Farándula

Así son los días de María Torres: ‘Ya lo hice todo, me perdoné, busqué a María y lo que encontré, me gustó...’

Radiante y exultante, la connotada actriz encarnó su personaje principal: ella misma. Eso sí, hubo que lidiar con la incesante quejadera de Farra Fauces, quien ante cada filosofada de su creadora, espetaba ‘¡Oh vieja más idiota, ¿cómo va a decir eso?!’

Como ocurre desde que empezamos en este confesionario dominical con figuras reconocidas en todos los ámbitos del país, las horas se van volando y, en este caso, con María Torres, estuvimos de 1 de la tarde hasta las 9 de la noche, primero en la entrevista y grabación formales, aunque con un cercano tenor familiar y cálido.

Con María no puede ser de otra forma, como ocurrió luego de apagar la grabadora y las cámaras en un agradable convivio en una de las terrazas del restaurante Estación Atocha, en Barrio Don Bosco, donde todos disfrutamos excepto, claro está, la tal Farra Fauces, uno de los 12 personajes de María y, a no dudarlo y a pesar de su amargazón, quizá de las más queridas de todo el abanico de álter egos.

Es curioso y hasta asombroso, pero es que tras más de 40 años de trayectoria como actriz, tanto en las tablas teatrales como en la televisión, María Torres ha logrado que sus personajes calen tanto en el inconsciente que, de cuando en cuando, cuesta disociarla en momentos en que espontáneamente saca a la Tía Maricucha (una de sus favoritas) para en solo segundos retomar su papel más importante, el rol de su vida, el de la famosa María Torres.

La intérprete, hoy, a sus 62 años, se mostró afable y accesible desde el minuto uno, cuando arribó tan puntual como guapa, vestida con un enterizo informal, sandalias, los accesorios y el maquillaje en su justa medida y sutil colorido y una de sus características actuales que asegura, no cambia por nada: su corto y canoso cabello, muy bien cuidado y que resalta las facciones de la artista.

Antes de que María lo verbalice, ya los presentes habíamos advertido esa vibra luminosa que parece llenar los diversos aposentos de Estación Atocha por los que va pasando y que poco después ella ratificará durante la entrevista, cuando al hablar de su vida actual y también de la sentimental, no se anda con rodeos y suelta una reflexión que nos deja pensando:

“Ya lo hice todo, ya pasé por todo, ya no hay nada que probar ni tengo que probarme nada yo... además no tengo tiempo de andar reeducando ni reeducándome, no tengo tiempo de conocer ni de que me conozcan... tal vez estoy más negada a eso porque ahora me parece que son más entrañables los momentos conmigo y mis hijos que de pronto empezar algo que no sabés si va a funcionar o no...

“Como te digo, ya yo lo hice todo, ya compartí lo que tenía que compartir, ya lloré lo que tenía que llorar, ya entregué lo que tenía que entregar y ya me quitaron lo que me tenían que quitar... ¡ Y ya! Hoy soy una mujer plena y dichosa”, reflexiona con vehemencia.

“No sabía que existía el teatro”

Irónicamente, quien hoy es una referente absoluta del teatro en el país, no se había percatado de sus habilidades histriónicas y tampoco sabía que existía el teatro como una profesión o forma de vida, hasta que entró a la Universidad de Costa Rica (UCR) y se matriculó en taller de teatro.

“Me enamoré perdidamente. Yo empecé haciendo teatro de carácter, a mí me gusta más el teatro serio, el dramático, pero siempre he dicho que no hay nada mejor que estar en el momento justo y en el momento indicado y yo estaba en el Teatro del Ángel cuando iba a realizar el piloto del programa que se llamaría La lucha de los Luchos, que iban a hacer Lucho Barahona y Lucho Ramírez, que en paz descanse. Con el fallecimiento de Lucho Ramírez y estando Ramón Moncho Coll (productor de Canal 2), yo hice el piloto y me quedé. Ahí empezó no solamente la televisión sino el hacer comedia; te digo que aquellos fueron los peores chistes que yo he hecho en mi vida pero muy bien actuados, muy bien dirigidos, y a partir de ahí Lucho Barahona se convirtió en mi maestro en la comedia”, rememora María.

En aquel tiempo María apenas frisaba los 20 años y para entonces, quedó embarazada de Simón, su hijo mayor. Hoy recuerda con sana melancolía que, cuando llegó la hora del parto en el Hospital Calderón Guardia, los funcionarios del hospital se decían unos a otros que “la chiquita de la tele” iba a tener bebé.

Ella también es madre de María José, hoy de 25 años, y a quien María señala con orgullo como su asistente personal.

