Columnistas

Los dos rostros de Costa Rica

Me sumo a la indignación por el caso del asistente técnico que introdujo la aguja en el brazo de un adulto mayor sin la vacuna contra la covid-19

Jacques Sagot, opinión
Jacques Sagot, opinión

Siempre he sentido gratitud profunda, admiración sin límites y sincera devoción por las enfermeras y los enfermeros. Una profesión que solo puede ser desempeñada por amor. Sí, por amor al ser humano. La enfermería es una vocación, en el sentido etimológico del término, un llamado. Solo puede ejercerse por amor, con amor y desde el amor.

Demanda los sacrificios personales que todos conocemos. La postergación del propio bienestar en aras de los enfermos. Demanda capacidad infinita de dación. Demanda, por encima de todo, caridad, compasión, misericordia por la criatura humana. Ningún alma vil, avara de emociones, yerma de amor podría dedicarse a la enfermería. Y es en momentos como el que atravesamos que la grandeza de espíritu, el altruismo y la valentía de estos aliados incondicionales de la vida y la salud emergen con más potencia.

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