Por: Danilo Jiménez.   8 marzo

Vladimir Quesada ha ido y venido por el banquillo del Saprissa, pero ello no lo inmunizó contra las broncas y desencantos de la actual gestión.

En esta nueva pasantía -al final quedará en eso- las estrellas lo iluminan al revés porque en lugar de un hombre de fútbol pareciera que estamos en frente de un mal polemista.

Y no es culpa de Vla, un tipo noble que lleva por tercer nombre Trinidad -esas costumbres de antaño en nuestras familias- sino del virulento entorno que rodea a la figura pública que significa ser DT de la S.

Todo empezó con un hecho aislado, la licencia A para dirigir, pero creció a medida que en el “horizonte morado” se asomaron los verdaderos desafíos que deberían ocuparlo.

Hablamos del liderato, el estilo y la calidad de juego -claves en Saprissa, en donde hay que ganar jugando bien- y la Concachampions.

El equipo no juega bien, más allá del liderato, porque perdió los buenos modales que distinguieron al profe Watson como el gusto por el juego profundo, que tuvo en Colindres a su figura exponencial.

Fracasar en Concacaf de manera escandalosa, aunque se intentara maquillar con el 1-1 en el Azteca ante el América, facturó muy caro e hipotecó el destino inmediato del timonel de 51 años y seis veces campeón como futbolista.

En medio de aquella paliza infernal se le cuestionó su capacidad para hacer un planteo, la grada bramó furiosa y pidió a Paté Centeno, y se le desacreditó para seguir al frente.

Encima dio una pálida impresión cuando aseguró desconocer el malestar de Bengtson por el escaso protagonismo porque, como dijo el catracho, como Honduras no va al Mundial, no es rentable alinearlo.

Pero igual lo sigue marginando, a pesar de cobrar uno de los salarios más elevados de la planilla y de alimentar en la mente de muchos -me incluyo- la creencia de que con un planteo más ofensivo este delantero sería un goleador serial.

Vladimir fue un tipo correcto siempre, como lateral de febriles cabalgadas por el callejón derecho de la cancha, que muchas veces terminaron en gol.

Se alió con la regularidad y se abrió un hueco en la historia del Saprissa, que pesó para ser convocado al equipo de inmortales que se tatuó la palabra gloria en la piel en Italia 90′, en donde Bora no lo alineó.

Los saprissistas lo quieren ver en la línea de fuego futbolera, prendido en defensa de los valores que engrandecieron al equipo y llenaron la casa de trofeos. Quizá sea tiempo de ver para dentro y establecer qué anda mal. Siempre se puede...