Columnistas

Cuatro perfiles electorales

Conforme nos acercamos a la campaña electoral, conviene elaborar algunas guías para tomar decisiones

Conforme nos acercamos a la campaña electoral, conviene elaborar algunas guías para tomar decisiones. Entre los muchos referentes posibles, quiero referirme a uno que salta sobre las propuestas (promesas) y se vincula con la realidad; por esto, revela mejor el talante de los (pre) candidatos. Me refiero a sus abordajes de campaña, es decir, a sus ímpetus movilizadores; aquello que, mediante los actos, revela sus actitudes, cómo estas conducen a estrategias y cuál podría ser la índole de sus eventuales gobiernos.

Aunque la gama de posibilidades es muy diversa, me arriesgo a plantear una tipología con cuatro perfiles básicos, no necesariamente excluyentes: el voluntarista, el obcecado, el oportunista y el reformista.

Los aspirantes voluntaristas son quienes consideran que, gracias a su afán, lograrán lo que se proponen, con desdén por los procesos institucionales y sociales. En una escala de consecuencias, pueden generar frustración por lo incumplido o la tentación de quemar etapas y normas para cumplir. Tienden a la ambición. Los obcecados se amarran a una sola idea fuerza, una ideología, un recetario o una agenda unívoca. Todo lo reducen a ellas. En un extremo, se encierran en el simplismo; en otro, en la exclusión, que conduce a polarización. Coquetean con la rigidez.

Llamo oportunista al perfil de quienes se «montan» en las ondas de opiniones y reacciones que identifican en el electorado o, peor, en los estrechos cotos de sus partidos, para aprovecharlas a su favor. Su impacto va desde la indecisión hasta la inestabilidad. Generan desconfianza. Reformistas son las personas que plantean objetivos concretos para generar adaptaciones y transformaciones, y se acercan a ellas con flexibilidad y sentido de realidad, pero también decisión. El riesgo del «pasito tuntún» existe, pero también el acicate de un avance progresivo, que a menudo es progresista. Se inclinan por los balances.

Las tipologías son maneras de describir y organizar, vía rasgos esenciales, la complejidad de los fenómenos. No debemos ver en ellas categorías inflexibles, sino rasgos centrales, pero flexibles, que a menudo se traslapan. Son guías para entender y decidir mejor, espero.

Y si se preguntaron cuál es mi perfil preferido, acertaron en la respuesta: el reformista.

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