“El reencuentro (con Marcia Saborío) se dio cuando nos topamos en el estreno de la película El país más feliz del mundo, ese día nos pusimos a conversar, lloramos, nos abrazamos, nos propusimos el futuro, nos reímos y dijimos ‘¡vamos a ver qué pasa!’”... llegué a mi casa y no podía creer que eso hubiera pasado, le agradecí tanto a Dios no solo que ocurriera, si no en el momento y el lugar exacto... y hasta el día de hoy

—  María Torres

Por esos tiempos también, ya en cofradía con la otra gran actriz, Marcia Saborío, colega de vida y hermana por elección, revolucionaron --hasta el día de hoy-- el ambiente teatral de comedia con sus sketches, sus entrañables personajes, sus distintas obras de teatro que han roto récords en cartelera y asistencia y espacios de televisión como Gallito Pinto en sus diversas emisiones.

Por lo mismo, cuando hace unos años trascendió la ruptura profesional y personal de María y Marcia, el distanciamiento ocasionó un tremendo desconcierto entre sus miles de seguidores: para muchos fue una suerte de duelo nacional. Respetadas por igual, como son, nadie en la prensa del espectáculo de aquel momento se atrevió a especular sobre las razones de la separación.

Pasaron varios años y, en el momento más inesperado, trascendió que las actrices se habían reencontrado, habían hecho las paces y venían con todo, nuevamente, hasta el día de hoy.

Sobre aquel episodio, María lo explica, siempre en modo zen y nadando en paz y sonrisas.

“Mirá, Marcia y yo somos más que familia, éramos hermanas desde antes, desde que nos conocimos y después empezamos a trabajar juntas, pero como siempre, en toda familia, hay diferencias. Vos hoy te enojás con tu hermano y el día de mañana se vuelven a encontrar y se abrazan y se dicen ‘¡mae, qué estúpidos!”.

Al hablar de este trance, María acopia una de sus frases de vida, lo mejor de estar en el lugar y momento exactos.

“Aunque claro que fue dolorosa (la separación) a las dos nos sirvió. Marcia se probó no solo como actriz sino que yo también hice mis primeros pinitos como directora y productora, las dos maduramos y nos formamos más en lo profesional, de manera que a la hora de reencontrarnos ya éramos mujeres diferentes.

“El reencuentro se dio cuando nos topamos en el estreno de la película El país más feliz del mundo, ese día nos pusimos a conversar, lloramos, nos abrazamos, nos propusimos el futuro, nos reímos y dijimos ‘¡vamos a ver qué pasa!’”. Llegué a mi casa y no podía creer que eso hubiera pasado, le agradecí tanto a Dios no solo que ocurriera, sino en el momento y el lugar exacto... y hasta el día de hoy, Marcia simplemente es mi hermana”, rememora con aquella sonrisa espléndida que la caracteriza.

El público, el furor

¿Qué se siente, María, estando en el escenario o detrás de cámaras, saber que le están dando a miles de personas de todos los estratos una dosis gigante de felicidad, en medio de los problemas que tenemos todo?

— (Se ríe) Iba a decir que lo que se siente es mejor que el sexo, pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa... ver a la gente embelesada, matada de la risa... el teatro es una droga, una vez que lo probás ya no podés salirte de ahí, no importa si estás enferma, si tenés preocupaciones, el aplauso es maravilloso. Tené por seguro que nosotras disfrutamos el doble o el triple de lo que disfruta el público...

Con tantos años y experiencia, ¿todavía sentís mariposas en el estómago antes de entrar al escenario?

— No hay una sesión, no hay un día en que uno no sienta mariposas en el estómago. Hay algo que yo llamo la soledad del camerino, para mí es importantísimo, ahí le doy gracias a Dios, pido por esa gente que ha venido quien sabe desde dónde a verme o a vernos, también le pido muchísimo que todos salgan contentos y felices y que nos proteja de no lastimar a alguien con algún comentario. Es humor en vivo y aunque ya uno tenga tanta experiencia, los tiempos han cambiado y ahora nos cuidamos mucho de no herir a nadie... antes decíamos chistes o bromas que no se pueden decir ahora. Gracias a Dios hasta la fecha no nos ha pasado que alguien se vaya descontento o que se sienta ofendido...

Sí porque a menudo entre los ‘patos’ de la fiesta tienen un tino para elegir a algún muchacho que no tenga mucho trasero, y empezando por él, todo el mundo se lo toma a bien.

(María aclara, entre risas mientras levanta el dedo índice)

— ¡No, no, que no tenga trasero no, que esté falto de nalgas, eso sí!--- dice muerta de risa a la vez que confiesa que, no bien han salido a escena, ya sea ella o en dupla con Marcia, con darle una rápida ojeada a la audiencia ya saben a quien van a elegir para el momento de la guasa.

