Óscar Rodríguez. 16 diciembre, 2018
Rodrigo Cubero, de 50 años, es el presidente ejecutivo del Banco Central de Costa Rica. Foto: John Durán.

Es preciso con las palabras, estudioso y técnico, muy técnico. Es lo usual, es el Presidente Ejecutivo del Banco Central de Costa Rica. Así son, por lo general, las personas que dirigen la política monetaria de un país. Él lo hace desde agosto anterior, pero se le conoce más por la subida en el precio del dólar a partir de octubre anterior.

Precisamente los nervios de muchos deudores lo obligaron a salir a dar explicaciones. Desde entonces es más visible hacia el resto del país y usa su carácter afable cada vez que le consultan, en un restaurante o la calle, ¿a cuánto llegará el precio del dólar?

Pero la noche del pasado 5 de diciembre, mostró un lado desconocido de su carácter cuando, visiblemente enojado y con el rostro enrojecido, dijo: “Hicieron mal el trabajo”. La frase iba dirigida a la agencia estadounidense Moody’s, luego de darse a conocer que rebajó la nota de calificación crediticia de Costa Rica.

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La primera vez en que Rodrigo Cubero Brealey supo de la importancia de la productividad no fue en un aula de la Universidad de Costa Rica; ni en las universidades inglesas de Essex, ni Oxford.

Fue en la finca lechera Hacienda San Cayetano, en San Ramón de Tres Ríos, donde empezó a llevar el control de la fase reproductora de las vacas y su alimentación. Tal contabilidad es vital para la generación de la materia prima del negocio familiar: la leche.

Era el inicio de la década de 1980. El futuro jerarca del Banco Central tenía 13 años y trabajaba, durante las vacaciones del colegio, al lado de su hermano Gonzalo, 10 años mayor.

La habilidad desarrollada en su juventud con los números fue vital para delinear su futuro.

Sin embargo, su primera carrera fue derecho. En parte por la influencia de su hermano quien es abogado.

También porque entre sus grandes pasiones están las letras, afición desarrollada en la zona montañosa de La Unión lugar creció.

El primer libro que lo marcó, siendo aún adolescente, fue Niebla del filósofo y escritor español Miguel de Unamuno. Se trata de una novela filosófica que profundiza en los problemas de los seres humanos, la libertad y el derecho a decidir su propio bienestar.

“Crecer en el campo fue un privilegio. Tuve la oportunidad de estar en un ambiente sano, pensar, reflexionar y tener tiempo para leer”, recuerda.

Su segunda carrera académica fue administración de negocios. No como la economía que era algo “abstracto lleno de gráficos”, le recomendaron al adolescente.

Pese a lo que le dijeron, también matriculó economía y la cursó hasta el segundo año.

No finalizó los estudios porque con 24 años, en 1992, se fue a cursar un posgrado en Economía en la Universidad de Essex, en Inglaterra, tras obtener una beca.

(Video) Diálogos con el presidente del BCCR Rodrigo Cubero

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Estudiar en el Reino Unido no fue un tema al azar. Tuvo su origen en su segundo apellido, Brealey.

El tatarabuelo materno llegó a Costa Rica durante la Campaña de 1856. Su objetivo era establecerse en el país y ejercer la profesión.

Su antepasado terminó atendiendo de cólera a las tropas costarricenses que volvían de Nicaragua. Así nació la fascinación por Inglaterra, como parte de las historias familiares.

“Iniciar mis estudios en la Universidad de Costa Rica, principalmente en los primeros años, me brindó una apertura de horizonte de pensamiento que continuó durante los años que estuvo en Europa”, recalca Cubero.

En la Universidad de Essex estuvo dos años. Al final allí obtuvo una maestría en Economía, en 1994.

Al finalizar, volvió al país y trabajó en el sector privado como abogado asesor en temas tributarios.

Sin embargo, estuvo poco tiempo. En 1997, volvió a Inglaterra. Esta vez e la Universidad de Oxford para realizar un doctorado, el cual finalizó en 2005.

