Sus padres le prohibieron ir a salones de baile y luego sus deberes de madre le impidieron acercarse a las pistas. Pese a las trabas, su destino era enamorarse del swing criollo. Ligia Torijano es la principal impulsora de este baile en el país; no en vano ganó el Premio Nacional de Cultura Popular en el 2010.

 4 marzo, 2012

¿ Cuándo empezó a bailar?

–Como a los cinco años de edad. Mis papás eran educadores en la zona de Los Santos y no había nada a nivel cultural, ellos empezaron a montar coreografías y me metían a mí.

–¿Era de las chiquillas que más sacaban a bailar en las fiestas del “cole”?

–No, mi mamá no me dejaba ir a quinceaños, ni a fiestas. Mi mamá era muy estricta: nada de discotecas, ni salones de baile.

–¿Alguna vez se escapó?

–Una vez le dije a mamá que iba al salón de patines y terminé en Doble Cero discoteque, que quedaba por el Morazán. Pero ni lo pude disfrutar; estaba toda “acongojada”.

– ¿Entonces, en su juventud no bailó mucho?

–La verdad no. Me casé muy joven, a los 19 años; tuve un hijo a los 20, trabajaba como secretaria en el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) y pasé toda esa etapa criando a mis hijos. Tuve cuatro; el menor tiene ahora 21 años.

–¿Cuando volvió a un salón de baile?

–Un hermano me llevó a La Caribeña, yo tenía como 34 años y quedé impactada. Luego, para un 31 de diciembre, fui a Salsa 54. Por ese tiempo, aún sin estar acostumbrada a ir a salones de baile, hice una audición para ser maestra en una academia de baile y la gané.

–¿Cómo se encontró con el swing criollo?

– A los 17 años fue la primera vez que lo vi. No era gente profesional y lo bailaban como mofa. Fue un muchacho, Chema Moreno (hermano del popular Chino Moreno), el que me dijo que era swing criollo. Al tiempo, empezaron los concursos de baile de Fantástico (programa de Canal 7) y yo no me los podía perder.

–¿Por qué la sedujo tanto el swing criollo?

–Por la naturalidad y la expresión del tico , por la necesidad de hacer arte. Es un baile totalmente diferente, muy pueblerino. Es una manera de refrescar la vida. Para una madre de cuatro hijos fue un escape. La mayor parte del tiempo, fui madre soltera: pasaba cuidando a mis hijos y sacándolos adelante. Pero yo sabía que estaba muy cargada de arte en todo mi cuerpo y que me estaba perdiendo de algo importante, hasta que finalmente nos encontramos de frente.

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–¿Qué papel baila el swing en su vida?

–El swing es mi desayuno, mi almuerzo y mi cena . Es mi forma de vida, mi libertad. Si el swing no hubiera llegado a mi vida, habría terminado en el hospital psiquiátrico o dependiendo de pastillas.

–En los salones de baile ¿le salen muchos galanes?

–No me di cuenta, ese no era mi negocio. Lo mío era bailar, no buscar novio. Pero he de decir que el que es buen bailarín siempre va a tener suerte en la conquista, ya sea bonito, gordo, feo o flaco. Dicen que billetera mata galán, pero bailarín mata billetera.

–¿Se puede encontrar el amor en un salón de baile?

–Si un bailarín y una bailarina se entienden bien en el salón de baile, tendrán un matrimonio que durará. Ahí en la pista se nota la comunicación y la comunión de pareja.

–Históricamente se ha asociado al swing y a los salones de baile con pachucos y “chusma”. ¿Se mantiene esa idea?

–En los salones hay de todo, pero esos estereotipos han ido desapareciendo . A los salones llega gente de toda clase social.

–¿Las diferencias sociales se marcan en el baile?, ¿será que la “chusma” baila más que la clase alta?

–Creo que sí, porque no tiene tanta cosa metida en la cabeza. Tienen menos inhibiciones y prejuicios.

–¿Se puede unir a las clases sociales por medio del swing?

–Sí, eso hacen las academias. Como alumnos he tenido desde exdiputados hasta señoras que a duras penas reúnen el dinero para pagar las clases.

–¿Hasta cuándo va a bailar swing?