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El buen paso de Luis Marín 

De Luis Marín se decía que ni pinchaba ni cortaba, que era muy pasivo y que tanto Jorge Luis Pinto primero, como Óscar Ramírez después, requerían de un asistente dinámico y pellizcado.

Opinión: Ejemplo de dignidad 

El próximo martes 26 de marzo se cumplirán ocho años de la inauguración del Estadio Nacional. Cabe recordar la polémica que generó don Guido Sáenz González, quien se oponía radicalmente a que el nuevo coliseo se construyera en el mismo lugar, pues el destacado hombre de la cultura consideraba que la afluencia masiva de público al fútbol y a otros espectáculos en ese inmueble provocaría un serio daño de contaminación acústica, atascamiento de vehículos y otros problemas en La Sabana.

Opinión: El juego de la silla 

Es cuestión de cultura deportiva. Cuando aprendamos a respetar los planes diseñados en los escritorios, con la intención de aplicarlos en la cancha, crecerá la esencia del espectáculo y volverán los análisis y las sanas discusiones en torno a la fiesta del balón.

Opinión: A mecate corto 

Tengo la presunción –y la esperanza- de que el regreso de Hernán Torres a la dirección técnica eriza es muy beneficioso. La entidad centenaria necesita el aporte de profesionales como él, cuyo rigor ético contribuye con la formación integral de sus dirigidos. En realidad, no debieron despedirlo la primera vez. A lo sumo, en aquella oportunidad, Torres requería que le marcaran la cancha y moderara su temperamento explosivo, pero jamás deshacerse de sus servicios. Ojalá que ahora sí alcance el éxito. Por él. Por la Liga. Por el fútbol.

Opinión: Aquí vale todo 

Un día de estos escuché a Jafet Soto en Deportivas Columbia decir que como muchos periodistas no han salido del país, no se enteran de que esa es la tendencia en el fútbol mundial. Puede ser, pero no se justifica que si allende nuestras fronteras se procede con tan pocos escrúpulos, en Tiquicia tenga, necesariamente, que ocurrir igual.

Opinión: Sembradores impacientes 

La urgencia por lograr títulos obnubila las mentes y se olvidan de la planificación. Nada de proyectos a mediano plazo; mucho menos, a largo plazo. Los clubes se endeudan con tal de enrolar en sus filas a estrellas de relumbrón, a ver si acaso aplacan el clamor de la exigente hinchada. Por complacer a la grada, acaban esclavos de sus caprichos, como sucede a los padres inconscientes con sus chiquillos chineados.

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