“Mirá, el que vos ves que está viendo cómo se hace chiquitico en el asiento, o cómo se tapa la cara o baja el perfil de alguna forma, ese es, ¡ese es!”, dice la actriz, feliz como si estuviera viviendo el momento en medio teatro.

Sin embargo, María Torres, con todo y su humor, se ha vuelto una respetada voz en redes sociales a la hora de opinar sobre temas país. Justo por estos días está planeando hacer un Live porque no entiende cómo otras industrias del espectáculo, como el cine o el fútbol, tengan mayor apertura para recibir público, mientras que en el teatro sus colegas están sufriendo carencias, algunos “se están muriendo de hambre” y otros están sin dormir pensando en cómo van a pagarles a los bancos los préstamos con los que compraron sus locales, tras el periodo de gracia, pues llevan prácticamente año y medio cerrados.

“La pandemia ha sido muy dura para el gremio artístico, nos hemos reinventado haciendo streaming pero es muy duro porque no solo no recibimos el aplauso final; cuando hablaba de que esto es como una droga, evidentemente la interacción es vital, pero más allá de eso hay elemento fundamental: los teatros son los lugares más seguros que hay, perdón pero el teatro es una sola función, de hora y media como máximo, súper limpio cuando usted llega, se sienta en su burbuja y además estamos a menos del 50%, ya deberíamos estar al 75% de capacidad y aún así cumplimos estrictamente los protocolos”, dice María con firmeza.

Y agrega: “En la Asamblea Legislativa había un proyecto, Salvemos la Cultura, que fue retirado porque en este país la cultura no ha sido prioritaria para ningún gobierno, pero nunca como ahora queda patente que nosotros estamos acéfalos, no solamente a nivel de gobierno central sino directamente de jerarquía cultural. Somos un medio acéfalo, abandonado, huérfano y creo que ya es necesario que el artista en este país tenga una buena protección”.

Pero bueno, de vuelta a la realidad inmediata, María cuenta que el otro fin de semana, en El Triciclo estará presentando Las mil caras de María lo cual, por supuesto, la tiene muy ilusionada.

Además, este sábado 28 de agosto tenía previsto salir para una presentación en Puntarenas.

A todo esto, Farra Fauces, con su peluca bien planchadita, andaba dando vueltas por Atocha y se acercó a escuchar las postrimerías de la entrevista, cuando María contaba que uno de sus rituales favoritos, sobre todo los domingos en la noche, es tomarse una cerveza sin alcohol, entrenar la mente por un rato mientras juega en su tableta backgammon y sopa de letras, entre otros, para luego dedicarse a ver su programa favorito en History Channel II: Alienígenas Ancestrales.

María, muerta de risa, defiende sus gustos lúdicos en televisión y Farra Fauces alega airadamente, mientras se aleja, siempre quejándose,. “¡Oh vieja más idiota esa María., Alienígenas dice, según ella le van a poner un chip a uno, vieja más idiota, mejor me voy!”, remacha, para solo segundos después la escuchamos alegando por todo y contra todos, sobre todo con los murales de “famositicos” que aparecen en las paredes de Atocha y que a Farra le parecieron una verdadera “polada”.

Sobre su cuido personal, cuenta que cuida su alimentación pero sin esclavizarse. “Como mucho verde, batidos, por ejemplo, vieras que la contextura la conservo desde el colegio porque de chiquitilla era gorda, llegué a pesar 180 libras pero era hormada porque hacía mucho ejercicio, como ballet acuático, basquet... luego me cambió el metabolismo cuando nació mi hijo Simón. Me hace gracia porque yo creo que a los hombres en Costa Rica les gustan las mujeres rellenitas, jate que cuando estaba gruesita me decían ‘¡gorda rica!’ y cuando adelgacé me decían ‘¡jale, flaca’!”, cuenta con un tono idéntico al de su personaje Lucerito.

Siguiendo con el tema de las vanidades, reconoce que es muy estricta con las cremas faciales, que se ha puesto botox aunque no muy convencida porque “quedás perfecta pero a los seis meses se vuelve a caer tooodooo”... hace una pausa y culmina con una reflexión: “Mirá, no importa lo que pase, hay cosas que ya se cayeron ¡mirá! este ya se cayó (señala su trasero), ya no existe... el mondonguillo que se cae de los bracillos de murciélago también pero no me importa. Me dejé las canas y comprendí que soy la mujer más feliz del mundo, estoy en una etapa plena a nivel físico, espiritual, mental y familiar. ¿Cómo podría pedir algo más?”.

Yuri Lorena Jiménez

Yuri Lorena Jiménez

Periodista de la Revista Dominical desde 1992. En setiembre del 2010 asumió como editora de Teleguía. Premio a la Mejor Crónica a nivel latinoamericano otorgado en el 2001 por la Sociedad Interamericana de Prensa.