Iván Molina Jiménez. 18 julio

Al cumplirse este año un siglo de la caída de la dictadura de Federico Tinoco (1917-1919), es pertinente preguntarse por la conexión de ese régimen con dos novelas emblemáticas de la literatura costarricense: El árbol enfermo (1918) y La caída del águila (1920).

Escritas por Carlos Gagini (1865-1925), ambas obras figuran entre las primeras novelas antiimperialistas latinoamericanas. Además, La caída del águila destaca por ser uno de los textos de ciencia ficción más originales publicados en la América Latina de la primera mitad del siglo XX.

Dado que el antiimperialismo de estas obras es tan evidente, resulta casi inevitable asumirlo sin mayores cuestionamientos y desatenderse de las condiciones históricas específicas que lo originaron.

Ante todo, constituye un antecedente relevante de la literatura descolonial; además, es la primera novela publicada en Centroamérica cuya trama se despliega a escala global.

Antiimperialismo. La relación entre esas novelas y la dictadura tinoquista solo fue explorada, muy preliminarmente, por María Eugenia Acuña Montoya en una tesis de maestría en literatura defendida en la Universidad de Costa Rica en 1984.

Según Acuña, Gagini, además de estar emparentado con Tinoco, fue director de la Escuela Normal entre 1918 y 1919, y adversó la política de no reconocimiento practicada por Estados Unidos con respecto a la dictadura tinoquista. Desde inicios del siglo XX, Washington promovió que los regímenes surgidos de golpes de Estado en Centroamérica no fueran reconocidos, posición que mantuvo hasta inicios de la década de 1930.

Considerado desde esta perspectiva, el antiimperialismo de las novelas de Gagini, dirigido contra Estados Unidos por presionar para que Tinoco dejara el poder y la democracia fuera restablecida en Costa Rica, se presenta como fundamentalmente autocrático.

Rodó. La guerra de 1898 entre Estados Unidos y España, que implicó para los españoles la pérdida de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam, tuvo un profundo impacto cultural en Hispanoamérica.

José Enrique Rodó (1871-1917), escritor y político uruguayo, sintetizó los debates al respecto en un breve ensayo titulado Ariel. Dirigido a los jóvenes y publicado en 1900, ese texto tuvo una extraordinaria influencia continental. Dicha obra contrapuso en términos raciales el utilitarismo estadounidense, cuya democracia materialista no era el modelo, con el idealismo latinoamericano, sustentado en la estética de la Grecia clásica y en la superioridad moral del cristianismo.

Futurista. En 1899, antes de que circulara Ariel, el escritor guatemalteco Máximo Soto Hall (1871-1943) publicó en Costa Rica una de las primeras novelas futuristas latinoamericanas y, según algunos estudiosos, la que inició la novelística antiimperialista en América Latina: El problema.

Julio Escalante, costarricense que ha residido por mucho tiempo en Europa, regresa a su país en 1928 (treinta años después de la guerra de 1898) y encuentra que Costa Rica está próxima a anexarse, junto con el resto de Centroamérica, a Estados Unidos. A lo largo de la novela, los personajes debaten ampliamente sobre las diferencias raciales entre los estadounidenses y los latinoamericanos, polémica que deja al descubierto la superioridad de los primeros sobre los segundos.

Enfrentado con la pérdida de su patria, que se anexa a Estados Unidos, y de su amada, que se casa con un empresario estadounidense, Julio se suicida: a caballo se arroja contra el ferrocarril que conduce a la pareja a su luna de miel.

Diferencias. Gagini escribió El árbol enfermo a partir de una línea argumental muy similar a la de El problema. Al igual que Soto Hall, la narrativa tiene un trasfondo decisivamente racial y pone el énfasis no en la conquista militar de Costa Rica, sino en la absorción cultural por Estados Unidos. Sin embargo, a diferencia de El problema, que celebra la determinación y grandeza de los empresarios estadounidenses, El árbol enfermo los presenta no solo como moralmente inferiores, sino como corruptores.

