Farándula

Así son los días de Roque Ramírez: ‘Merry y Misael son mi mejor terapia’

Aunque sus dos personajes lo “vendieron” con más de una infidencia, el comediante tuvo margen para acopiar su personalidad serena y contar que, tras pasar por donde asustan”, hoy está feliz e ilusionado. Además, confirma que hay boda a la vista

Tenía Roque Ramírez unos 23 o 24 años cuando lo conocí. Nos cruzamos algún día en las instalaciones de La Nación y a pesar de que le llevo unos añillos, hicimos un click espontáneo.

Su forma de conducirse, su traje formal encorbatado hasta los viernes —cuando había permiso para relajar el código de vestimenta—, su apariencia bien cuidada e impoluta y, además, saber que habitualmente lideraba las ventas de publicidad un mes sí y otro también, me empezaron a granjear una gran admiración hacia él no solo por su audacia, si no por su orden financiero.

Jamás, por esos tiempos, lo escuché contar un chiste, aunque nuestras tertulias siempre estaban matizadas por reflexiones y risotadas.

A esa edad, Roque no solo había logrado comprar casa propia con mucho esfuerzo, pues no es que provenga de una familia adinerada --aunque sí “muy pulseadora”-- y poco después pudo cambiar el “perolillo” que andaba por un carro no de lujo, pero sí nuevo de paquete.

Por eso cuando una tarde cualquiera me dijo “Yuricita, jale a tomar café pa’ pedirle un consejo”, me imaginé lo que fuera, excepto por lo que realmente era. Ya para entonces él animaba fiestas para chiquitos enfundado en lo que sería su primer gran personaje, el payaso Billy Pecas, en algo que aumentaba mi admiración hacia él pero que creí era solo un hobbie y una entradilla más de plata.

Más serio que pleito de machetes me dijo que tenía meses de pensar en dejar la publicidad y arrancar con su propio negocio de animación humorística y organización de eventos particulares.

--Sobre mi cadáver. ¿Está loco? ¿Quién tiene lo que usted tiene a su edad? Si le invertí este ratote de tiempo que usted me pidió para consultarme, entonces le contesto: sobre mi cadáver. Usted va a llegar lejísimos en el ámbito gerencial, no sea idiota, hágame caso, yo sé por qué se lo digo, siga con el tal Billy para que queme fiebre pero no se desvíe del éxito. He dicho.

Poco tiempo después, Roque decidió seguir los dictámenes no solo de su mente, sino también de su corazón y muy pronto me demostraría todo lo que hoy sabemos: la relatividad del “éxito” y mucho más cifrado en carro y casa a los 25 años era una filosofía heredada a nuestra generación y que, por supuesto, hoy ha mutado sensiblemente, según cada quien.

El caso es que hoy, dos décadas exactas después de haberle dado un viraje total a su vida, Roque Ramírez no solo es un humorista de tremendo octanaje sino que además ha conducido a sus aproximadamente 15 personajes con fisga, muy basado en el costumbrismo y la malicia indígena de la gente en Tiquicia. Además, desde el principio le ha huido al humor fácil cifrado en el camino más fácil: los chistoretes colorados.

Algunos de sus “hijos” ni siquiera están vigentes y ya duermen en sueño de los justos, como el payasito Billy Pecas o el recordado Tucuico Tonight, un animador/showman de bares y centros nocturnos y quizá uno de los personajes de Roque que más ha bordeado la línea del humor adulto.

Aunque hemos continuado con nuestra amistad por todos estos años, el tiempo y los quehaceres de ambos ha provocado que “nos juntemos cuando nos juntemos”, sin planes ni agenda. Últimamente cuando lo veo o lo escucho metido en la piel de doña Merry o de Misael Ramírez, se me alborozan los recuerdos pero también la incógnita de cómo hace un tipo tan serio, sereno y atildado como Roque Ramírez Arce para ser él en su vida real sin que lo secuestren sus personajes.

“Olvídese de Merry y de Misael y chainéese como Roque para los retratos y el video, elegante pero casual”, le digo. ¡Para qué lo hice! Llegó hecho un ajito, con dos o tres atuendos informales pero a la última moda, una pura elegancia, a la sesión de fotos y videos planeadas en las instalaciones de Friday’s Yoses, donde se instaló el legendario restaurante, en una versión mejorada.

