Hemos llegado al límite de lo peor. Cada día superamos las cifras más lúgubres de la pandemia. Más que de números, hablamos de vidas, es decir, de muertes. Todo empeorará antes de mejorar, y no mejorará por arte de magia, sino por nuestras acciones u omisiones. El gobierno anunció ayer controles más robustos. Aunque está por verse su impacto sanitario y económico, se impone acatarlos con rigor y olvidarnos de mezquindades, oportunismo, destructividad o cinismo. También debemos mantener una sana actitud de reflexión y proposición. La ejerzo sobre tres aspectos:
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Vacunas. ¿Una campaña rápida y masiva de vacunación? Ideal, pero imposible ahora. Ideal, porque generaría inmunidad colectiva y cortaría de cuajo la transmisión. Imposible, por falta de suministros. En el mercado internacional imperan la escasez, el acaparamiento, el proteccionismo y la desigualdad. Costa Rica está en la parte débil, pero no peor, de esta cadena. Nuestras compras han superado las de otros países y no debemos cejar en buscar más. Pero como no controlamos la variable oferta, debemos concentrarnos en las que sí dependen de nosotros, sobre todo, agilizar la inoculación, mover con rapidez el inventario acumulado, salir de la caja burocrática y ampliar horarios, personal y lugares de vacunación. No hemos agotado las vacunas; tampoco debemos agotar la capacidad de aplicarlas con mayor eficiencia.