Frente al desafío que supone el predominio cultural estadounidense, el protagonista principal de la novela de Gagini, el abogado y escritor Fernando Rodríguez, en vez de suicidarse como lo hizo Julio Escalante, decide luchar por su patria y por la mujer que ama.

Colonias. Puesto que Gagini terminó de escribir La caída del águila a finales de febrero de 1920, todo sugiere que elaboró esa novela en el contexto de la presión final ejercida por Estados Unidos para asegurar el retorno de la democracia a Costa Rica. En contraste con El árbol enfermo, en La caída del águila Gagini radicalizó su argumento: en 1925, los países centroamericanos son colonias de Estados Unidos. Guatemala y Nicaragua se sometieron de manera voluntaria, pero Honduras, El Salvador y Costa Rica fueron conquistadas militarmente.

Frente a esta situación, el ingeniero y empresario costarricense Roberto Mora, descendiente del presidente Juan Rafael Mora Porras (1814-1860) que lideró la lucha contra William Walker y sus filibusteros en 1856-1857, organiza una sociedad secreta denominada Los Caballeros de la Libertad.

Al establecer ese vínculo de parentesco, Gagini procuró capitalizar políticamente la memoria nacionalista construida en torno a la figura de Mora Porras, el centenario de cuyo nacimiento acababa de ser conmemorado en 1914.

Destrucción. A partir de una base secreta en la isla del Coco, la sociedad construye unos avanzados submarinos, inventa un explosivo de extraordinario poder y, con la colaboración de Japón, organiza una fuerza aérea.

Ignorantes de estos desarrollos, Albert Adams, secretario de Marina de Estados Unidos, su hija Fanny y el prometido de esta, Jack Cornfield, visitan casualmente la isla del Coco y son capturados por la sociedad. Tal cautiverio se presta para que, sin abandonar el trasfondo racial, los prisioneros y Mora debatan sobre las diferencias entre estadounidenses y latinoamericanos, pero ahora la desventaja de estos últimos es compensada por el uso de la ciencia y la tecnología.

Luego de destruir la flota estadounidense del Pacífico y de bloquear el canal de Panamá, la sociedad dirige la invasión de California por tropas japonesas. Estados Unidos es derrotado y desmembrado: cada estado se convierte en una república independiente. Paralelamente, las restantes potencias mundiales son obligadas a desarmarse y sus colonias se independizan. En el marco de este nuevo orden mundial y tras el suicidio de Adams y Cornfield, Mora se casa con Fanny.

De esta manera, lejos de limitarse a la crítica del imperialismo presente en El árbol enfermo, Gagini, en La caída del águila, radicalizó la narrativa a tal extremo que la novela termina con la propia destrucción de la metrópoli.

Novedad. Todavía no se conoce cuál fue el impacto que tuvo la publicación de esas dos novelas de Gagini. Al parecer, pasaron inadvertidas, quizá por la difícil situación que Costa Rica atravesó en esos años o porque para los costarricenses de entonces resultó evidente la conexión entre el antiimperialismo que propugnaban y la dictadura de Tinoco.

De hecho, y como lo ha señalado Verónica Ríos Quesada, en La caída del águila no existe conexión entre el antiimperialismo elitista de Mora y el antiimperialismo popular de las clases trabajadoras costarricenses, que resisten la ocupación militar de Estados Unidos. Pese al antiimperialismo autocrático que la originó, La caída del águila, fuertemente influenciada por la ciencia ficción de Julio Verne y H. G. Wells, es una narrativa novedosa en varios sentidos fundamentales.

Ante todo, constituye un antecedente relevante de la literatura descolonial; además, es la primera novela publicada en Centroamérica cuya trama se despliega a escala global. No deja de ser irónico que Gagini escribiera un texto de este tipo, partidario como fue del nacionalismo literario (narrativas de temas costarricenses).

En 1962, Philip K. Dick publicó The Man in the High Castle, una novela en la que Estados Unidos pierde la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y su territorio es dividido entre la Alemania nazi y Japón.

Casi cuarenta años antes de que Dick produjera una de las distopías más célebres de la literatura estadounidense de la segunda mitad del siglo XX, ya Gagini se le había adelantado en ese campo.

El autor es historiador.