Revista Dominical

El Comando Cobra: a 30 años de la violencia y el horror en Talamanca

En febrero de 1992 un grupo de policías de la Guardia de Asistencia Rural ingresó a las montañas para combatir el narco pero su misión se tornó macabra entre violaciones y asesinatos

“Cuando el jefe del Comando Cobra dijo que deseaba comerse el corazón del joven al que poco antes habían torturado y asesinado de varios disparos de ametralladora, sentí un vacío en el estómago y casi me desmayo”. Así relató Wilbert Vega Chaverri parte de su vivencia como rehén de un grupo de policías convertidos en criminales, en febrero de 1992.

Lo que sucedió en las montañas de Talamanca ese año se convirtió pronto en una de las páginas más crueles de la historia policial costarricense. Un grupo de 12 oficiales de la Guardia de Asistencia Rural (GAR) se internó en las montañas con la misión de desarticular bandas narcotraficantes que usaban la zona para cultivar marihuana.

Sin embargo, los oficiales se desviaron de su cometido y, según testigos, lo que allí sucedió fue una atroz acción policial en contra de indígenas y campesinos.

Dos muertos y dos mujeres violadas, además de varias personas que fueron privadas de su libertad, robos y quemas de estructuras, fueron parte de las atrocidades que el denominado Comando Cobra cometió entre el 19 y el 21 de ese terrible febrero de 1992. Pronto se cumplirán 30 años de aquellos violentos actos.

El que miembros de la policía fueran los responsables de los hechos afectó fuertemente a la sociedad costarricense, según recuerda el ex investigador del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) Gerardo Castaing, quien participó de la pesquisa en torno a este caso.

“En esos tiempos los casos graves que ocurrían de alguna manera afectaban a la sociedad costarricense, máxime tratándose de policías, ahí el asunto se agravaba más. Costa Rica estaba pasando de ser una sociedad patriarcal a una sociedad industrializada y este tipo de actos golpeaban duro”, explicó Castaing.

Con él está de acuerdo el periodista Rónald Moya, experto en temas judiciales y de sucesos que cubrió los eventos como redactor de La Nación. “Por parte de la población hubo una ola de repudio y desprestigio a la policía. Si bien es cierto para ese momento hubo esfuerzos para profesionalizar la policía, el caso del Comando Cobra significó a nivel de opinión pública un resquebrajamiento de planes, de posponer y revisar la profesionalización”, recordó el comunicador.

El grupo de oficiales de la GAR tenía la misión de localizar y destruir plantaciones de marihuana en Talamanca, pero la encomienda se desvió hacia actos criminales.

Los hechos de Talamanca tardaron cinco días en darse a conocer de manera pública. Fue hasta el miércoles 26 de febrero que la prensa daba nota de la muerte de los dos hombres y ahí comenzó a sonar el nombre de Comando Cobra, un grupo de oficiales de la GAR que estaban encargados de combatir el narcotráfico pero en su lugar cometieron crímenes que luego fueron castigados con penas de cárcel y hasta con el señalamiento de la Comisión Costarricense de Derechos Humanos, la cual denunció que se pudieron evitar los abusos cometidos por el comando, entre ellos violaciones y maltrato de niños, según informó La Nación en su cobertura.

Misión y preparación

En primera instancia la denuncia interpuesta por nueve personas, el domingo 23 de febrero en la delegación del OIJ de Limón, afirmaba que hubo un doble crimen, además de que algunas personas fueron privadas de su libertad y obligadas a drogarse.

Sin embargo, el parte oficial del comando de la GAR afirmaba que en un enfrentamiento con presuntos narcotraficantes, dos de ellos habían fallecido y que un policía había resultado herido.

El Comando Cobra tomó su celebridad negativa muy pronto: los costarricenses de la época señalaban los crímenes y pedían justicia a la brigada dirigida por el teniente Minor Masís Artavia y sus compañeros Ricardo Alvarado Garro y Manuel Sarmiento Argüello; quienes cuatro años más tarde recibirían condenas por sus actos.

El comando de la GAR tenía una misión muy clara: realizar el operativo denominado Nueva Talamanca cuyo fin era la detección y destrucción de plantaciones de marihuana en la zona alta de Talamanca. La tarea en un principio estaba pactada para durar 15 días, tiempo que fue cortado violentamente por los actos del grupo. El director de la GAR le asignó al comando la misión de entrar a las reservas indígenas de Talamanca, Telire y Chirrripó para realizar la búsqueda y destrucción de las plantaciones.

La orden de operaciones hecha por el Ministerio de Seguridad Pública y firmada por el director de la GAR y el viceministro de Seguridad afirmaba que los efectivos iban fuertemente armados y preparados para cualquier situación que presentara peligro, explicó La Nación en una de sus notas de seguimiento.

