Cine

‘Mujercitas’ llega al cine por quinta vez: ¿qué hizo la directora Greta Gerwig para su aplaudida versión?

La cineasta californiana, quien ya había explorado los vericuetos de la adolescencia en ‘Ladybird’, recupera el clásico literario y le imprime su propio aliento, subrayando el aire feminista que evoca la obra del siglo XIV

En épocas de saciedad con los remakes, Mujercitas marca la diferencia porque, si se trata de reduccionismos, un coming of age pinta más complejo de rehacer que cintas de acción o terror que hoy se miran como calcas de los filmes originales.

Justo ese reto es la balanza que solo puede inclinarse hacia un lado: el desastre o la alabanza. En su quinta adaptación a la gran pantalla, Greta Gerwig revisita el clásico título de Louisa May Alcott para construir una obra sobre los temores y alegrías que involucra crecer.

Con un sólido elenco en el que destaca Saoirse Ronan, Emma Watson, Laura Dern, Meryl Streep, Florence Pugh y Timothée Chalamet, se estrena en salas costarricenses una nueva versión de la novela con aliento propio.

Readaptando lo conocido

De la misma manera que ocurre con el elefante en la habitación, el libro Mujercitas parecía gritar desde la repisa que ameritaba ser adaptado en estos tiempos.

Han pasado 25 años de la cuarta versión de esta novela al cine y, aunque puede resultar cansino ver un título cada cierto tiempo readaptado, el movimiento #MeToo y las luchas feministas actuales se convertirían en marco perfecto para desarrollar una historia femenina, narrada y protagonizada por mujeres que buscan su lugar en el mundo.

Mujercitas, de Louisa May Alcott, se desarrolla en 1861 y presenta las historias de Meg, Jo, Beth y Amy, cuatro hermanas que viven con su madre, Marmee, mientras su padre se encuentra en el frente de batalla.

Esta hermandad crece en las páginas del libro a través de diferentes circunstancias que se retratan en cada capítulo, en una historia narrada en el día a día que busca la belleza en lo ordinario gracias a una bondadosa madre que siembra amor y comprensión a cada una de sus cuatro hijas.

Cuando se supo que Gerwig deseaba filmar este título, el reto se veía complejo pues, además de adaptar la obra a una época diferente (con el peligro de no caer en radicalismos ni estereotipos para los personajes), también debía separarse de lo que han hecho los filmes predecesores con este mismo material base.

Además, cada experiencia que viven las muchachas se siente como episodios autoconclusivos según cada capítulo del libro, por lo que Gerwig como guionista también debía encontrar la manera de darle aliento cinemático.

Bastan los primeros minutos de metraje para notar cómo Gerwig impone su marca, al no temer en saltar de época en época para relatar cada pasaje de esa vida en crecimiento.

La historia comienza con una adulta Jo, quien ofrece a un editor de libros una historia escrita por ella misma sobre sus memorias. A partir de allí, el relato gira hacia el pasado para lanzar uno de los subtextos más importantes del filme: cada quien puede escribir su historia como desee.

La firma de Gerwig

La directora y guionista tiene muy claro que cada una de las muchachas de la historia se construye mediante arquetipos.

El puñado de hermanas se encabeza con Jo (Saoirse Ronan), la rebelde muchacha que se mira primero como soltera antes que como propiedad de un hombre; Meg (Emma Watson), la chica de “pensamiento tradicional” que anhela el matrimonio y cree en el amor en su más pura esencia; Beth (Eliza Scanlen), la pequeña muchacha símbolo de la bondad absoluta; y la complicada Amy (Florence Pugh), que pareciera pensar primero en sí misma que en su entorno.

Con esta gama de personajes, explorar cada uno de los matices de las cuatro hermanas fue la primera preocupación para Gerwig.

"La ventaja es que Saoirse es igual de resuelta que Jo; Eliza Scanlen tiene la misma empatía que Beth; Florence Pugh es igual de divertida y audaz que Amy; y Emma Watson tiene una sensibilidad increíble”, dijo en una entrevista la directora.

También es de suponer que había cierta tranquilidad para Gerwig al saber que diseccionar la juventud femenina no es terreno desconocido para ella.

Ladybird, filme del 2017 que significó su debut directorial en solitario (había codirigido Nights and Weekends, en el 2008), fue un caso de estudio sobre el paso de la adolescencia hacia la vida adulta.

