Revista Dominical

15 obras de patrimonio arquitectónico para redescubrir en Costa Rica

El Castillo del Moro, la Casa González Feo, los edificios de la United Fruit Company, la casa de Jesús Jiménez... Algunos de los inmuebles más emblemáticos de Costa Rica están ahí, esperando que los volvamos a ver. Le invitamos a conocerlos

Costa Rica cuenta con 382 obras arquitectónicas declaradas patrimonio en las siete provincias del territorio. Centros educativos, religiosos, médicos y culturales confluyen con viviendas de expresidentes y otras figuras emblemáticas de la historia tica. No obstante, 15 edificaciones destacan entre todas por su singularidad, según una selección elegida por Diego Meléndez, director del Centro de Patrimonio Cultural, a solicitud de este diario.

De acuerdo con la entidad adscrita al Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ), el patrimonio es el conjunto de bienes y expresiones culturales que hemos recibido de nuestros antepasados y que atestiguan las relaciones de los seres humanos. Abarca el territorio del país y la historia que se desarrolló en él, acumulada en forma de leyendas, tecnologías, conocimientos, creencias, arte y sistemas de producción y organización social.

El “Patrimonio Histórico Arquitectónico” son las propiedades inmuebles, edificios particulares, instalaciones industriales, casas conmemorativas de personas notables del pasado, monumentos, cementerios y tumbas, sitios arqueológicos y paisajes culturales, entornos artificiales y hábitats naturales significativamente alterados por el ser humano, hechos por el hombre e importantes desde el punto de vista histórico o cultural.

Para esta selección se tomó en cuenta la “singularidad” de los inmuebles, entre los que se encuentran colegios, hospitales y asilos que, aunque sean públicos, tienen acceso restringido y depende de sus administradores permitir o no el ingreso. En cuanto a edificios privados como viviendas, no hay acceso para personas extrañas a sus propietarios; y privados, como los templos, por lo general están abiertos a visitantes.

A continuación, conozca cada obra, su ubicación y motivo por el que destaca entre las demás (en palabras de Meléndez), así como la razón por la que fue declarada patrimonio, según cada decreto ejecutivo.

Se trata de una obra neomudéjar del arquitecto catalán Gerardo Rovira, con detalles y relieves de estilo mudéjar y azulejos geométricos y figurativos importados de España. Fue residencia de Anastasio Herrero Vitoria y de la familia del arzobispo Rodríguez Quirós.

Fue declarado patrimonio el 13 de octubre del 2000 por haber sido construido en la primera mitad del siglo XX y constituir el ejemplo más representativo de la arquitectura de influencia mudéjar en el país.

También se le considera porque su volumetría y características arquitectónicas particulares, lo convierten en un edificio sobresaliente en su entorno, y un hito urbano del barrio Amón.

Esta es una casa de madera de estilo victoriano de principios del siglo XX, ampliada en ladrillo por Mario González Feo, decorada por su hermana Luisa González de Sáenz, su sobrino Guido Sáenz y con murales del pintor, grabador y escritor costarricense, Francisco Amighetti.

Fue declarada patrimonio el 26 de noviembre de 1997 por representar una destacada muestra arquitectónica dentro del barrio Amón, en la que se plasman dos momentos constructivos: una parte de madera con influencia victoriana hecha a principios del siglo anterior y otra con ladrillo realizada en distintos momentos desde mediados de la década de 1950.

“La residencia conserva una serie de elementos decorativos y arquitectónicos que le otorgan un notable valor artístico, entre ellos los mosaicos con motivos de El Quijote, confeccionados por Guido Sáenz, los murales que reproducen los frescos del Giotto en la capilla de la Arena de Padua, Italia, obra de Francisco Amighetti, las pinturas de Gonzalo Morales y los vitrales hechos por Luis González”, agrega el decreto.

Es una obra de estilo neorrenacentista del ingeniero y arquitecto Lesmes Jiménez Bonnefil, graduado en Bélgica. Se trata de un inmueble de gran valor arquitectónico, histórico y simbólico por abocarse, hasta la fecha, a la educación de las mujeres.

Fue declarado patrimonio el 21 de abril de 1981 por ser una de las primeras educaciones del Estado y estructurar un plan de enseñanza superior que marcó el inicio de la preparación de la mujer costarricense, así como por preparar intelectuales de gran valía y ser el colegio modelo de épocas posteriores en la enseñanza.

“Es un edificio de gran valor arquitectónico en nuestro país de tipo renacentista, perteneciendo al grupo de edificios monumentales, como son el Teatro Nacional, la catedral metropolitana, el Palacio Arzobispal; estilo que marcó toda una época en la construcción costarricense de finales de siglo.

