Antonio Alfaro. 30 abril, 2018
La policía o los bomberos

Llamar a los bomberos es cosa común en estas circunstancias. Alguien que apague el incendio, el gerente que asume, el asistente que salva una y otra vez, el técnico experimentado que trabajaba tranquilo en liga menor. Llamar a la policía es otra cosa, como sucedió en Alajuelense la noche de este domingo. Luego del juego en Guápiles el equipo fue puesto en sobreaviso: un grupo de aficionados esperaba al bus manudo en las afueras del estadio. Advertidos, esquivaron el momento ingresando al Morera Soto por otro sector. No había forma, sin embargo, de que cada quien saliera hacia su casa sin sacar el vehículo por el portón donde aguardaban los molestos seguidores. A sabiendas de que en días anteriores, varios aficionados habían increpado a Dos Santos agresivamente con insultos, la Liga optó por llamar a la policía.

p.d. Lo lamento: el fútbol no da para tanto.


Aquiiiii Columbia

Sonó el pitazo final y consumado el despilfarro del 3 a 0 en el clásico, unos y otros buscábamos explicaciones. "¿Dónde están los asistentes?", preguntaba Eduardo Solano, en la transmisión de Columbia. Con buen tino, el director de Deportivas Columbia introducía un elemento más a los desaciertos del timonel Nicolás dos Santos, para entonces en boca de todo el país futbolero, en el madrazo del aficionado manudo, el análisis del periodista, el lamento del directivo. Para entonces, era casi unánime la crítica por las sustituciones de Luis Garrido y Róger Rojas. La primera era culpable de buena parte del desbalance alajuelense; la segunda, como mandada a hacer por el Saprissa, permitió al cuadro morado una salida placentera. "¡¿Pero dónde están los asistentes?!", volvió a preguntar Eduardo Solano. Muy buena pregunta, Eduardo. Busqué una respuesta para este #LoQueLasNoticiasNoDicen, con algunos detalles que nadie dice ante un micrófono encendido.

Previo a la salida de Garrido (5), los morados como Colidres se veían rodeados de Alajuelenses. Fotos: Mayela López
Previo a la salida de Garrido (5), los morados como Colidres se veían rodeados de Alajuelenses. Fotos: Mayela López
Dicen que no se debe arreglar, lo que no está descompuesto. Con la salida de Garrido en el clásico, tres puestos recibieron ajustes: Sequeira pasó de la derecha al centro; López pasó de la izquierda a la derecha; y Cordero ingresó de cambio al lado izquierdo. Solo Cubero mantuvo su posición. Fotografía tomada del video del Clásico Nacional emitido por de Repretel.
Dicen que no se debe arreglar, lo que no está descompuesto. Con la salida de Garrido en el clásico, tres puestos recibieron ajustes: Sequeira pasó de la derecha al centro; López pasó de la izquierda a la derecha; y Cordero ingresó de cambio al lado izquierdo. Solo Cubero mantuvo su posición. Fotografía tomada del video del Clásico Nacional emitido por de Repretel.
¡Agrande! (primera parte)

—¡Agrande! ¡Agrande! —gritó Cristian Oviedo, en la zona técnica, al lado de la línea lateral, territorio extraño para los asistentes de la Liga en este torneo. En aquel partido, uno de tantos de la primera fase, él quiso aportar. Pidió a un zaguero que retrocediera hacia el propio marco, antes de que el pelotazo rival se convirtiera en amenaza, en ese terreno de nadie, donde los defensas son superados por el balón aéreo y el arquero aún está lejos para intervenir. Aquello no pasó a más, hasta que al día siguiente, Dos Santos tomó la palabra en el camerino y aclaró el papel del cuerpo técnico durante los juegos: a la zona técnica solo saldrían dos personas: él, a dar indicaciones táctico-estratégicas, y Macías, su coterráneo y hombre de confianza, cuando se tratara de jugadas de bola muerta. Estaba claro el mensaje para Wílmer López y Cristian Oviedo: ¡achiquen!

Nada personal I

No había malas caras, ni rencillas, mucho menos enemistades en el cuerpo técnico manudo. Se hablaban, se saludaban, se respetaban, se escuchaban… ¿Se escuchaban? No es nada personal, pero en materia de decisiones, Dos Santos no compartía sus dudas con Oviedo y López. Aunque al parecer los escuchaba respetuosamente entre semana, lo mismo daba. “Eso no”, por tal cosa, "eso no" por tal otra —según cuentan a lo interno de la Liga—. Tampoco los tomaba en cuenta en los cambios, la parte que al parecer le suele jugar algunas malas pasadas al técnico.

Nada personal II

No sé usted, estimado lector, pero interpreto que Dos Santos sabe parar un equipo (si no, jamás habría terminado la primera fase a dos puntos del líder y con un rendimiento del 61%), pero en cualquier momento se enreda cuando el partido presenta un imprevisto: la posibilidad de volcarle un 2 a 0 a Grecia, el 3 a 0 a favor en el clásico o el hombre de más durante casi una hora este domingo ante el Santos, tienen en común jugadores que terminan jugando en extrañas posiciones. Nada personal.