Su investigación fue sobre los efectos macroeconómicos de la inversión extranjera directa en Costa Rica, la idea surgió como parte del proceso instalación de Intel en el país.

La mayoría del trabajo de campo de su tesis lo efectuó en el Banco Central. Allí pasó muchas horas en entrevistas con personeros de la institución.

Durante la segunda etapa de estudios en el Viejo Continente no estuvo solo, lo acompañó su esposa en ese momento, Priscilla Fernández.

Su estadía en Oxford se extendió por más tiempo dado que fue designado como profesor de economía, en 2002, para un periodo de tres años.

Durante ese periodo conoció a varios estudiantes de posgrado, quienes laboraban en el Fondo Monetario Internacional (FMI), y lo instaron a realizar el proceso para trabajar en el organismo.

En el FMI estuvo durante 13 años. Su primera tarea, al ingresar a la entidad, fue trabajar en el equipo económico que realizaba análisis macroeconómico e investigación en países como El Salvador y Costa Rica.

“Cuando ingresé al Fondo me dijeron que no iba a participar en misiones donde tuviera que venir al país. Sin embargo, algo pasó con un compañero, y en mi primera misión me tocó ser ‘bateador de emergencia’. Se suponía que sería solo por una vez, pero terminé tres años en el equipo relacionado con Centroamérica”, detalló Cubero.

Posteriormente fue subgerente de personal del Fondo para la región de Asia y el Pacífico.

Su último cargo dentro del organismo internacional fue de subdirector de la División del Hemisferio Occidental, en específico en el área que brinda entrenamiento a los bancos centrales y ministerios de hacienda en América Latina y el Caribe.

El economista y abogado laboró, durante 13 años, en el Fondo Monetario Internacional antes de acudir al llamado del mandatario Carlos Alvarado para dirigir el Banco Central. Foto: John Durán.

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A Carlos Alvarado lo conoció en 2016, cuando era ministro de Trabajo y se lanzó el Índice de Pobreza Muldimensional. Nada más. Cero contacto y ninguna relación en común.

Hasta que el joven presidente electo le llamó a su casa en Washington D.C.

Durante una hora y media, Alvarado y Cubero conversaron. Era lunes.

El mandatario lo entrevistó y le realizó un amplio cuestionario de preguntas, muy detallado.

El diálogo se centró en el rol del Banco Central para el desarrollo de las políticas públicas de Costa Rica.

“Fue una conversación muy sabrosa, pero muy seria”, resume Cubero.

El sí definitivo no fue ese mismo día, sino una semana después, pues aceptar el cargo significaba separarse de sus dos hijas y su hijo, quienes viven en la capital estadounidense.

Esta decisión –recalca– ha sido la más dolorosa.

Su única petición al mandatario fue que le brindara un plazo de tres meses para coordinar su traslado desde Estados Unidos y dejar todo listo para su familia allá.

Renunciar al FMI, pues el organismo no permite optar por una licencia dada la relevancia del cargo.

“Ha sido un momento de mucha intensidad para asumir las riendas del Banco Central. Sabía exactamente a lo venía, que el meollo son las finanzas públicas”, recalcó .

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La logística más relevante de moverse de Washington a San José se centró en la mudanza de los libros adquiridos tras dos décadas de vivir fuera del país.

En total fueron 123 cajas, de las 150 cajas traídas al país en barco, eran de libros.

De historia, filosofía, economía, administración de negocios, literatura...

La mitad del cargamento sigue en las mismas cajas dentro de su apartamento, aún no ha tenido el tiempo para acomodarlos.

La logística de ubicación no es nada fácil. Los distribuye por disciplina y por apellido del autor.

“Los de filosofía están ordenados por introducción general a la filosofía, metafísica, filosofía política. Los de historia están ordenados por historia mundial y historia costarricense.

”Los de economía van desde teoría general de la economía, microeconomía, macroeconomía, matemática económica, estadística, econometría, finanzas internacionales”, explica el amante de la literatura.

La complicación, con el método de ordenar su biblioteca, ocurre cuando adquiere un libro nuevo, pues significa el desplazamiento de todos para hacer espacio al nuevo autor.