Luis Mesalles. Hace 3 días

Los acelerados avances tecnológicos presentan retos formidables, tanto para productores como para gobiernos. El que se quede atrás, porque no consigue adaptarse, corre el peligro de convertirse en irrelevante y desaparecer.

Durante la Revolución Industrial, cuyo inicio se dio en el siglo XVIII, los cambios tecnológicos modificaron, sobre todo, procesos productivos y alejaron al consumidor del productor. Las tecnologías de hoy están orientadas a acercarlos de nuevo. Incluso, al punto que las tecnologías de punta permiten a ambos interactuar y colaborar entre ellos: la forma como la gente compra, se moviliza, se comunica o paga, ha cambiado vertiginosamente.

En lugar de ir de compras al centro comercial, en la modernidad se hace todo en línea, desde la casa. En lugar de ir a buscar un taxi, se solicita un vehículo por Internet, el cual llega directo donde uno está ubicado.

Ya no es necesario andar billetes y monedas en la cartera, ni siquiera tarjetas. Todo se puede efectuar por medio de un teléfono portátil, que además sirve para estar comunicado instantáneamente con cualquier persona alrededor del mundo.

Los cambios tecnológicos tienen como consecuencia, inevitablemente, que lo viejo se vuelva obsoleto, Tanto en la forma de producir, como en la de regular. Con la aparición de los vehículos motorizados a finales del siglo XIX, por ejemplo, los conductores de carretas tiradas por caballos y las reglas de conducción para ese tipo de transporte perdieron su razón de ser. Con el tiempo, desaparecieron.

Las plataformas de transporte colaborativo (Uber y otras similares) están volviendo irrelevantes a los taxistas tradicionales y las normas que los regulan. Muy pronto, debido a los avances tecnológicos, los vehículos sin conductor convertirán las reglas actuales de conducción en arcaicas.

En esa carrera, de regulación-cambio tecnológico-adaptación-reregulación, muchos productores, pero, especialmente, autoridades de gobierno, suelen quedarse rezagados. Se concentran en proteger el statu quo y se olvidan del consumidor. Nada más ver el proyecto de ley presentado por la administración Alvarado para “regular” Uber. Se centra en proteger a los taxistas, no a los consumidores, sin darse cuenta de que la tecnología actual ya convirtió en obsoleta la misma ley que pretenden aprobar.

El autor es economista.