La semana entre el 16 y 22 de este mes fue un revelador microcosmos de la acción gubernamental alrededor de dos variables: la impericia sustantiva y la crispación corrosiva.
La impericia es no saber hacer; carecer de capacidad para generar buenos resultados desde la gobernanza democrática. Su riesgo para la sociedad es el retroceso; para el gobierno, el desencanto. La crispación surge de los ataques, el ruido y la confusión, con el propósito de imponerse a otros. Sus principales riesgos para la sociedad son la arbitrariedad y la polarización; para el gobierno, el hartazgo ciudadano que conduce al desdén.
¿Y qué sucedió la pasada semana? Al comenzar, el candidato del Ejecutivo a procurador general declinó su postulación, tras conocerse una serie de tuits racistas y homófobos divulgados meses atrás. Que sus impulsores no se percataran de ellos reveló una elemental impericia que, por supuesto, produjo crispación. Siguió la renuncia de la viróloga Eugenia Corrales al comité científico de Salud sobre infecciones respiratorias, con fuertes críticas al manejo técnico (impericia) y al irrespeto y los informes engañosos (crispación) de la ministra; luego, supimos que otros profesionales también habían abandonado el grupo.
