Fernanda Matarrita Chaves. 12 julio
Patricia Figueroa ha sido una de las miles de empresarias en Costa Rica que han sido afectadas por el coronavirus. Mayela López
Patricia Figueroa ha sido una de las miles de empresarias en Costa Rica que han sido afectadas por el coronavirus. Mayela López

Ser una figura de la televisión, tener muchos seguidores en Instagram y contar con el cariño de las personas no hace inmunes a las figuras de la televisión de sufrir, en cierta manera, las difíciles consecuencias que el coronavirus ha causado en el mundo y en el país.

La presentadora de Giros, de Repretel, Patricia Figueroa, y el presentador y reportero de Más que noticias, de Teletica, José Miguel Cruz, son dos rostros conocidos que, al igual que miles de empresarios y emprendedores en Costa Rica, han experimentado en sus negocios las dificultades derivadas de la pandemia.

A finales de marzo, la Cámara Costarricense de Restaurantes y Afines (Cacore) anunció que 8.000 restaurantes habían cerrado por el impacto de la crisis del coronavirus.

La prudencia colectiva que prefiere no salir a restaurantes; las restricciones sanitarias que solamente permiten la mitad de aforo, y la imposibilidad de abrir los fines de semana en ciertas fases de la reactivación, han sido algunos de los componentes que han complicado la situación de dueños de restaurantes en el país, como Patricia y José Miguel.

“Era imposible sostener”

Figueroa, quien junto a su familia son propietarios de dos restaurantes Chancay, de La Cebicheria y del salón de belleza Look Salón y Spa, habló de las afectaciones que han tenido sus negocios y el personal que ha trabajado con ellos.

La presentadora es enfática en que los empresarios enfrentan retos muy duros.

“Ahorita creo que no hay ningún tamaño de empresa (que no se haya visto afectada), pero digamos que las empresas pequeñas como las que uno tiene han sido tremendamente afectadas con esta pandemia”, detalló Figueroa.

En su caso, cuenta que la familia tuvo que tomar “la dolorosa decisión” de cerrar, por tres meses, los dos restaurantes Chancay que tenían desde hace dos años.

“Era imposible sostener, la venta del 100% se cayó al 10 o 15% en ingresos. Fue muy duro tener que suspender los contratos laborales, reducir jornadas es muy triste. Es personal con el que somos aliados, tratamos de sacar la empresa adelante, con el trabajo es que llevan sustento a hogares”, lamentó.

Confiando en que la situación mejore, el 19 de junio reabrieron los restaurantes de comida peruana y recuperaron al personal con 50% de la jornada. Justo ese fin de semana, previo al Día del Padre, las medidas de prevención impidieron abrir sábado y domingo; por ello, el proceso de reapertura ha sido paulatino.

En el caso de La Cebichería y el salón de belleza, lograron mantenerlos abiertos, pero sí redujeron la jornada de su personal con el fin de asegurarles ingresos.

“Ha sido bastante duro. La prioridad son los empleados, pero cuando vamos a otra materia como lo que es pagarle a la Caja (Costarricense de Seguro Social), los impuestos, permisos municipales y alquileres son gastos fijos muy altos que van sumando. Hay que seguir enfrentándolos a pesar de tener cero ingresos. Esto hace la cosa más complicada, principalmente para los más impactados por esta pandemia”, cuenta.

Figueroa dice que, por ahora, su prioridad es apegarse a las medidas impuestas por el Ministerio de Salud, cuidar la salud de sus colaboradores y lograr negociar con los dueños de locales y proveedores.

“El mayor reto es que no sabemos qué va a pasar. No podemos prevenir, ni planificar. Esto es del día a día; hay que pedirle muchísimo a Dios que esto pase lo más pronto posible. No por el beneficio de uno como empresario, porque sabemos que a corto o mediano plazo que los negocios generen utilidad no va a ser posible; sino para que la tasa de desempleo no siga aumentando, y que la gente que ahora está con un 50% de su salario suba a 75% y luego recupere sus ingresos al 100%. Hay que pedirle mucho a Dios, confiar en que tiene un plan perfecto para todo”, sostiene Figueroa.

José Miguel Cruz cuenta que a su restaurante de Puriscal últimamente no ha llegado ni una sola persona. Por ahora, en ese local vende tierra orgánica. Fotos: Mayela López
José Miguel Cruz cuenta que a su restaurante de Puriscal últimamente no ha llegado ni una sola persona. Por ahora, en ese local vende tierra orgánica. Fotos: Mayela López
“Es una experiencia devastadora”

José Miguel Cruz es otra de las figuras de la televisión que ha visto afectados sus emprendimientos por el covid-19.

El reportero dice que la pandemia provocó que cerrara La esquinita de JM en Puriscal tras tres meses de haberla abierto; ello desencadenó en el despido de su personal. En el caso del local de San José, tuvo que reducir al 50% la jornada de sus colaboradores.

“Ha sido una de las experiencias más duras que he enfrentado. La experiencia es devastadora. Esto pasó cuando yo ya estaba llegado a un punto de equilibrio con los negocios. Con la pandemia todo se vino abajo”, cuenta José Miguel, quien empezó con el primer restaurante hace dos años.

JM, como mejor se le conoce, dice que con los empleados de San José llegó al acuerdo de que cada uno trabaje tres días a la semana. Así les asegura un ingreso y su alimentación del día.

“Me ha salvado mi trabajo en canal 7. Hasta el día de hoy gran parte de mi salario va para las esquinitas, ya sea para pagar salarios, servicios o deudas. Esto ha sido angustiante, pero de hambre no nos vamos a morir. Mientras haya comida en La Esquinita sigue a disposición del personal, y no solo de ellos, porque las esquinitias se han encargado de darle un plato de comida a personas en condición de calle. Ha sido una bendición para nosotros. Aun en estos tiempos, a toda persona que llegue a pedir un platito de comida se le da”, detalló.

En el caso de La Esquinita de Puriscal, hace poco volvió a abrir pero con una única funcionaria, pues rara vez llega alguien; por ello y como parte de la reinvención, José Miguel vende en el lugar tierra orgánica para abonar. Dice que comerciando este producto ha podido ayudarse.

JM se mantiene optimista. “Mientras las cocinas de leña de las esquinitas se mantengan encendidas, eso es un símbolo de esperanza de que todo va pasando. Ojalá todo pase porque o si no esto podría convertirse en una situación muy caótica”.

La Esquinita de JM cuenta con servicio express, puede llamar o escribir al: 7108-9178.