En dicho filme, Gerwig concibió la historia de una compleja muchacha (también interpretada por Saoirse Ronan, quien pinta en convertirse en su musa) y la conflictiva relación con su madre. Permeada con un aire autobiográfico, Gerwig construyó un cálido retrato sobre la juventud, así como el gozo y limitaciones que arrastra esta época de la vida.

Al igual que en Ladybird, Gerwig nuevamente fija su mirada en una sola mujer: Jo. Eso no exime a Mujercitas de un carácter coral, ya que todas las muchachas tienen su desarrollo como personaje, pero sí que hay un énfasis en la rebelde muchacha por su tono de ruptura con los cánones y cómo representó, gracias al buen envejecimiento de la novela, el concepto de feminidad.

Jo crece entre el drama, la agonía de sus sentimientos, la confusión por un amor que puede apalabrar y un silente viaje introspectivo. Gerwig pretende darle relieve al tono dramático que exuda el personaje en el libro y lo hilvana a través de la sororidad entre las hermanas March.

Pero la figura de Jo no es el único carácter que le da el tinte de autor al filme de Gerwig. Basta comparar con las previas adaptaciones a la gran pantalla.

Por ejemplo, en la versión de 1933, la mirada del director George Cukor se volteó hacia el humor que se exprime de la novela.

Hoy parece entendible la decisión, tomando en cuenta que para aquellos años Estados Unidos pasaba por la Gran Depresión y buena parte del cine de la época se fabricó como escape de la realidad.

La mítica Katharine Hepburn encarnó a una Jo que no fue tan fuerte ni astuta como la de Saoirse Ronan, sino que funcionó como una representación de una mujer que con poco le bastaba para ser feliz. En esta nueva versión, el cambio del personaje es sustancial.

"El libro había quedado envuelto en una moralidad de postal navideña, pero bajo la superficie hay otras cosas. Cuando volví a leerlo de adulta, me di cuenta de lo espinoso, extraño y revolucionario que resultaba”, afirmó Gerwig en una entrevista replicada por el diario El País.

Pasarían 16 años y Mervyn LeRoy recuperaría la novela para la pantalla grande, para venderla como una de las grandes producciones de un Hollywood a toda máquina.

Con el espaldarazo de la Metro-Goldwyn-Mayer, LeRoy fichó a estrellas de la época como Elizabeth Taylor y June Allyson (igual que Gerwig lo hace ahora con figuras un tanto más volcadas al cine indie) para trazar una historia que llegó a salas después de la Guerra Mundial.

La reflexión sobre esa época y el paralelismo con la Guerra de Sucesión que se describe en la novela fue completamente diferente a lo que plantea Gerwig hoy, donde las emociones están en primer plano y apenas se conoce sobre el conflicto bélico que libra su padre.

Posiblemente, la versión más cercana a la actual fue la de 1994, protagonizada por Winona Ryder y Kirsten Dunst. En esa ocasión, por primera vez el título fue asumido por una mujer, Gillian Armstrong, quien dejó bastante tiempo de metraje para ver crecer a las muchachas y enfrentarse a sus problemas.

Podría decirse que Gerwig, a diferencia de su predecesora, evade el tono aleccionador que optó Armstrong, sino que deja crecer a sus protagonistas sin juzgarlas, entendiendo el porqué de sus acciones y esperanzada en sus futuros. “El feminismo ya estaba en la novela de Alcott”, ha dicho la directora en varias ocasiones.

Aún así, uno de los personajes que ha arrastrado mala reputación desde la publicación de la novela es Amy, la iracunda hermana que quema un manuscrito de Jo y al final de la historia acaba con su pretendiente. En la nueva Mujercitas, Amy no es juzgada por su decisión.

Esta relectura del personaje es vital para el subrayado feminista que Gerwig pretende imprimir en el filme. "Es significativo que, durante 150 años, no nos haya gustado esa chica, que es la que dice más claramente lo que quiere y la que más se esfuerza en conseguirlo. Tal vez sea un símbolo de progreso que hayamos cambiado de opinión”, dijo la directora.

De nuevo, Gerwig tiene muy claro que la Mujercitas de la era del #MeToo debía oler distinto. Juzgar la soltería de Jo o el anhelo por casarse de Meg sería completamente anacrónico, por lo que la directora permite que el grupo de hermanas no solo busque sus sueños, sino también que se apoye entre sí.

Por eso la estructura de esta nueva película va de adelante hacia atrás. Porque en el pasado no solo están las respuestas de los sueños, sino que se encuentran los momentos que hacen que el presente se sienta asequible.

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