“Su fachada es del orden dórico, con un orden superpuesto corintio ejecutado en piedra, cuya fachada está perfectamente balanceada, tanto sus ejes verticales como horizontales, elementos clásicos en el renacimiento”, agrega la declaratoria.

Fue construido como correccional de menores a fines del siglo XIX, constaba de dos pabellones enfrentados de dos plantas, con patio central. Actualmente solo el pabellón oeste mantiene los dos niveles, y si bien muchos de sus detalles de fachada originales han desaparecido, continúa siendo un inmueble emblemático.

Se declaró patrimonio el 11 de noviembre de 1981 por ser símbolo de la preocupación del Estado por contar con establecimientos modernos y humanos para el tratamiento de la delincuencia juvenil; en los gobiernos de José Joaquín Rodríguez y Rafael Yglesias.

En el año 1903 se destina para sede del Liceo de Costa Rica; institución con que don Mauro Fernández inició su reforma educativa en 1887 y en la que se prepararon intelectuales de gran valía para el desarrollo democrático del país. El edificio fue diseñado por Lorenzo Durini, arquitecto italiano contratado para trabajar en la construcción del Teatro Nacional de Costa Rica.

Se trata de una obra única en el país, construida con un sistema prefabricado en Bélgica y ensamblado sobre cimentación de ladrillo en lo que eran las afueras de San José, a fines del siglo XX. Consta de dos escuelas alrededor de dos patios, con un salón de actos compartido en el centro.

El 30 de junio de 1980 se declaró reliquia de interés histórico y arquitectónico nacional el inmueble de las “Escuelas Graduadas”, conocido como “Edificio Metálico”, y su restauración y mantenimiento quedó en manos del Ministerio de Educación, bajo la supervisión y dirección del Departamento de Patrimonio Histórico del Ministerio de Cultura y Juventud.

Esta iglesia de estilo neogótico diseñada por Teodorico Quirós, destaca por traducir al concreto el lenguaje de las catedrales góticas de piedra.

Fue declarada patrimonio el 31 de octubre de 2006 por ser uno de los mejores ejemplos de la arquitectura religiosa de influencia neogótica, construida en la tercera década del siglo XX, y constituir un valioso documento y testimonio de la historiografía de la arquitectura y la construcción en Costa Rica.

“Esta edificación, como obra material, logra trascender el plano urbano espacial y se constituye como imagen significante que ha conformado y arraigado sentimientos de pertenencia e identidad en los habitantes de su comunidad en particular y de todo país.

“Posee valores de excepcionalidad, integridad y autenticidad que ameritan su protección y conservación para el disfrute de las actuales y futuras generaciones de costarricenses. Los jardines que conforman el inmueble constituyen el vínculo y correspondencia de éste con el contexto urbano que lo contiene, específicamente el Parque y el Palacio Municipal”, dice el decreto.

Es el primer gran hospital construido en las afueras de la ciudad de fines del siglo XIX. Su primera fachada de estilo neorrománico fue obra de Francisco Tenca, posteriormente modernizada en estilo más simple, con secciones en Art Decó. Además, posee edificios internos muy interesantes.

Fue declarado patrimonio el 20 de setiembre de 1994 porque su construcción se logró por el esfuerzo del sector eclesiástico, la participación del Gobierno y la gran colaboración de la población de diferentes barrios y comunidades del Valle Central.

También porque, durante varias décadas, fue el único centro de salud al que podía asistir cualquier individuo de la sociedad costarricense y en sus diferentes edificaciones participaron sobresalientes ingenieros y arquitectos del país, como León Tessier, Augusto Fla-Chebba, José Francisco Salazar y José María Barrantes.

Se trata de una interesante capilla con fachadas de piedra y ladrillo, con pinturas de Paolo Serra en su interior.

Fue declarada patrimonio el 19 de octubre de 1998 por cumplir una destacada función social y espiritual para las personas de la tercera edad albergadas en esa institución, así como para la comunidad religiosa y los vecinos del sector.

“Es uno de los exponentes de inmuebles neoclásicos, construida por el ingeniero de origen francés León Tessier y el Arq. Fla Cheba, en donde a la par de los valores arquitectónicos del inmueble, se destaca la riqueza de las obras pictóricas del artista Paolo Serra, autor de algunas de las pinturas del Teatro Nacional”, agrega.

Esta edificación destaca por ser de corte utilitario, con dos pabellones de dos plantas rodeados de pasillos cubiertos y una estructura de hierro en sus techos, con el fin de proteger las instalaciones del clima de Limón.