El teniente Masís era el oficial a cargo y en los segundos mandos se ubicaban los sargentos Sarmiento y Alvarado.

Masís tenía amplia experiencia como policía. En su expediente se reflejaba que realizó un curso básico para oficiales de infantería y que el entrenamiento lo hizo en la Escuela de las Américas, en Panamá. Además se graduó como experto en el manejo de subametralladoras M16.

“Los oficiales asignados eran policías eficientes”, recordó Moya. El periodista afirmó que para esos años y siendo Luis Fishman el ministro de Seguridad, se había montado una campaña de profesionalización de las policías. “Había empezado a sentirse mucho la presencia del narco en la zona de Talamanca con sembradíos de marihuana y el Gobierno se había empeñado en destruir las plantaciones”, contó.

Según explicó Castaing, había una estructura diferenciada de las policías: la urbana o metropolitana y la periférica o rural. “Había un pensamiento de algunos políticos de ese entonces en diferenciar las policías según las necesidades de los pueblos. Así surgió la GAR”, comentó el especialista.

Torturas y cargos

Tras la denuncia, los miembros del Comando Cobra fueron detenidos por agentes del OIJ el 24 de febrero, pues al salir de la montaña sus integrantes pasaron a un bar en Moín. Días después el comando fue acusado de homicidio calificado y de abuso de autoridad.

Según las declaraciones de víctimas y testigos, cuando el grupo policial ingresó a la zona arrestó a varios hombres con el fin de que sirvieran como baqueanos y los acompañaran en la búsqueda de las plantas de marihuana; además los obligaron a cargar con el equipo de supervivencia. Estos indígenas fueron capturados el miércoles 19 de febrero, primer día de la misión.

Dos días después, el viernes 21, dos personas perdieron sus vidas a manos del comando.

A Rolando lo topamos en la montaña de Cunabre y se le tiraron encima, traía un saco con marihuana, de inmediato lo agarraron a patadas, leñazos, le daban durísimo con el cañón de las ametralladoras, fue espantoso”.

—  Wilbert Vega, testigo.

A un hombre joven que se topó de frente con la avanzada, el grupo le disparó una vez. En apariencia cargaba un saco con marihuana y al ver a los policías trató de huir. Tras ser herido de bala y caer al suelo ensangrentado, uno de los oficiales le disparó dos veces más en el pecho, asesinándolo.

Los rehenes fueron obligados a tirar el cuerpo de la víctima a un guindo.

Horas después, los Cobra detuvieron a otra persona. Se trataba de Rolando Watson, conocido en la zona como Marañón. La situación fue parecida ya que Watson también cargaba un saco con lo que supuestamente era marihuana, así que el comando lo detuvo y comenzó la tortura.

“Nos agarraron el miércoles 19 y a ese joven y a Rolando los asesinaron el viernes 21. (A Rolando) Lo topamos en la montaña de Cunabre y se le tiraron encima, traía un saco con marihuana, de inmediato lo agarraron a patadas, leñazos, le daban durísimo con el cañón de las ametralladoras, fue espantoso”, explicó en su declaración Wilbert Vega.

“Se fumaron varios puros (de marihuana) enormes, una vez drogados agarraron al detenido y siguió la pesadilla. A nosotros nos obligaron a fumar.

”Watson lloraba, gritaba que lo dejaran en paz, lo esposaron a un árbol y lo golpearon”, agregó Vega a su relato, el cual fue replicado por La Nación.

Agregó además que uno de los oficiales dijo: “Ahora van a ver de lo que somos capaces, aprendan y escarmienten”. Acto seguido le disparó con la ametralladora a Watson en el pecho.

“No se cansaba Masís de decir que contaban con licencia para matar”, dijo el rehén, a quien obligaron con la ayuda de otro detenido a tirar el cadáver de Watson a otro guindo.

En la declaración, Vega contó que en Alto Cuen el comando maltrató a varios lugareños y que incluso golpearon a una niña de cinco años para que su mamá les diera información sobre la ubicación de las plantas de marihuana. Agregó, además, que el grupo había violado a dos mujeres.

El periodista de La Nación Nicolás Aguilar, destacado en el lugar, hizo un recuento de los hechos a partir de entrevistas con lugareños y testigos.

“El arribo del comando a Cartagena de Vesta se produjo el miércoles 19 de febrero a las 11 a. m., vestidos con traje militar, la mayoría corpulentos. Se encontraron a Wilbert, luego a cuatro hombres más trabajando y luego se encontraron a seis hombres que cortaban madera, allí estaban las mujeres de 15 y 24 años que cocinaban para los aserraderos”, escribió en la nota.