Un “Twi”: En Guápiles, Garrido terminó jugando como volante ofensivo. Como nuestro periodista Esteban Valverde, yo tampoco entendí.

Esta imagen es una rareza: Wílmer López dándole su opinión al técnico. Pocas veces se vio en el torneo. Sucedió este domingo en Guápiles, luego de que la directiva le pidió al técnico escuchar a sus asistentes. En ese momento, con el equipo rival diezmado por una expulsión, en el banquillo liguista creían que era hora de jugar con dos delanteros y no con uno, como estaban. López fue el
Esta imagen es una rareza: Wílmer López dándole su opinión al técnico. Pocas veces se vio en el torneo. Sucedió este domingo en Guápiles, luego de que la directiva le pidió al técnico escuchar a sus asistentes. En ese momento, con el equipo rival diezmado por una expulsión, en el banquillo liguista creían que era hora de jugar con dos delanteros y no con uno, como estaban. López fue el "designado" para intentar convencer a Dos Santos. No lo consiguió. Foto: Rafael Pacheco
Algo personal I

Javier Delgado no habría aceptado el puesto, en unos de esos cambios comunes, predecibles, casi profetizados, en los que el extécnico, actual gerente, tiene por destino suplir al destituido de última hora. “¿Pero qué tal si Delgado acompaña a Dos Santos en el banquillo, tan solo como asistente, con inicio en el juego ante Santos?” —se planteó un directivo—. La idea estuvo sobre la mesa en la sesión del lunes posclásico. De buenas a primeras, no parecía tan mala idea. Bien acogida por varios, solución casi homeopática, en lugar de una quirúrgica, tan solo enfrentó un inconveniente: Delgado dijo no. Conociendo a Javier, intuyo algo personal: no se sentiría a gusto en la incómoda intromisión; tampoco en la respetuosa sumisión.

Javier Delgado no quería quedar como el gerente que estaba esperando la mínima oportunidad para asumir el equipo. Tampoco aceptó entrar de intruso en el banquillo de Dos Santos.
Javier Delgado no quería quedar como el gerente que estaba esperando la mínima oportunidad para asumir el equipo. Tampoco aceptó entrar de intruso en el banquillo de Dos Santos.
Algo personal II

Un redactor estaba disconforme con mi elección para la cobertura de los Juegos Olímpicos, una difícil decisión, oportunidad merecida por varios, destinada solo a uno. Y no fue para él. Enterado al respecto el gerente de la empresa, con quien aquel redactor tenía afinidad, me dijo algo tan sabio como práctico: “Si yo le doy las llaves de un carro para que lo maneje, no voy a sentarme a la par a decirle cómo manejarlo. En esas decisiones no me meto; usted decide. Si al final, creyera que no maneja bien el carro, tan solo le pido las llaves”. La Liga quiso sentar al gerente al lado del chofer. Al final se dio cuenta que lo mejor era pedirle la llaves.

¡Agrande! (segunda parte)

A Nicolás Dos Santos no le gusta que le digan qué hacer. A ningún técnico, supongo. Después de todo, es a él a quien piden cuentas los directivos, a quien gritan los aficionados, a quien cuestionan los periodistas. Es él quien volverá a Uruguay; no el Pato, ni Oviedo, ni Delgado, ni la Comisión Técnica, ni Ocampo. Dos Santos, sin embargo, parece defender la dignidad y autonomía del director técnico hasta decidir “blanco” cuando le sugieren “negro”.

¡Agrande! (tercera parte)

Cuentan que el técnico suele plantar su equipo desde inicios de semana y así lo hizo después del clásico, sin José Luis Cordero entre los estelares, hasta que el miércoles por la noche, algunos integrantes de la Comisión Técnica, que desconocían lo trabajado en las prácticas, le plantearon varias inquietudes sobre el nivel del “Chama” —como le dicen a Cordero—. A la mañana siguiente, Dos Santos no tardó en incluir al 10 en su alineación, ni titubeó en mantenerlo contra el Santos. ¿Mera coincidencia o ganas de llevar la contraria? Tal vez a Dos Santos no le gusta que nadie más grite ¡agrande! así sea lo que él estaba pensando.

Posdata

La Liga tiene equipo para pelear por el campeonato, si bien es posible encontrar baches en sus jugadores (igual que en Herediano o Saprissa): el gol que increíblemente no mete Guevara, el inconstante redimiento de Meneses, el poco peso de un 10 como Cordero o el desencanchado regreso de Pemberton. En medio de todo, y de todos, Dos Santos tuvo cuatro partidos muy desacertados (en Pérez Zeledón, ante Grecia y Saprissa en el Morera, y en Guápiles). Solo cuatro juegos, pero marcan diferencia.

Con Dos Santos solo conversé una vez, en un Diálogos. Me pareció un señor respetuoso, de buen verbo, preparado, conocedor de fútbol (que le cuesta hacer cambios durante el juego, ya es otra cosa). A su favor, debo añadir que al menos no me dijo un disparate que compitiera con el de Benito Floro (pero ese se los cuento otro día).


Diálogos con el técnico de Alajuelense, Nicolás Dos Santos