-19, sí cambió por completo la dinámica de la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital México. Y recalcó que en las últimas semanas la presión se ha vuelto mayor ante la saturación de todos los centros médicos, subrayó que “el trabajo se ha complicado mucho”.

En la última década y media, ella estaba acostumbrada a atender pacientes muy graves y con daños en muchos órganos. Sin embargo, la cantidad y complejidad de los casos, según describió, no se compara con las complicaciones de quienes enfrenta la covid-19.

“Ni por asomo, ni con AH1N1, que estuvo bien complicada lo vi así, eso se controló rápido”, recuerda. La covid-19 se volvió el reto mayor de su vida, no solo por la complejidad, sino también por el volumen de pacientes y por todos los meses que se ha extendido la emergencia sanitaria.

“En pandemia siempre hemos tenido las camas ocupadas al 100%, pero el ingreso de los usuarios que necesitan camas UCI, de una forma inmediata, se ha visto alterada porque al estar ya el servicio de UCI al 100% se hace un poco difícil aceptar a más usuarios.

“Tal vez hay usuarios que puedan trasladarse porque están un poquito más estables, pero no siempre es así. No podemos habilitar, así nada más, una cama en la parte covid y se nos hace difícil recibir gente que viene de Guanacaste, Puntarenas o del Ceaco. Es gente que se complicó mucho y requiere de una asistencia más especializada”, destacó.

En el Hospital México, explicó, hay UCI exclusiva para covid, que cuenta con 25 cubículos en el edificio nuevo y otros 14 en el sétimo piso del edificio antiguo. Otra UCI es no covid y está destinada para todas las otras patologías. Esta última resulta la salvación cuando las personas van recuperándose del virus, pero no de las complicaciones generadas por este.

“Muchos de ellos ya no tienen el virus y no podrían infectar, pero siguen muy delicados. Quedan con muchas deficiencias a nivel respiratorio. Sus pulmones no son capaces de respirar por sí solos y requieren de ventilación mecánica. Hemos tenido usuarios que después de 20, 30 días en la unidad de covid, pasan a UCI no covid 15, 22 días y todavía nos cuesta mucho que logren respirar por sí mismos e irse para la casa”, explicó la especialista.

Sin embargo, en estas UCI no covid también la situación es crítica, pues su ocupación es cercana al 100%. Las otras enfermedades, como cáncer o problemas cardíacos, los accidentes de tránsito y los actos de violencia no han cesado y muchas de sus víctimas requieren espacio ahí.

Es allí donde los diferentes hospitales entran a apoyar en red. Sin embargo, el Hospital México, al ser de los más grandes del país, más bien debe recibir pacientes que vienen de diversos territorios.

“Cuando se desocupa una cama, ya hay alguien que la espera. A veces nos dicen ‘viene un paciente en 20 minutos’ y tenemos que ponernos a correr para tener todo listo. Cuando alguien necesita cuidados intensivos cada segundo cuenta”, añadió la enfermera.

Colapso

Steger teme que, con la situación actual de todos los hospitales del país, llegue el momento en el que quien requiera de esta atención no vaya a tenerla en ningún centro médico del país.

“En el momento en el que ya no haya posibilidad de sacar a un usuario de la unidad de covid y de mover unas camas van a tener a decir ‘no podemos aceptarlo aquí en el hospital’. Y muy posiblemente no sea aceptado en el Calderón Guardia ni en el San Juan de Dios, o en el Ceaco porque, ¿dónde lo van a ingresar? Ese usuario probablemente va a fallecer, y no en el hospital, puede ser en la casa o en la ambulancia. Esa es la gravedad de lo que estamos viviendo ahorita. Hay tanta saturación que si esto sigue, no vamos a poder”, recalcó.

A esto se le añade otra situación. La atención en salud no es solo de camas y equipos, es de profesionales calificados. Este personal no solo pasó por estudios, también ha sido entrenado para enfrentar situaciones de alta complejidad como las vistas en una UCI.

“Yo no le puedo decir a un enfermero recién graduado ‘lo vamos a contratar en una UCI’. Los procesos que se llevan a cabo ahí son más complejos. No es que no sean capaces, uno los instruye y los orienta, pero no es igual. No hay tanto personal, los compañeros tienen fatiga y se han tenido que incapacitar por días. El personal se comienza a estresar mucho. No es solo estar saturados, es la cantidad de gente capacitada para atender”, detalló.

En ocasiones sí llegan personas menos capacitadas a apoyar en la atención. Las jefaturas optan por enviar a quienes tienen más experiencia (como Steger) para que los guíen.

