Arturo Pardo V.. 10 diciembre, 2018
Hay dos tipos diferentes de radiación electromagnética: la ionizante (rayos X, rayos Gamma) y la no ionizante (rayos ultravioletas, infrarrojos, microondas, radiofrecuencias).
Hay dos tipos diferentes de radiación electromagnética: la ionizante (rayos X, rayos Gamma) y la no ionizante (rayos ultravioletas, infrarrojos, microondas, radiofrecuencias).

Vivir en la tierra implica, de manera inevitable, estar en contacto con la radiación. Cuando leemos esto, probablemente pensaremos primero en la radiación que emana de los electrodomésticos, de nuestra computadora o inclusive de las torres de telefonía celular.

Sin embargo, no solo los aparatos eléctricos (radiación artificial) que tenemos en casa son fuente de radiación. También abundan las fuentes naturales (radiación natural) que emiten este tipo de energía, empezando por la tierra, las rocas y, por supuesto, el sol.

Puede ser sorprendente saber que hasta nuestros cuerpos son fuente de radiación, al almacenar potasio radiactivo, vital para el funcionamiento del organismo.

Hay dos tipos diferentes de radiación electromagnética: la ionizante (rayos X y rayos Gamma) y la no ionizante (rayos ultravioletas, infrarrojos, microondas, radiofrecuencias). A la ionizante estamos expuestos inclusive por la presencia de material radioactivo en el aire, al estar presente en el polvo, en líquidos o aerosoles, con partículas que se depositan en nuestra piel o la ropa, pero pueden ser removidos inclusive con una simple lavada.

La radiación ionizante tiene muchas aplicaciones médicas beneficiosas, así como en la agricultura y la investigación. No obstante, también pueden ser perjudiciales para el ser humano debido a que son capaces de alterar el ADN, las células e inclusive los átomos. Entre sus efectos puede haber vómitos, quemaduras o, a largo plazo, enfermedades degenerativas y cáncer.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que, a medida que aumenta el uso de las radiaciones ionizantes también lo hacen los posibles peligros para la salud si no se utilizan o contienen adecuadamente. A la vez, asegura que las dosis bajas de radiación ionizante pueden aumentar el riesgo de efectos a largo plazo, tales como el cáncer.

Si esto nos preocupa, podemos saber cuánto daño podría hacernos la irradiación. Esto depende del tipo de radiación, de la sensibilidad de los diferentes órganos y tejidos, así como de la dosis absorbida.

Lo que pasa en nuestras casas

En nuestros hogares, la mayor exposición es a fuentes de radiación no ionizante. Ahí entran los hornos de microondas, puntos de acceso para Internet, computadoras y los dispositivos que se comuniquen de forma inalámbrica. Pasa igual con radios y teléfonos, por ejemplo, que utilizan ondas electromagnéticas para alguna función, como enviar información a otros dispositivos.

¿Son perjudiciales para nuestra salud? Los niveles de radiación que emiten los aparatos eléctricos en nuestras casas son seguros, al ser de baja potencia y de frecuencia relativa; además, son sometidos a pruebas de emisiones antes de que estén en el mercado. Así lo asegura Renato Rímolo, quien es profesor asociado de la Escuela de Ingeniería Electrónica del Tecnológico de Costa Rica (TEC).

“La mayoría de fabricantes electrónicos formales se van a asegurar de que sus productos no representen un peligro a la salud, de forma que los niveles de radiación se mantienen en parámetros seguros. La polémica de todas formas existe debido a que los efectos de la radiación no ionizante en dosis bajas y a largo plazo no son del todo conocidos. Esto quiere decir que los estudios no han mostrado correlaciones claras, pero eso no quiere decir que no existe algún riesgo”, comenta.

La OMS tiene un programa sobre las radiaciones, con actividades relacionadas con la evaluación, la gestión y la comunicación de los riesgos. Su atención se centra, especialmente en las fuentes de radiación ionizante, pues es donde se ha encontrado más evidencia de daños sobre la salud en la exposición a largo plazo, pero no especifica detalles en cuanto a la radiación no ionizante, la que está más presente en nuestras casas. En cuanto a esto, Rímolo comenta que “la recomendación general es que se debe tratar de evitar la exposición innecesaria a fuentes de radiación, en la medida de lo posible”.

A la vez, recomienda tomar en cuenta que entre más lejos se esté de la fuente de radiación, menor será la potencia a la que se expone. Entonces, se puede considerar, por ejemplo, evitar dormir cerca de los teléfonos o de la computadora. Lo más importante es tener claro de dónde viene la radiación y cómo interactuamos con ella en el día a día.