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Vuelta al futuro entre los diputados

Como el tiempo apremia y la atención falta, se impone ser selectivos, con clara noción de tiempos, costos y beneficios

Superada, tras su renuncia, la refriega política que generó el nombramiento de Ottón Solís representante ante la OCDE, es hora de que la Asamblea Legislativa regrese al futuro: del país, aclaro. Esto implica concentrarse en las iniciativas capaces de impulsar estabilidad y desarrollo, aunque sin renunciar al control político ni desconocer que estamos en época electoral.

Como el tiempo apremia y la atención falta, se impone ser selectivos, con clara noción de tiempos, costos y beneficios. Por esto, propongo dar prioridad a dos iniciativas: el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el tren eléctrico metropolitano.

Al texto del convenio ya solo le falta el segundo debate. Espero que alcance los 38 votos requeridos y se allane el camino para seguir con los proyectos que le darán sustento. Por el momento, el de empleo público, su santo grial, está en consulta de constitucionalidad.

Completar la ruta es clave no solo por el crédito del FMI. Tan o más importante es que bajarán los intereses para el financiamiento público y privado, y podremos avanzar en la ruta hacia la consolidación fiscal. Sin ella, la reactivación económica, de darse, será anémica. Por suerte esta discusión ha madurado sustancialmente, y ha superado muchos escollos politiqueros. No ocurre lo mismo con la otra prioridad.

El tren aún está detenido frente a un campo minado por la demagogia, pero quienes buscan descarrilarlo cada vez tienen menos municiones. Nunca un proyecto de infraestructura ha contado con estudios tan prolijos ni con financiamiento multilateral en mejores condiciones, tanto del BCIE como del Fondo Verde de las Naciones Unidas. El primero prestó $550 millones; el segundo, $250 millones. El interés promedio de ambos será del 1,9 % en las condiciones actuales, con períodos de gracia de cinco y diez años, respectivamente. Además, el Banco donó $1 millón y el Fondo, $21,3 millones.

El BID ha avalado su sustento técnico y financiero. El impacto fiscal inmediato será positivo. Y el Incae ha detallado sus múltiples beneficios para el ambiente, la reactivación, la producción, los territorios y la calidad de vida. Por tanto, no hay razón lógica alguna para mantener frenados los créditos. Aprobarlos es una de las mejores apuestas por el futuro que podrían hacer los diputados.

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