Pero bueno, hay que decirlo: en los últimos dos o tres años, tras pasar situaciones personales delicadas y a las cuales nunca ha querido referirse en público, pues para él su vida íntima no es noticia y mucho menos cuando están sus familiares de por medio, empezando por su adorado único hijo, Esteban —¡sí, el chiquillo que hace poco más de una década se convirtió en un imitador de las coreografías del hoy finado Michael Jackson—, Roque está viviendo tiempos felices.

Esteban, por su parte, hoy tiene 16 años y es un estudiante esmerado de secundaria, quiere convertirse en médico y además ama el fútbol y está dando sus primeros pasos con las ligas menores de Alajuelense como volante de llegada y delantero, máxime que a su temprana edad ya sobrepasa el 1.80 de estatura.

Con puntualidad inglesa Roque llega a la cita y empieza a desafiar la cámara de José Cordero, el fotoperiodista asignado, quien terminó por secuestrarle el alma a Roque siendo muy Roque: serio pero afable, sonriente pero sin estridencias.

Colmillo

Lógicamente, tras tantos años de transmutarse en sus personajes, Roque no ha perdido la identidad pero sí acude a sus creaciones para que lo saquen de uno que otro apuro.

Reacio a hablar de su vida privada, admite lo que ya se sabe: que se divorció tras 13 años de matrimonio, que su hijo (adoración) vive con él desde la separación, que tras firmar el divorcio en el 2018 todo lo que se había desacomodado en su vida se volvió a acomodar poco a poco y hoy está viviendo a plenitud una nueva relación que le cayó del cielo, literalmente, pues ni él ni su prometida estaban buscando pareja.

Es que es harto conocido que las figuras conocidas del país y más allá, tienden a generar un cúmulo de admiradoras (o admiradores), pero Roque, con todo y sus ojazos verdes, siempre ha sido tranquilísimo no solo en cuanto a romances, si no que no fuma y tampoco bebe licor.

Allá muy de vez en cuando se toma una copa de vino o un trago de whisky, pero de uno no pasa. Simplemente no es su ride.

Acepta que le aparecen admiradoras pero le es facilísimo salirse por la tangente, sobre todo cuando lo empiezan a piropear o a echar el cuento mientras está encarnando a Doña Merry, pues es la “ingeniera doméstica” la que sale en auxilio de su creador: “¡Ay mamita, contrólese porque ese hombre está comprometido pero yo voy a estar orando pa’ que Dios le mande un hombre bueno ¿oye?”.

Al cumplir los 40 y sobre todo al haber tenido que afrontar distintas situaciones personales, conforme todo se fue acomodando y tenía más mente para ver qué podía reorientar en su vida, rapidísimo detectó la necesidad que tenía de adquirir algo de lo que carecía totalmente: disciplina para adaptar el ejercicio físico como una forma de vida.

“Yo le conté a un gran amigo que es entrenador personal, Luigi Vásquez, le expliqué y más bien él además es como un psicólogo, me dijo que lo dejara entrenarme tres meses y después hablamos ¡tuvo una paciencia! Pero vieras que poco a poco empecé a encontrarle el gusto, el orgullo de estar invirtiendo uno en su salud ¡sentirme distinto! Yo con apenas 40 años ya había empezado con unos problemillas de movilidad, eso que se levanta uno de golpe y le traquea todo! (risas) Y bueno hasta empieza a comer bien uno, una cosa lleva a la otra”, explica este herediano quien, efectivamente, se nota muchísimo más saludable y tonificado.

Conste: bajapisos no le faltan, empezando por Misael Ramírez, quien con costos deja a Roque terminar la frase cuando le espeta: “¡Ahómbrese, ahómbrese, esos leguins del dizque gimnasio son demasiado ayigüirrados... ¡parece un boli!”.

Pero el papá de las criaturas suelta una risilla y no le da bola al cowboy “charraleado”, quien de todas maneras por estos días anda un poco agobiado pues resulta que Misael se enteró de que su esposa, Elevinia, se hizo amiguísima de una tal Zeneyda. Hasta a mí me salió con quejas: “Viera que mujer más tremenda, me está corrompiendo a la doña, le da clases de tubo y ya van por la parte en que le está enseñando a abrirse de piernas como un reloj dando la hora ¡viera qué terriblidad, ¡eso es satánico!”, se lamenta el dizque semental más conocido de Costa Rica.

