Jorge Hernández S.. 12 abril
La caracterización que hizo Powell de Jesús fue de tal magnitud que llegó a recibir 10 mil cartas diarias de sus admiradores. Fotografía: Archivo/La Nación
La caracterización que hizo Powell de Jesús fue de tal magnitud que llegó a recibir 10 mil cartas diarias de sus admiradores. Fotografía: Archivo/La Nación

Quiso ser Judas y acabó de Jesús. A la carrera debió de casarse con su novia Barbara Lord, era inadmisible que viviera “en pecado” quien interpretaría a Cristo en Jesús de Nazareth, la serie televisiva producida por Franco Zeffirelli en 1977.

Algún ingenuo sugirió a Dustin Hoffman o Al Pacino para el papel de El Mesías; ni un apóstata habría aceptado semejante aberración.

Uno de los aspirantes, Robert Powell, posó vestido con una túnica blanca, mirando al sol, con su cabello largo, barba recortada y unos enormes ojos cristalinos.

Estaba un poco gordito y en 20 días lo sometieron a una dieta de avellanas y agua, con tal de que bajara cinco kilos y quedara fitness; el lector catequizado recordará que Jesús era carpintero y poseía un cuerpo atlético.

La imagen era casi divina y lo contrataron. Lucía ojos verdes, pero unos lentes de contacto azules lograron un efecto celestial, magnificado hasta el misterio porque Powell no parpadeaba, salvo en las escenas de La Pasión.

Fue tal la convicción con que encarnó al Hijo de Dios que se lo creyó; aunque no hay datos que lo confirmen, circuló el rumor de que por dos años recibió atención psicológica para curarlo del síndrome mesiánico.

El éxito de la serie fue tan descomunal que el rostro de Powell adornó las casas, iglesias y centros de oración, al punto que acabó su carrera porque nadie se lo podía imaginar en otro papel.

Tras varios años en la comedia y el teatro se recluyó en su casa para dedicarse a la literatura y la escritura creativa.

Los 39 escalones

El Cristo de la pantalla no nació en Belén, menos de una virgen, si no en el hogar profano de Kathleen Davis y John Powell, el 1° de junio de 1944, cinco días antes de que cayera sobre Normandía las más grande fuerza naval de la historia.

Su infancia transcurrió en Salford, Manchester, un pueblito de 20 km cuadrados dedicado hoy al ocio y a la cultura, con bellos edificios, tiendas de lujo y que fue registrado en el Domesday Book, del año 1086.

Al igual que su personaje biblíco se ignora qué hizo en la infancia, si bien es sensato suponer que nada extraordinario, salvo ir a escuela del barrio y jugar a la cuerda, recitar rimas, botar bolos, la cacería de zorros y naderías por el estilo.

Más grandecito Robert fue a la universidad pública y estudió actuación. Probó con un pequeño papel en la versión original de Un trabajo italiano, pero fue con Doomwatch, la serie de ficción de la BBC, que logró algo estable en 1970.

Para evitar problemas de imagen se casó con su prometida Barbara, una exhuberante bailarina del Pan’s People, un cuarteto mujeril dentro de la onda pop, con pantalones campana ajustados y trajes destellantes. Con ella engendró dos criaturas: Barney y Kate.

El actor Robert Powell hizo una caracterización tan extraordinaria que los críticos de cine siguen alabando su actuación en la actualidad. Fotografía: History Channel
El actor Robert Powell hizo una caracterización tan extraordinaria que los críticos de cine siguen alabando su actuación en la actualidad. Fotografía: History Channel

El éxito como Nazareno no se tradujo en mejores contratos. Grabó una versión de Los 39 escalones; ganó el premio al mejor actor por la cinta Arlequín e Imperativ. Dio vida al Dr. Víctor Frankestein en un filme homónimo de 1984.

Volvió a figurar en Shaka Zulú, como del Dr. Henry Finn, la teleserie que narró las peripecias del genial líder tribal africano, que a inicios del siglo 19 fundó un imperio en Sudáfrica, basado en un poderoso y despiadado ejército.

Con los años se dedicó a narrar documentales y audiolibros; su estrella declinó pero creció en el imaginario público, al punto que adonde fuera la gente lo rodeaba y lo tocaban como si de verdad fuera El Maestro.

Figura icónica

La caracterización de Powell fue de tal magnitud que llegó a recibir 10 mil cartas diarias de sus admiradores, convencidos a muerte de que Jesús de Nazareth es la cinta por excelencia de la Semana Santa, seguida de La Pasión de Cristo -de Mel Gibson- y el incombustible Ben Hur.

Los actores debieron soportar el verano más intenso del siglo en Túnez, combinado con las frías noches del desierto. Para ellos fue una experiencia muy dura y aburrida, porque debían de esperar el tiempo adecuado para cada escena.

“Recuerdo que durante las tomas de la crucifixión hacía demasiado frío allá arriba. No me bajaron de la cruz, así que me dieron una manta y un par de zapatillas. Mi esposa me dio un cigarro y, bueno, había tanto viento que creo me tomé un brandy.”

Además del ambiente debió soportar las impertinencias del director, Franco Zeffirelli, empeñado en controlar cada detalle y meter las narices hasta en el último grano de arena.

Pese a ello logró representar a un Jesús cercano a la gente sin dejar de ser Perfecto Dios y Perfecto Hombre.

Un filme lleno de excentricidades

Sin pestañear. Para darle un sentido más espiritual el director prohibió a Robert Powell cerrar los ojos, y este debió sostener la mirada hasta por siete minutos; solo en la crucifixión pudo pestañear.

Interminable. Al principio pensaron en una película pero el metraje llegó a las seis horas y veinte minutos; por eso terminó convertida en una serie televisiva para transmitirla por entregas.

Censurada. En Egipto los conservadores cuestionaron el guión, la autenticidad de las actuaciones y la prohibieron.