Ciencia

Estas dos ticas cambian el mundo con sus aportes en Ingeniería y Ciencia

Conozca la historia de Ana Isabel y Virginia, dos josefinas que fueron elegidas entre las 25 mujeres más destacadas de Latinoamérica por el impacto de sus investigaciones

Ana Isabel Sarkis Fernández y Virginia Alvarado García son dos costarricenses de San José que están cambiando el mundo con sus amplios y experimentados conocimientos en la Ciencia e Ingeniería. La primera, oriunda de Tibás y con 32 años, por ser una “soñadora contra los sismos”, mientras que la segunda, vecina de Moravia y de 35, por convertirse en una “apasionada de los suelos” de la mano de la Biología.

Esos fueron los calificativos que obtuvieron al ser galardonadas en la segunda edición del concurso 25 Mujeres en la Ciencia, una iniciativa latinoamericana que reconoce a las científicas que están generando un impacto a través de su investigación, y que por primera vez incluye a dos ciudadanas de Costa Rica.

La selección es realizada por la empresa 3M Minnesota Mining and Manufacturing Company, una multinacional estadounidense que se dedica a investigar, desarrollar, manufacturar y comercializar diferentes tecnologías diversificadas, ofreciendo productos y servicios en muchas áreas, principalmente del equipamiento industrial.

Sarkis es licenciada en Ingeniería Civil de la Universidad de Costa Rica (UCR) y actualmente realiza un doctorado en la Universidad de Canterbury, Nueva Zelanda. Cuenta con una amplia experiencia en Ingeniería Estructural y colaboración interdisciplinaria en países altamente sísmicos como Italia, Turquía y Grecia.

Como profesional, busca expandir el conocimiento y las habilidades para ayudar a desarrollar comunidades resistentes a los terremotos que puedan lidiar con eficacia y recuperarse rápidamente después de un evento sísmico importante, contribuyendo al esfuerzo global para mitigar el riesgo de estos fenómenos naturales.

Actualmente, también es ayudante de cátedra del Departamento de Ingeniería Civil y de Recursos Naturales en cursos como Diseño de Miembros de Hormigón Armado, Sistemas Estructurales e Ingeniería de Puentes Sísmicos, también en la Universidad de Canterbury en Nueva Zelanda.

En ese lugar trabaja un proyecto llamado “Evaluación sísmica de entrepisos de concreto prefabricado y pretensado”, que está inspirado en el terremoto que sacudió a ese país de Oceanía en 2016, el cual dañó severamente los edificios de la capital (Wellington).

“Su objetivo es mejorar el entendimiento que se tiene sobre el comportamiento sísmico de los sistemas de entrepisos de las construcciones para comprender la forma en que se pueden dañar después de ciertos niveles de desplazamientos sísmicos, para así proponer nuevos métodos o tecnologías que mejoren el comportamiento de las estructuras ante los sismos en Nueva Zelanda y otras áreas de alta sismicidad, como las hay en Latinoamérica”, explicó 3M.

La ingeniera cuenta que de niña tenía muchos sueños y le gustaba jugar a que era una domadora de leones, una trapecista, una doctora y hasta una astronauta. Su papá, Juan Sarkis, trabajaba en construcción y ella lo perseguía a todas partes y le ayudaba a ordenar sus herramientas.

Así, Ana creció escuchando toda clase de historias sobre construcciones de edificios, represas y puentes. Cuando fue más grande, comenzó a soñar que ella podría construir todas esas proezas de Ingeniería y decidió que quería dedicarse a este campo.

Logró estudiar en diferentes países del mundo, donde aprendió acerca de las estructuras y cómo se ven afectadas por los terremotos. Luego se dio cuenta de que, como ingeniera, con su conocimiento y habilidades podía prestar un servicio fundamental a la sociedad, para desarrollar comunidades resilientes ante los sismos.

Sin embargo, conforme avanzó en su carrera, empezó a notar que cada vez había menos mujeres alrededor suyo. Que a diferencia de cuando se graduó, que estaba rodeada de hombres y mujeres, ahora se encontraba cada vez menos colegas mujeres, y a veces, incluso, ella era la única mujer en la habitación.

Ante esto, tomó la batuta para llamar a más mujeres a unirse en su aventura y encontró un nuevo sueño: construir puentes que unan personas para que más niñas tengan acceso a la ciencia y más mujeres profesionales aspiren a ser líderes en ciencia.

