Editorial

Editorial: La doble lucha contra la pandemia

La vacunación avanza con éxito, pero su efecto será lento. El renovado y demoledor impacto de la covid-19 en Europa, EE. UU. y otros países debe servirnos de advertencia

La lucha contra la pandemia de la covid-19 se desarrolla actualmente en dos frentes. En uno, el de las vacunaciones, existen razones para el optimismo, pero su efecto no será inmediato; en el otro, el de los contagios, los datos son preocupantes y podrían agravarse rápidamente por dos razones esenciales: la dinámica generada por las aglomeraciones en las dos últimas semanas del pasado año y el riesgo, muy factible, de que mutaciones más virulentas lleguen a Costa Rica.

Gracias a decisiones previsoras de nuestras autoridades de Salud, el país logró asegurarse un suministro de vacunas totalmente confiables, y se convirtió en el segundo de Latinoamérica en comenzar el proceso de inoculación. Este avanza conforme al plan establecido, hasta donde lo permiten las capacidades de los proveedores. Sin embargo, los desafíos logísticos son enormes y lograr que la mayor parte de la población esté vacunada tomará meses. Este tiempo será suficiente para que, si no se toman suficientes medidas de precaución, los casos se disparen nuevamente, con funestas consecuencias.

El país consiguió asegurarse vacunas suficientes para aplicar las dobles dosis a casi 3,5 millones de personas. Ha utilizado tres vías diferentes. Dos de ellas son contratos con consorcios privados de alto prestigio y reconocimiento internacional: Pfizer-BioNTech, que comenzó a suministrarlas el 24 de diciembre, a ritmo creciente, y AstraZeneca-Universidad de Oxford, cuyos envíos tomarán más tiempo en comenzar. La tercera vía, también diferida, es la alianza internacional Covax, impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que se nutrirá, esencialmente, de AstraZeneca-Oxford.

El gran escollo logístico de la vacuna Pfizer es que debe ser almacenada a temperaturas ultrafrías (-70 grados centígrados). Gracias a tres supercongeladores facilitados por la Universidad de Costa Rica y uno por el Instituto Tecnológico, fue posible iniciar de inmediato el proceso de vacunación al personal de Salud y en la «primera línea» de atención en la Gran Área Metropolitana y luego en el resto del país. Además, pronto llegarán 14 más adquiridos en China, y el proceso alcanzará entonces un carácter masivo, que será reforzado y ampliado por las otras fuentes. Es algo para celebrar, tanto por su impacto directo como por lo que nos dice de la capacidad nacional para articular estrategias de salud con amplio impacto.

La vacuna de AstraZeneca-Oxford, además de más barata, puede almacenarse en congeladores normales, lo cual facilitará la aplicación. Sin embargo, tardó más en cumplir con las pruebas necesarias para la autorización.

Mientras la campaña nacional de vacunación alcanza a suficientes personas como para frenar el avance del virus, pasarán meses. En el ínterin, podrían acelerarse los contagios. Las señales, en este sentido, son preocupantes. Según informamos en nuestra edición del miércoles 13, en la primera semana de enero, el número de personas infectadas creció un 11 % en relación con las dos últimas semanas del 2020, con incrementos aún mayores en ciertas zonas del país. Esto obligó a que 14 cantones hayan pasado de alerta amarilla a naranja.

Quizá este repunte se deba exclusivamente a la dinámica social y comercial de fin de año. En tal caso, bastará con mantener los cuidados seguidos hasta ahora para frenar el avance. Sin embargo, el enorme incremento de los casos, hospitalizaciones y muertes en Europa, Estados Unidos y varios países latinoamericanos es una advertencia muy cercana de lo que podría ocurrir si no aumentamos las precauciones en todos los frentes, sobre todo el del comportamiento individual. Es lo menos que podemos hacer para evitar que el sistema de salud colapse o que el gobierno se vea obligado a reimponer restricciones que afecten gravemente la lenta recuperación económica en curso.

Quienes crean que las vacunas son la solución inmediata están equivocados. A corto plazo lo que se necesita son mayores previsiones, que nos corresponden a todos. Si logramos mantener su eficacia mientras las inmunizaciones se generalizan, saldremos bien librados. Tenemos las condiciones para lograrlo, pero cualquier descuido puede ser fatal.

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