Armando Mayorga. 11 diciembre, 2019

Veo un grafiti y lo primero que se me viene a la cabeza es preguntarme por qué el autor de esa “obra de arte” rehusó estamparla en la sala de su hogar. Por qué no la habrá pintado en una pared para darle un toque más personal o díscolo a su casa, o en el muro de enfrente para clamar por el aplauso del vecindario a sus dotes artísticas.

Hago un alto antes de continuar. Aclaro: hay grafitis que son arte urbano admirable por la técnica, por el mensaje o por el concepto de su creador.

Si ese edificio calla muchas cosas, lo responsable y educativo es denunciar y sancionar a los responsables de esas “cosas” y no esperar a que los alumnos rayen paredes para expresarlo.

Sin duda, están los del británico Banksy, los del Muro de Berlín y murales en tapias de barrios costarricenses o hasta en el edificio Saprissa, cerca de la Universidad de Costa Rica (UCR), donde se amalgaman al entorno sin disrupción y decencia.

Algo radicalmente diferente es llamar grafiti, por ejemplo, a la chambonada de los universitarios que tomaron el nuevo edificio de la Facultad de Ciencias Sociales de la UCR. Eso es vandalismo. Son vándalos porque actuaron en la ilegalidad, encapuchados y con la intención clarísima de causar daño a un edificio público que costó $33 millones y aún hay que pagar al Banco de Costa Rica con los impuestos de quienes sudan la gota gorda en un trabajo.

“Rayamos lo que es nuestro”, decía la inscripción de un vándalo. Ni él mismo lo cree. El porqué ese y otros jóvenes no pintaron sus casas tiene respuesta: porque son suyas y no se atreven a atentar contra lo propio. También, porque allí hay autoridad. Padres que, al solo verlos sacar un espray o brocha, les matarían en segundos ese ímpetu “artístico”.

En Ciencias Sociales, territorio ajeno, se atrevieron a hacer lo que no hacen en casa porque en la UCR sobra la tolerancia. Hasta la decana Isabel Avendaño celebró algunas “obras de arte”, pues descubrió que son “cosas realmente lindas”. ¿Se atrevería ella a adornar su hogar con esas “obras”? Lo dudo.

También dijo que “esas paredes gritan, lloran". "Ese edificio ha callado muchas cosas”, agregó. La misión de Avendaño es educar. Si ese edificio calla muchas cosas, lo responsable y educativo es denunciar y sancionar a los responsables de esas “cosas” y no esperar a que los alumnos rayen paredes para expresarlo.

Lo correcto es que los universitarios reparen los daños causados a un edificio público tan costoso. ¿O los dejará la UCR en la impunidad?

amayorga@nacion.com

Armando Mayorga es jefe de Redacción de La Nación.