“Es agotador. Quienes tenemos más experiencia tenemos nuestros usuarios para atender y debemos asistir a los usuarios de quienes tienen menos experiencia para ayudarlos, no podemos dejarlos del todo solos. En ocho horas hacer todo eso no es tan fácil, pero uno va adaptándose”, reconoció.

Secuelas del internamiento

No es cualquier persona la que llega a ser atendida por el equipo donde trabaja Steger. Para ingresar a una UCI la persona debe tener probabilidades de sobrevivir, pero no por ello su condición es menos delicada. La enfermera relató que es normal ver pacientes en condición muy crítica.

“Sabemos que si llega alguien esa persona viene en condición muy delicada”, resumió. “Muchas personas vienen con tantas patologías de fondo que no logran sobrellevar la enfermedad y hemos visto morir a muchos de ellos. Otros que a veces creíamos que no lo iban a lograr los vemos irse a casa”, recalcó.

Ella detalló además, que muchas de las personas que reciben, ya llegan con ventilación mecánica —en algunos casos muy invasiva—, sedadas y con soporte inotrópico (sirve para mantener la presión arterial, pues es normal que se baje). Al tiempo que ya han recibido varios antibióticos —y en varios casos deben seguirlos recibiendo—.

La especialista añadió una historia que ha visto una y otra vez en los pacientes más graves que pasan mucho tiempo en una UCI. Estos usuarios, comentó Steger, al estar tanto tiempo encamados y con medicamentos fuertes o con sedantes van perdiendo fuerza y los músculos se atrofian. Ellos pierden la movilidad al punto de ni siquiera poder levantar los brazos. A este problema se le une la escasez de profesionales en Terapia Física en el centro médico.

“Tenemos compañeros que hacen un esfuerzo sobrehumano para llegar a UCI covid a darle rehabilitación a los que están un poquito más estables, después para recorrer las otras UCI y dar rehabilitación. Es muy lento el proceso porque a veces no pueden moverse del todo, recuperar la movilidad completa a veces es cuestión de dos o tres meses”, afirmó la enfermera.

Para muchos de estos pacientes es normal regresar a casa y no poder realizar actividades básicas como cambiarse de ropa o lavar los platos. Es por ello, que una vez dados de alta deben continuar con un proceso para ganar poco a poco la movilidad. En otros casos, hay quienes tienen secuelas cardíacas y esto también retrasa el volver a la normalidad y a las actividades cotidianas.

La vacuna sí hace la diferencia

Steger indicó que sí han tenido usuarios con dos dosis de la vacuna que, independientemente de cuál hayan recibido, se han complicado y algunos sí han fallecido, pero la mayoría de estas personas han evolucionado “súper rápido”.

“No ha sido mucha la población con las dos dosis que se haya complicado, y todavía menos la que ha fallecido. Por eso es muy importante que toda la población se vacune, la protección es demasiado importante”, enfatizó.

La enfermera recalcó que la mayoría de pacientes no tienen el esquema completo o ni siquiera lo han comenzado. Además, tienen factores de riesgo muy elevados, como obesidad mórbida, hipertensión, diabetes y problemas renales o cardíacos. Y esto hace que se compliquen aún más. En varios de estos casos, afirmó, la vacuna podría haber hecho la diferencia.

“Si en este momento la vacuna no existiera estaríamos peor de como estamos. En la ola pasada de contagios veíamos personas sin tantos factores de riesgo y en este momento, no son tantas las personas que vemos así. El virus puede comportarse de formas distintas en distintas personas, pero la vacuna sí apoya”, añadió.

Pero reconoció que la vacuna no es la única herramienta. Recordó la importancia del lavado de manos y de colocarse bien la mascarilla: “Seguimos viendo gente con la nariz por fuera o con una mascarilla ‘que le nada’, debemos usarla bien para que nos genere la mayor protección”.

En medio del agotamiento de este nuevo pico de la ola y a pesar de enfrentarse a condiciones críticas todos los días, esta mujer aseguró que no se equivocó de oficio y que espera seguir apoyando la primera línea contra la pandemia, por el tiempo que esta dure.

Irene Rodríguez

Irene Rodríguez

Periodista en la sección El País. Máster en Salud Pública con Énfasis en Gerencia de la Salud en la Universidad de Costa Rica. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del Conicit 2013-2014, el premio Health Systems Global 2018 y la mención honorífica al Premio Nacional de Periodismo de Ciencia, Tecnología e Innovación 2017-2018.