Columnistas

De la adolescencia a la madurez democrática

En política, el arte está en encontrar un equilibrio entre la sana renovación y la necesaria estabilidad

Los concursos de belleza, por naturaleza, se sustentan en el cambio. Cada año se desata la búsqueda de la persona más hermosa del pueblo, de la provincia, del país y del planeta. Esto se debe no solo a que hay un jugoso negocio detrás de ese espectáculo anual, sino también porque la belleza (al menos, según los estándares comerciales y utilitarios) es efímera.

En los sistemas democráticos, por el contrario, los cambios recurrentes no son tan deseables. Una dosis de continuidad es necesaria, porque favorece la estabilidad, certeza, claridad y planificación a largo plazo.

Las reglas electorales son sacras y los plazos y los ritos suelen obedecer a motivos de eficiencia y funcionalidad.

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