Cuenta con estructura metálica en sus paredes exteriores en ladrillo a tizón y soga, y los interiores corresponden al sistema constructivo conocido como bahareque francés (malla metálica recubierta a base de cal y arena). En su parte interna está conformada por paredes de madera.

Fue declarada patrimonio el 20 de enero de 1999 por ser un testimonio de la arquitectura monumental de la época y, con su gran volumetría y tipología constructiva, un exponente del poderío de la United Fruit Company y su influencia en la conformación del contexto urbano de la Región Atlántica de Costa Rica.

Así como por ser de suma importancia en el manejo de la producción bananera, funcionando para el almacenaje de la producción en el centro de la ciudad.

Esta es una interesantísima casa de madera forrada en su totalidad en láminas troqueladas de metal. Se conserva en muy buen estado y fue construida después del terremoto de 1910.

Además, en ella vivió el expresidente de la República y Benemérito de la Patria, Jesús Jiménez Zamora, padre de la educación gratuita y obligatoria en el país.

Es una de las estructuras más emblemáticas de Cartago y está ubicada en avenida 3a, entre calles 4a y 6a, en el centro de la ciudad.

Fue declarada patrimonio el 12 de marzo de 1985 y posteriormente designada monumento nacional el 14 de agosto de 1997.

Es de las pocas casonas de arquitectura de tierra con dos plantas que aún se mantiene en pie.

Fue declarada patrimonio el 26 de noviembre de 1998 porque en el país la utilización de la tierra como material de construcción fue de gran aceptación por varios siglos, principalmente para las técnicas del adobe y del bahareque.

La casa representa uno de los elementos más significativos del paisaje urbano local y, para la comunidad de San Gabriel de Aserrí, constituye una parte muy ligada a su identidad como localidad rural, cohesionada por aspectos culturales muy homogéneos.

Es de las pocas casas en el país que se construyeron únicamente con tablones enormes de madera ensamblados por medio de cortes en las esquinas, sin necesidad de usar clavos. Actualmente es una vivienda privada sin acceso al público.

Fue declarada patrimonio el 25 de mayo de 2005 por ser uno de los exponentes de cómo el humano, a través de su ingenio y mediante la utilización de los recursos que se tienen a la mano, puede resolver una de sus necesidades básicas: el techo.

“La memoria colectiva y otros documentos históricos nos demuestran que la casa, construida por don José Cubero Muñoz, es una construcción centenaria, lo cual es confirmado por los materiales y sistema constructivo empleados, denominado ‘de viguetas’ o ‘de trozas’.

“Se considera que esta vivienda es la pieza arquitectónica existente más antigua de este lugar y que su sistema constructivo, hace muchos en desuso, hace de ella un caso singular de nuestra arquitectura y de especial importancia para la historiografía costarricense”, reza el decreto.

Otra de las pocas sobrevivientes de este sistema, que abundaron en las faldas del volcán Irazú en el siglo XIX. Se puede armar y desarmar, pues es ensamblada.

Fue declarada patrimonio el 18 de abril 1994 porque funcionó como la primera escuela de Pacayas en el siglo XIX. Además, fue construida por Narciso Masís, uno de los fundadores de la región.

Este edificio de estilo neogótico simplificado, construido totalmente en piedra, es muy poco común en el país.

Fue declarado patrimonio el 26 de abril de 2002 por constituir un ejemplo de utilización y adecuación de lenguajes arquitectónicos de influencia foránea, materializados de forma creativa y particular, “cuyas características lo sitúan como ejemplo excepcional de sincretismo local o criollo”.

“Se constituyó como hito generador de crecimiento y consolidación urbana, a partir del cual se desarrolló el actual barrio El Carmen y sus alrededores. Representa valores de autoreconocimiento y pertenencia en la comunidad que lo produjo. Además, actúa como documento y memoria de la época en que la ciudad inició su etapa de crecimiento demográfico y urbano a partir de la llegada del ferrocarril”, señala la declaratoria.

Se trata de una iglesia que ha sido reconstruida varias veces luego de venirse abajo por terremotos.

Conserva los detalles de las iglesias coloniales, como lo son los gruesos muros de calicanto, las cubiertas de teja, las columnas internas de madera, además de interesantes imágenes antiguas. Fue restaurada recientemente por el Centro de Patrimonio Cultural, utilizando tecnología de fibras de carbono.

Fue declarada patrimonio el 28 de setiembre de 1995, ya que en se lugar se levantó la primera iglesia de Nicoya en 1644, estando al cuidado de la orden franciscana.

El templo actual es de ladrillo y fue reconstruido durante el siglo XIX y restaurado a mediados del siglo XX. La estructura y su parque alrededor “forman una unidad indisoluble, de valor patrimonial”.

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