Michelle Soto. 17 julio, 2012
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En cuatro años, el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (Catie) renovó el 29% de las semillas resguardadas en la cámara fría de su llamado “banco de germoplasma”, sitio donde se custodia el genoma o información genética de múltiples especies vegetales.

Con ello, el centro científico pretende garantizar alimento con valor nutricional –como el que brinda el ayote, el frijol y el chile– a las futuras generaciones.

Precisamente, estos tres cultivos fueron prioridad a la hora de la renovación. “Había semillas que desde que ingresaron al banco no se habían sacado al campo y que, con 25 o 30 años de estar a -18 °C, ya lo ameritaban”, comentó Alexánder Salas, encargado del banco de germoplasma.

Los investigadores resguardan un mínimo de 3.000 semillas por accesión (número único dado a un grupo de semillas).

“Esto nos asegura la conservación a largo plazo y la distribución. Había casos en que teníamos menos de 1.000 semillas de muestras originales y desconocíamos su estado y, por eso, empezamos por ahí”, destacó Salas.

Biblioteca genética. El 30% de las semillas depositadas en el banco fueron recolectadas en el país, pero el 70% provienen de otros países.

Muchas de estas pertenecen a especies silvestres que posiblemente ya ni existen en el lugar de donde fueron tomadas.

“A nivel genético también se da erosión y en los últimos años se ha perdido mucho material genético. De ahí es que los bancos de germoplasma son importantes para la conservación de estas especies”, manifestó Salas.

Sin embargo, las colecciones del Catie ya rondan los 30 años. Las simientes que tienen el mayor tiempo son las de amaranto. Estas son semillas muy pequeñas, un gramo consta de 2.000 unidades. En México y Suramérica, el amaranto se utiliza en confitería y repostería.

En otras, su importancia radica en que constituyen cultivos que son claves para la seguridad alimentaria de pueblos mesoamericanos, como es el caso del arroz, los frijoles, el maíz y el ayote.

“Hay unas que tienen propiedades no comestibles como la canavalia, que es una especie que se utiliza como insecticida y para mejorar los suelos, ya que ayuda a fijar el nitrógeno”, explicó Salas.

Es así como, desde el 2008 hasta el 2012, los investigadores regeneraron 2.133 registros de diferentes géneros y especies de semillas ortodoxas que fueron catalogadas como prioritarias y permanecen almacenadas en la cámara fría. Ahora, el Catie continuará con la regeneración del resto del material genético hasta completar el 100%.

Esfuerzo mundial. En este proceso, se contó con el apoyo del Global Crop Diversity Trust, que coordina con bancos de 88 países.

Uno de ellos es la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, en Noruega, también conocida como Arca de Noé. Allí se enviaron duplicados de seguridad. “Si por alguna situación perdemos la colección, podemos solicitar los materiales y volver a establecerla”, dijo Salas.

Asimismo, en diciembre del 2011, se hizo un envío de 215 registros de chile a un banco de germoplasma en Taiwán y otro de 300 más de frijol a España.

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