“Ella fue muy afortunada de contar con la libertad necesaria para perseguir sus sueños. Sus padres siempre hicieron todo lo posible por apoyarla en sus proyectos y motivarla a cumplir sus anhelos, incluso cuando dejaba de creer en sí misma.

“Mientras estudiaba para convertirse en ingeniera, Ana descubrió que disfruta trabajar con colegas de otras disciplinas. Aprendió que este tipo de colaboraciones creativas llevan a soluciones óptimas. Ahora busca combinar distintas aspiraciones profesionales, que ayuden a construir un ambiente laboral inclusivo, para motivar a más mujeres y niñas a reclamar su legítimo espacio en la ciencia”, describió la empresa.

Por su parte, Alvarado es bióloga tropical con énfasis en Manejo de Recursos Naturales de la Universidad Nacional (UNA) y cuenta con una maestría en Manejo y Gestión de Cuencas Hidrográficas del Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (Catie), en Costa Rica.

Ha trabajado desde el 2010 en la Vicerrectoría de Investigación de la Universidad Estatal a Distancia (UNED) y actualmente es investigadora en el Laboratorio de Vida Silvestre y Salud de la misma institución. También ha participado como ponente en diversos eventos nacionales e internacionales sobre erosión y sedimentos, cuencas hidrográficas, ecología urbana y cambio climático.

Además, es autora de varias publicaciones en temas relacionados con el control de la erosión, plantas nativas, conservación de suelos, rehabilitación ecológica y calidad del agua.

Su proyecto llamado “Plantas nativas para el control de erosión”, nació hace más de 10 años y está basado en la ‘revegetación’ como una alternativa eficaz, viable y sostenible para poder prevenir y mitigar el acelerado proceso de erosión.

La iniciativa busca determinar el potencial de especies vegetales nativas en el río Torres, ubicado en San José, para el control de la erosión y foresta urbana, con la finalidad de recomendar especies nativas con mayor potencial de uso para los procesos de erosión y restauración ecológica.

Su historia de vida comenzó en Guatemala, donde fue criada por su abuela materna que siempre estuvo ligada al suelo y a la tierra. Era una señora amante de los cultivos y de la cocina, por lo que ella creció observando la nobleza de la tierra y cómo en un pequeño jardín podían cultivar más de cuarenta alimentos.

Recuerda que fue esa abuela la que le enseñó el valor del suelo y que cuando salió del colegio escribió en su anuario escolar que quería convertirse en bióloga tropical. “Muy dentro de mí, supe que tenía que estudiar algo relacionado con el ambiente”, contó la joven.

Como ella padecía de asma crónica porque vivía cerca de una terminal de autobuses, su familia decidió mudarse a Costa Rica y, aunque esto le dio una mejor calidad de vida, al final, paradójicamente, terminó viviendo de nuevo frente a una parada de buses, pero ahora en San Vicente de Moravia.

“Quizá en ese momento no lo pensaba, pero hubiera querido tener una gran aspiradora y succionar todo el smog que me causaba daño”, dijo la muchacha, quien desde ese momento se percató que no podía eliminar toda la suciedad del mundo, pero al menos, podía contribuir a mitigar sus efectos.

Convertirse en bióloga tropical no le fue fácil porque la mayoría de cursos tenían laboratorio y mucho cálculo. Pero a medida que se especializaba, comenzó a entender la importancia de la física en el vuelo de las aves o por qué es vital la química en los procesos fisiológicos y reproductivos de las especies.

Hoy, 10 años después, es feliz haciendo lo que ama, trabajando duro por la conservación del suelo y procurando empoderar a más mujeres como ella. Por eso, actualmente trabaja en el cultivo de plantas nativas para controlar la erosión del suelo, una bioingeniería que garantiza el funcionamiento saludable del ecosistema.

“He visto a tantas mujeres haciendo lo que aman, pero aportando su valioso conocimiento de una forma sencilla, sin alardear de sus logros o capacidades. Son mujeres como yo, y eso me inspira. Me gustaría tener mi propio laboratorio y ser mentora de jóvenes investigadores”, concluyó la bióloga, quien algún día espera trabajar en alguna organización mundial como la NASA.

José Andrés  Céspedes

José Andrés Céspedes

Periodista en la sección Sociedad y Servicios de La Nación, graduado de la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre vivienda y trabajo.

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