Y prosiguió: “Ahí también amedrentaron a los hombres, pocos minutos después las mujeres fueron llevadas a un playón del río y solo sus gritos dieron cuenta de lo ocurrido, las estaban violando, pensaron”.

Tras su detención, el comando confirmó las muertes. “No negamos los hechos, diay ahí están los muertos, pero las circunstancias en que se produjeron las muertes fueron muy distintas a lo que dijeron los testigos”, había dicho Masís en su celda preventiva en la Unidad de Admisión Sandoval, en Limón. “Nosotros no somos asesinos ni caníbales”, agregó.

Para inicios de marzo de 1992, los cargos en contra de los policías aumentaron: violación de domicilio, robo agravado, concusión, privación de libertad agravada y violación. Además, tras la investigación del OIJ, se logró identificar a la primera víctima del grupo: Julio Trejos Obando, trabajador de Aguas Zarcas de Upala, de 21 años.

Ahí también amedrentaron a los hombres, pocos minutos después las mujeres fueron llevadas a un playón del río y solo sus gritos dieron cuenta de lo ocurrido, las estaban violando, pensaron”

—  Reconstrucción de los hechos por el periodista Nicolás Aguilar

Sin embargo, los jefes del comando seguían afirmando su inocencia y atribuyeron las muertes a defensa propia.

La investigación de los agentes judiciales reveló, por medio de un examen de balística, que el arma UZI 216 usada para ultimar a Watson pertenecía a Masís, pero no estaba registrada en el Ministerio de Seguridad.

El último día de marzo de 1992 quedaron libres seis miembros del Comando Cobra. Ellos fueron procesados por privación agravada de libertad, hurto agravado y encubrimiento a favor de sus jefes.

Justicia llegó cuatro años después

En abril de 1996 el comando enfrentó a la justicia. Los testigos y ofendidos fueron trasladados en helicóptero hasta la sala de debates del Tribunal Superior Penal de Limón.

En total fueron juzgados 11 miembros del grupo, ya que uno estaba en estado de rebeldía. El panel estaba presidido por los jueces Carlos Porras, Vinicio Castillo y Celso Gamboa; participaron 25 testigos más dos intérpretes de lenguas indígenas porque algunos de los entrevistados eran nativos del idioma cabécar.

“Nos agarraron el miércoles 19, yo estaba chapeando. Uno me encañonó, me dijo que teníamos que ir con ellos a la montaña a detener a gente que tenía la droga. Nos detuvieron a Wilbert, a Máximo Ortega y dos más. Nos largaron varias maletas en las espaldas y nos obligaron a caminar como burros de carga”, recordó Manuel García Ramírez en una entrevista con La Nación.

Otra de las ofendidas también habló con el periodista Nicolás Aguilar. Casimira Morales Martínez, quien denunció una violación en contra suya y de su hermana Melania, recordó lo sucedido en la montaña.

“Melania y yo éramos cocineras de un campamento en Javui. Yo recuerdo que ese grupo de hombres llegó con muchas armas y empezó a amenazar a los hombres que había en el campamento. Nos decían que teníamos que ir con ellos porque sino nos mataban. No queríamos hacerlo, pero tuvimos porque seguían diciendo que nos mataban. Uno de ellos alto y grueso me llevó a una parte donde había mucho monte, me tiró al suelo, me quitó toda la ropa.

”Melania se quedó sola en el campamento con otro de los policías, yo no pude defenderme, estaba con mucho miedo. Ese hombre alto hizo lo que quiso conmigo y lo mismo con mi hermana”, contó la mujer.

El juicio siguió su curso, pero con algunos problemas. El debate se tuvo que suspender porque uno de los abogados defensores, el representante de Masís, renunció a la causa. El 25 de abril se retomó el debate con la defensa aduciendo que hubo contradicciones en los testimonios de los testigos.

Días después, el 2 de mayo, los expolicías señalados incriminaron al jefe del Comando Cobra, Minor masís, como el autor de los hechos.

El grupo cometió ‘viles actitudes que se reflejan de manera palpable en el trato a los indígenas, en la prepotencia con que se actuó y en el desprecio generalizado a mínimos valores humanos’”.

—  Sentencia del caso Comando Cobra

El 7 de mayo se dictó sentencia. Masís fue declarado culpable de tres delitos de privación de libertad, un delito de concusión, una violación y el homicidio calificado de Rolando Watson Suárez, por lo que se le dictaron 42 años de prisión, que para ese entonces se reducían a 25 por ser la pena máxima del momento.

Manuel Sarmiento fue declarado responsable del homicidio simple de Víctor Trejos, una violación y tres privaciones de libertad. Fue condenado a 32 años para cumplir 25.

