Hugo Solano C.. 12 julio
Un movimiento telúrico con epicentro en Sabanilla de Montes de Oca en el 2010, originó el estudio de una falla muy cercana a la capital. Fotografía: José Cordero
Un movimiento telúrico con epicentro en Sabanilla de Montes de Oca en el 2010, originó el estudio de una falla muy cercana a la capital. Fotografía: José Cordero

A las 10:49 p. m. del viernes del 5 de marzo del 2010 se registró un sismo de magnitud 4,1, cuyo epicentro se localizó en Sabanilla de Montes de Oca, San José. El origen fue una falla local.

Aquel temblor encendió las alertas de los científicos de la Red Sismológica Nacional (RSN), pues está en la zona más poblada del país: el Valle Central. Por esa razón, urgían establecer su potencial.

Hasta ahora se ha logrado determinar que de llegar a romperse esa falla podría generar un sismo que calculan en 6,4 grados, es decir, similar al registrado el 7 de enero de 2009, en Cinchona, Alajuela.

“Está en la mancha urbana y ahí los fallamientos son poco frecuentes, por eso nos interesa tanto su estudio, para ver las fallas más cerca de la ciudad. El temblor del 2010 generó caída de objetos livianos”, dijo Lepolt Linkimer, sismólogo de la Red.

Ese temblor se sintió más fuerte que su verdadera intensidad y causó mucha alarma por la cercanía a San José.

Desde entonces, Linkimer, junto con los investigadores Wálter Montero y Evelyn Rodríguez, trabajan en un estudio que profundiza sobre esa falla conocida como Cipreses que toca parte de La Unión, Curridabat, Goicoechea y Montes de Oca, cantones con mucha población.

Según ellos, se trata de una falla de tipo inverso, se ramifica en dos partes antes de llegar a la superficie. Además, determinaron que tiene 14 kilómetros de longitud y es muy superficial, pues los sismos que ha generado tienen una profundidad que varía entre 3 y 6 kilómetros.

“Esas fallas deforman la superficie en un área muy ancha, por lo que la zona donde encontramos evidencias es de tres kilómetros de ancho”, dijo Linkimer.

Desde el 5 de marzo de 2010, en la misma área se han producido unos siete movimientos sísmicos, entre ellos una réplica al de 3,1 grados el 15 de marzo de ese mismo año. Todos han sido de baja magnitud y por ahora se cataloga como una zona de baja sismicidad, pues solo en el 2013 y el 2015 ha tenido sismos, los cuales no se han sentido.

La RSN insiste en que más allá de alertar, deben realizarse periódicamente simulacros de evacuación, principalmente en edificios altos, grandes centros comerciales o instituciones educativas.

Antes de esta falla habían estudiado la falla Liebres entre los volcanes Irazú y Turrialba y también otras en Cartago como la Aguacaliente y la Navarro.

“Cada vez que ocurre un evento importante, profundizamos la investigación científica, ahora vamos a seguir con el sismo de Jacó del 12 de noviembre del año pasado, cuya magnitud fue de 6,3”, acotó Linkimer.

La falla Cipreses es de las más cercanas a San José, ya que está a solo cinco kilómetros al este del centro de la capital. Es una distancia similar a la de otras fallas que están al sur como la de Bello Horizonte de Escazú.

Municipios sin planes

La existencia de la falla y la eventual afectación es un tema conocido por la Municipalidad de Curridabat, como expresó María Fernanda Meneses de la Comisión de Gestión de Riesgo del Ayuntamiento.

Sin embargo, añadió, no tienen estudios de amenaza sísmica para el cantón, por lo que la prioridad en los simulacros ha sido para inundaciones y deslizamientos, que son más recurrentes. En ese cantón viven unas 75.000 personas.

Según la funcionaria, a finales de este mes van a comenzar un proceso de capacitación con varias comunidades que servirá para fortalecer los mecanismos de respuesta para diferentes amenazas, incluido el tema de sismos.

“Vamos a desarrollar planes comunales de emergencia y planes familiares. La actividad se va a cerrar con un simulacro”, acotó.

Hasta hoy no han hecho planes en el ámbito cantonal, pero dijo que algunas instituciones realizan simulacros de evacuación, entre ellas centros educativos, empresas privadas y el municipio.

Por el cantón de La Unión también pasa la falla Cipreses. Ahí viven casi 100.000 personas.

Rándall Chacón, del Comité de Emergencias de ese municipio, dijo no conocer la falla de Cipreses e informó de que no han hecho simulacros recientes para eventos sísmicos, aunque sí cuentan con un plan general de emergencias.

En Montes de Oca viven unas 65.000 personas y en Goicoechea más de 115.000.

Una falla conocida pero de poca sismicidad alertó en el 2010 a los josefinos. Un estudio de la RSN permite ahora conocerla mejor. Reproducción: Mayela Lopez.
Una falla conocida pero de poca sismicidad alertó en el 2010 a los josefinos. Un estudio de la RSN permite ahora conocerla mejor. Reproducción: Mayela Lopez.
Exploración profunda

“Reconocer más fallas contribuye con el cálculo de amenazas sísmicas y eso ayuda a la planificación urbana y el ordenamiento territorial”, dijo Lepold Linkimer.

Según el científico, en Costa Rica los temblores más profundos ocurren entre los 200 y 230 kilómetros de profundidad, principalmente en la zona limítrofe entre Costa Rica y Nicaragua, donde la placa Cocos se desliza bajo la Caribe, sobre la cual se asienta nuestro país.

“Los sismos profundos nos brindan ideas sobre la ubicación de la placa del Coco, que se mete debajo de Costa Rica. Es la manera más clara de observar la placa descendiendo debajo de la corteza y el manto”, acotó.

Linkimer afirmó que al hundirse la placa puede aportar agua al manto terrestre y ocurre una efusión parcia, que puede llevar a la formación de volcanes.

Sobre los temblores superficiales, afirmó que tienen más capacidad destructiva y son los que más percibe la población.

(Video) ¿Por qué ocurren discrepancias entre los reportes sísmicos?

En cuanto a los tremores o pequeños sismos volcánicos, se diferencian de los otros porque casi nunca los siente la población.

Los sismógrafos o aparatos de medición distinguen cuando un temblor es de origen volcánico y cuando son tectónicos.

Los primeros registran paso de fluidos, que puede ser movimiento de magma, mientras que los tectónicos registran ruptura de la corteza o subducción de placas.

Para los científicos los trémores son relevantes porque pueden ser síntoma del despertar de un volcán, por eso se les estudia.

En la Isla del Coco, los entes científicos también tienen sensores porque aunque es poco sísmica, ayudan a detectar sismos regionales y eventuales sunamis que la podrían afectar por estar en mar abierto.

A diferencia de otros países, Costa Rica no tiene potencial para generar tsunamis, lo que recibimos son alertas cuando nos puede afectar.

Según Marino Protti, del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (Ovsicori) se debe a que los sismos en el país no son muy grandes y ocurren bajo la península de Nicoya, bajo la península de Osa y en el Caribe sur.

Esos tres sitios están en tierra firme, por lo que cuando tiembla fuerte la deformación que ocurre en el fondo marino es muy pequeña, en aguas poco profundas y el tsunami que generan es muy pequeño.