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Postres de Golden Sugar solo se ven con el corazón: lo esencial es invisible a los ojos

Una torta Rogel genera hipnosis en cualquier comensal dulcero. Es la mamá de las tortas chilenas.

El hipnotismo es, según el diccionario, “el método para producir el sueño artificial, mediante influjo personal o por aparatos adecuados”.

En cuanto chasque los dedos, estarán poseídos por esta dulce lectura, mas no dormidos… Al siguiente chasquido volveremos a la lectura de la “gente grande”. Siendo así, los invito a ver esto fijamente:

¡Chasck!

Sean bienvenidos al “GS Golden Sugar 2015”.

Este asteroide tiene su propio movimiento de rotación y quien lo visite podrá ver atardeceres coloridos desde su espumosa y blanca biósfera con solo mover la silla unos metros hacia el ocaso cada pocos minutos.

Sus no más de cinco habitantes están siempre alertas a la no proliferación de árboles baobabs, ya que dos o tres de ellos que echen raíces y crezcan lo harían explotar —en el peor de los casos— o no habría campo para los visitantes.

Es un cuerpo celeste tan chico que escasea el cultivo de “algo similar” al café, pero el poco existente es de muchísima calidad. Entonces, un café negro (sin azúcar) acompaña bien.

¡Chasck!

Vean ahora este video:

Melissa y Natalia se conocen desde que la segunda nació durante el año del accidente nuclear de Chernóbil.

Son profesionales de la publicidad (Melissa) y del diseño gráfico y del espacio interno (Natalia) que decidieron hacer un alto en el camino para emprender con un local que ofrece pan casero, paninis, pastas, postres y bebidas bajo recetas de sus antecesoras en primer y segundo grados de consanguinidad.

Por favor, disfrute las siguientes ocho fotografías:

“El restaurante es, en realidad, una radiografía de mi hijo. Del apodo de él, sacamos el nombre (por su fogosidad y cabello rubio). Él es nuestro Golden Sugar”, cuenta Melissa Vega.

“El 2015 es el año en que él nace y mi mamá se nos va”, agrega.

—¿Cuánto tiempo es para siempre?, —preguntó Alicia.

—A veces, sólo un segundo, —respondió Conejo Blanco.

La niña no se conformó y quería más detalles.

—¿Y cuánto tiempo es un segundo?

—Cuando amas, una eternidad.

Permítame un segundo y hablemos de un pan para siempre.

Querer, saber, preparar, amasar, hornear, llamar, compartir y comer. Un ciclo de ocho infinitivos que se repite generación tras generación y que ha evolucionado un poco.

Por lo general, abuelitas y mámas han llevado la batuta como directoras de una orquesta donde todos los sonidos —sabores, en este caso— se unen armoniosamente en la elaboración de deliciosa repostería.

Este fue el caso de las abuelitas de las hermanas Vega Soto, así como de su mamá, que en paz descanse. De esta última, cuentan que sus platillos eran muy apetecidos por familiares, vecinos y amigos.

Al probar algunos de ellos en Golden Sugar, solo puedo aplaudirles de pie, ya que su receta me recuerda esos bocadillos propios de las cocinas de antaño. Entonces, perduran en el tiempo al lado de muchas tazas con café u otras bebidas calientes.

Ellas nombraron al casero como el “pan Isa” y, al iniciar el sétimo mes del año, lo regalan por la compra de un café o bebida caliente. Esto, como una bonita forma de recordar a doña Isabel Soto cada 2 de julio.

Repasemos las acciones:

Querer.

—¿Quiénes quieren pan (calientico) para el café?, diría la conocedora de la receta.

—Sí, qué rico, responderían los antojados (yo me incluiría).

Claro está en que no se trata de ir a comprarlo, sino de algo más bonito, algo que por lo general une a los presentes que habitan el mismo techo.

Saber y preparar.

Estas tradiciones hogareñas se mantienen por mujeres como Melissa que adquirió el conocimiento, técnica, amor, cariño y dedicación de su mamá y abuelitas.

Amasar.

Inicia la química con sus manos en un juego donde la idea es que la mezcla salga entre sus dedos.

Hornear, llamar, compartir y comer.

Eleva la temperatura en otra cápsula de calor. Llama a sus seres queridos para tomar café. Se comparte y se come. Adicionalmente, se conversa.

Ese cálido momento es el que estas hermanas pretenden que los comensales repitan dentro de las cuatro paredes de este local, expuestas con cuadros de Alicia, El Principito, Harry Potter y muchos más del gusto de las dueñas.

A Nati, Meli y Martín, su papá, hay que visitarlos y preguntarles acerca de sus hobbies, libros y películas favoritas así como de las series de manga de antaño.

Almuerzo.

La primera vez que fui, lo hice para almorzar.

En aquella ocasión, me decidí por un panini a base de cerveza con carne mechada y queso. Sin salsas, la mezcla sabía riquísima porque la carne era en sí el sabor estrella.

El plato estaba acompañado por papas a la francesa y un caldo de la misma carne. Con ese último, creo que no era necesario pedir un refresco.

No soy nutricionista, pero esta opción al mediodía me pareció de porción muy buena, con té frío mágico que cambiaba de color conforme se le exprimía un limón. El precio rondaba los cinco mil colones.

Vale la pena seguir quemando calorías para recuperarlas en sitios tan acogedores como este, ubicado en Tibás, sobre calle Central (la que viene desde la Catedral de San José) y entre diagonal 43 y avenida 55. O del Másxmenos de Tibás, 150 metros sur, en un centro comercial de ladrillos donde resalta un teléfono público británico:

FIN.

En Instagram acostumbro subir fotos y videos relacionados con comida, árboles, animales, deportes y naturaleza. Algunas de ellas terminan convirtiéndose en publicaciones de este blog.

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Osvaldo Calderón

Osvaldo Calderón

Periodista con grado de licenciatura en Comunicación y Mercadeo. Gestiona redes sociales de las marcas de Grupo Nación desde el año 2014. Apasionado de la fotografía digital.