Columnistas

La única certeza política

Las señales de hoy sugieren que ocurrirá lo contrario a una campaña electoral con un mínimo de visión, civilidad, prudencia y positivismo

Eduardo Ulibarri, mascarilla
Eduardo Ulibarri, mascarilla

Los dirigentes partidarios con visión de futuro y genuina inquietud democrática deberían combinar su preocupación por las candidaturas con otro factor de gran trascendencia: el alejamiento ciudadano de la política. Las primeras tienen importancia, claro: determinarán quienes ocuparán la presidencia y llegarán a la Asamblea; es decir, la suerte de los partidos. Pero el impacto del segundo fenómeno es sistémico. Si no se frena desde los actos, producirá alguno de estos efectos, o todos: mayor abstención, débil mandato electoral, deterioro de la gobernabilidad, deslegitimación institucional, inestabilidad y retroceso democrático.

Conforme avanzamos en la ruta electoral, la única certeza, y muy abultada, es la falta de entusiasmo y el abandono de las identidades político-partidarias. Así lo atestiguan, con diferencias notorias, pero tendencia similar, dos encuestas nacionales realizadas en abril: por Borge y Asociados y por el Centro de Investigaciones y Estudios Políticos (CIEP), de la UCR.

En la primera, el 66 % de una muestra de 661 adultos dijo no simpatizar con ningún partido; en la segunda (821 entrevistas), la cifra se disparó al 87 %, la mayor registrada por estudios de opinión en tres décadas. El CIEP documentó, además, una baja en la valoración de instituciones políticas. Según ella, los partidos apenas obtienen 2,9 puntos en una escala de 1 a 10. Además, el promedio de un índice de entusiasmo político, construido con cinco dimensiones positivas y cinco negativas, se situó en 27 de 100 puntos posibles.

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