Juan Fernando Lara. 5 febrero
Según la especialista del Inamu, quienes sí se atreven a denunciar pueden sufrir experiencias “muy duras” ya que pueden pasar años y años repitiendo su historia y, además de revivir esa traumática experiencia, “no tienen seguridad de justicia, porque el acceso a esa justicia es todo un calvario”. Foto con fines ilustrativos.
Según la especialista del Inamu, quienes sí se atreven a denunciar pueden sufrir experiencias “muy duras” ya que pueden pasar años y años repitiendo su historia y, además de revivir esa traumática experiencia, “no tienen seguridad de justicia, porque el acceso a esa justicia es todo un calvario”. Foto con fines ilustrativos.

En general, los delitos de agresión sexual no suelen denunciarse por distintos tipos de miedos: miedo a represalias, miedo al escarnio público o que nadie crea la versión de la víctima.

Este tipo de temores paralizan tanto a las víctimas que el silencio sobre la agresión se extiende por años o nunca se conoce del todo, explicó Ana Hidalgo, coordinadora del Área de Violencia de Género del Instituto Nacional de las Mujeres (Inamu).

Sin referirse al caso en el que se señala al expresidente y premio Nobel de la Paz, Óscar Arias, por una supuesta violación en el 2014 en contra de una doctora; Hidalgo recordó que es muy complejo siquiera hablar del tema.

“La violencia sexual siempre implica una configuración de poder desigual entre quien agrede y la víctima. Siempre es así”, aseguró.

En hechos de violencia sexual, aseguró la investigadora, existe un poder concreto que ejerce el agresor contra la víctima, quienes ya tienen una relación concreta (una padre que viola a una hija, un empleador que acosa a una subalterna, por ejemplo).

No obstante, si el agresor posee otros atributos de poder u autoridad fuera de la relación concreta entre ambos, el temor de la víctima se multiplica.

“Estos episodios de agresión son paralizantes, hay mucho miedo y este es miedo real. Uno de los temores más importantes es el miedo a que no le crean a la persona. Cuanto más poderoso es el agresor en la relación de poder, más aumenta el temor. Piense cómo podría sentirse un menor de edad que denuncia a un adulto que, encima, puede ser su padre”, comentó Hidalgo.

Complicación adicional

Hidalgo agregó que, cuando la agresión sexual es entre personas adultas, “todo se complica para las víctimas, especialmente si son mujeres” porque asegura que el sistema social en que vivimos y el de Justicia “es patriarcal”.

“Note que por lo general se impone en la mujer que es víctima de la agresión el peso de demostrar la culpabilidad del agresor y demostrar que tampoco hubo consentimiento”, señaló.

Hidalgo recordó que quienes sí se atreven a denunciar pueden sufrir experiencias “muy duras” ya que, afirma, pueden pasar años y años repitiendo su historia y, además de revivir esa traumática experiencia, “no tienen seguridad de justicia porque el acceso a esa justicia es todo un calvario”.

“En Costa Rica, a nivel de delito sexuales y específicamente violación, hay un subregistro de estadísticas. porque la gran mayoría no se denuncian por todas estas razones. Sea cual sea la cifra oficial, el número de violaciones es mucho mayor en la realidad”, concluyó.

Para Hidalgo, es entendible que en tales condiciones algunas personas “nunca si quisieran hablan del tema y esto explica porqué en varios países las legislaciones allí está ampliando el periodo de prescripción de delitos sexuales”.