De vuelta al tema de la nueva calidad de vida que le confirió la práctica habitual de acondicionamiento físico, con la disciplina que él tanto anheló lograr y que ahora es simplemente una sana necesidad, su entrenador, amigo y psicólogo cubrió todos los ángulos de escapada que podría tener su pupilo y le comentó que parte del éxito sería acercarse a amigos que estuvieran en su mismo plan: ejercicio y buena alimentación.

Entonces Luigi conectó al comediante con una maestra de Palmares, Wendy Rojas, muy disciplinada pero igualmente dueña de una personalidad alegre y rápida de mente. Lo que no le dijo el entrenador a Roque es que la muchacha, apenas pasando la treintena, divorciada y madre de un niño de 10 años, Santiago, además de encantadora era guapísima.

Eso lo descubrió Roque la primera noche que cenaron y en la que se amigaron al instante... la relación fue mutando orgánicamente hasta que se convirtieron en novios formales y, por demás, unidísimos.

Esteban y Santiago se llevan a las mil maravillas, se admiran mutuamente y conforme Santi se acerca a la adolescencia, recibe los consejos de quien hoy es como un hermano mayor para él.

Obviamente, se vino la pregunta bomba:

¡Roque! ¿Entonces esa bola de que te vas a casar es verdad? ¿Y que se casan en enero? ¿Cómo anda ese corazón?

— (Risas) Ah, el corazón en lo más y mejor, desde que hago deporte me chequeo periódicamente y salgo de lo más bien en las pruebas de esfuerzo y todo lo demás...

Ya venía el reclamo cuando intervino doña Merry: “Ayyy mi chiquita ¡sí es verdad, no es chisme! Ya yo le he dicho: ‘Roquecito, ese chisme está para tirarlo, no para ocultarlo’ Y es que de Doña Merry a Doña Yuri (me agüevás, diría el pachuco) ¡él está tan contento, tan orgulloso de la oportunidad que Diosito le está dando para estar estable, ¿no ve que a él le encanta la familia?

Ay tan linda Doña Merry, buen, contésteme usted: Roque es un enamorado de la paternidad, adora sobre todas las cosas a Esteban y me dijo que quiere muchísimo a Santiago, que es muy buen chiquito, muy inteligente y demás. ¿Usté cree que esa familia se va a agrandar, ahora que se casen?

— ¡Síii! Digamos, mi chiquito, de que él puede, puede, como a ese carajillo le encantan los carajillos una primicia así sería demasiado para vos: bien, bien esos dos se arman un equipo de fútbol, pero ya yo le dije que los carajillos salen muy caros, que pulsée la chiquita y haga dos o tres intentos y así como mucho que se queden con tres más, que serían cinco con Esteban y Santiago ¡ve qué primicia!

Retomo la conversación con Roque y le digo que salado, que ya aquellos dos lengua larga me contaron lo de su casorio y demás proyectos en conjunto con la hermosa palmareña Wendy Rojas. El humorista —aunque se considera más vendedor que humorista, pues casi todos sus personajes nacieron gracias a requerimientos de equis clientes en algún momento— admite que, en esencia, el chisme de Doña Merry es cierto.

“Lo que pasa es que yo siempre me he mantenido en bajo perfil y mi prometida es 50 veces más bajo perfil... y sí es cierto, estoy pasando por un buen momento pero es que viéndolo en retrospectiva yo, que soy tan creyente en que Dios tiene el control de todo, ahora estoy más convencido de que las pruebas de hoy son la sabiduría de mañana. De otra manera no entendería la dimensión ni apreciaría todo lo que estoy viviendo ahora. Todo, incluido mi talento como humorista, lo atribuyo a la gracia de Dios”.

Yuri Lorena Jiménez

Yuri Lorena Jiménez

Periodista de la Revista Dominical desde 1992. En setiembre del 2010 asumió como editora de Teleguía. Premio a la Mejor Crónica a nivel latinoamericano otorgado en el 2001 por la Sociedad Interamericana de Prensa.