El tercer condenado fue Ricardo Alvarado contra quien el tribunal dictó cinco años de cárcel por la violación de Melania. Los ocho oficiales restantes salieron libres.

Masís y Sarmiento cumplirían su condena en La Reforma.

Montaña traicionera

Gerardo Castaing explicó, basado en su experiencia, lo que cree pudo haber sucedido en la montaña para que los policías enviados a acabar con la siembra de marihuana hayan desviado sus acciones hacia los delitos.

“Las montañas espesas, después de cierto tiempo, generan un cambio psicológico y mental en los seres humanos, ya sea que se estén moviendo de forma voluntaria o involuntaria (cuando alguien se pierde). Siempre se sufren cambios. Las montañas de Talamanca son agrestes, hay peligros de ser atacado por animales, también la montaña en si produce una serie de cambios en el organismo como la deshidratación que puede afectar la manera de pensar”, afirmó.

El exagente explicó que al haber sido un trabajo táctico, el operativo se complicaba, dado que el grupo se podía enfrentar a traficantes armados.

“Al ser un trabajo de lucha en contra de las drogas no se podía enviar a cualquier policía, eso hubiera sido inconveniente, no viable. Por eso se formaban grupos especiales que entraran a la montaña y ubicaran por medio de informantes o exploración a las plantaciones de marihuana”, comentó Castaing.

“Así se forma el grupo de la GAR con capacitaciones en la Escuela de las Américas, que es de tipo militar. Históricamente policías de Costa Rica han ido ahí para capacitarse en distintas áreas, una de ellas son los patrullajes en junglas, la navegación terrestre y conocimientos básicos de infantería. Ellos (Comando Cobra) habían sido capacitados ahí”, aseguró Castaing.

“Por mi experiencia puedo decir que lo que ahí pasó es que ingresaron y al tiempo de estar en la montaña el comando estaba totalmente solo, podían tomar sus propias decisiones porque no había comunicación con los superiores en el exterior. De alguna manera se deterioró el pensamiento porque los controles inhibitorios, la soledad, la lejanía y el poder los llevó a cometer los delitos”, confirmó el especialista, quien también es criminólogo forense y fungió como jefe del OIJ.

“Es un caso esencial, importante, porque en primer lugar en aquella época el país se sorprendió por la situación tan atroz, sobre todo por tratarse de policías. Hasta lo que recuerdo no hubo una situación igual ni hubo otra después”, finalizó el periodista Moya.

Los sentenciados

Masís, Sarmiento y Alvarado cumplieron con sus condenas. El Ministerio de Justicia y Paz confirmó que ninguna de estas tres personas está sujeta a las órdenes de Adaptación Social.

La Nación informó que Masís salió de prisión el 17 de febrero del 2012. De él se volvió a escuchar en julio del 2019 cuando fue detenido en Río Cuarto de Alajuela por vínculos con el autodenominado Comando Frente Patriota 7 de Julio, grupo que fue investigado por la grabación de videos y difusión de amenazas contra el presidente Carlos Alvarado y los diputados del país.

Masís fue aprehendido en la finca La Trinidad, que es de su propiedad. En ese momento La Nación informó de que el lugar era usado al menos por 15 integrantes de dicha agrupación, que difundió en redes sociales un mensaje donde se hacían llamados a la violencia y a un golpe de Estado.

En esa ocasión trascendió que Masís tuvo un problema de presión sanguínea durante su detención, por lo cual fue trasladado con custodia a la clínica de Aguas Zarcas. Horas después fue llevado a la Fiscalía de San Carlos.

El Comandante Cobra, como se le conoció a Masís, además había sido indagado en enero de 1996 junto con Álvaro Sequeira (líder del Frente Patriota 7 de Julio) como parte de la investigación del secuestro de la suiza Regula Susana Siegfried y la alemana Nicola Fleuchaus, en Boca Tapada de San Carlos. De ese caso salió bien librado, pues no se pudo vincular con el hecho.

De los otros dos integrantes del Comando Cobra condenados no hay actualización sobre sus vidas privadas.

El Comando Cobra dejó detrás de sí una estela de sangre, así como un gran aprendizaje social y policial. En la sentencia del caso, los jueces consideraron que fue “una odiosa aventura”, además de que estimaron que el jefe y el subjefe del grupo cometieron “viles actitudes que se reflejan de manera palpable en el trato a los indígenas, en la prepotencia con que se actuó y en el desprecio generalizado a mínimos valores humanos”.

Jessica Rojas Ch.

Jessica Rojas Ch.

Bachiller en periodismo de la Universidad Internacional de las Américas. Cubre temas de música nacional e internacional, además de informaciones de entretenimiento.