Agencia AP. 4 septiembre

Freeport. El suelo crujió bajo los pies de Greg Alem mientras caminaba el miércoles entre las ruinas de su casa, destruida por el huracán Dorian. Tocó una viga, señaló los árboles caídos, hasta que los recuerdos lo abrumaron.

“Esos árboles los plantamos nosotros. Todo tiene un recuerdo", dijo. “Es muy, muy triste... En la Biblia hay una persona que se llama Job y ahora me siento como Job. Él lo perdió todo, pero su fe lo mantuvo fuerte”.

George Bolter (a la izquierda) y sus padres caminan a través de los restos de su casa destruida por el huracán Dorian en el vecindario de Pine Bay en Freeport, Bahamas, el miércoles 4 de septiembre de 2019. (AP Photo/Ramon Espinosa)
George Bolter (a la izquierda) y sus padres caminan a través de los restos de su casa destruida por el huracán Dorian en el vecindario de Pine Bay en Freeport, Bahamas, el miércoles 4 de septiembre de 2019. (AP Photo/Ramon Espinosa)

La devastación provocada por Dorian –y el terror que provocó durante su día y medio de asedio sobre las Bahamas– se volvió más clara el miércoles cuando el paso de la tormenta reveló un panorama fangoso y lleno de escombros de casas destrozadas e inundadas, en las islas Ábaco y Gran Bahama.

La cifra oficial de muertos por el huracán más potente en azotar el archipiélago del que se tenga registro subió a 20, pero existe la posibilidad de que el número aumente.

Mientras Dorian se abre paso cerca de la costa del sureste estadounidense y amenaza a Georgia, Carolina del Sur y Carolina del Norte, muchas personas en las Bahamas quedaron conmocionadas después de salir lentamente de sus albergues para revisar sus casas.

Un residente toma fotos de un avión destruido por el huracán Dorian al costado de una carretera en el vecindario de Pine Bay, después del huracán Dorian, en Freeport, Bahamas, el miércoles 4 de septiembre de 2019. (AP Photo/Ramon Espinosa)
Un residente toma fotos de un avión destruido por el huracán Dorian al costado de una carretera en el vecindario de Pine Bay, después del huracán Dorian, en Freeport, Bahamas, el miércoles 4 de septiembre de 2019. (AP Photo/Ramon Espinosa)

En una comunidad, George Bolter se paró bajo el intenso sol y revisó las ruinas de lo que alguna vez fue su casa. Recogía el escombro intentando rescatar algo, lo que fuera. Un par de muros fue lo único que quedó en pie.

“Lo perdí todo”, dijo. “Perdí toda la ropa de mi bebé, la ropa de mi hijo. No tenemos en donde quedarnos, en donde vivir. Todo se fue”.

El gobierno de Bahamas envió a cientos de policías y marinos a las islas afectadas, junto con médicos, enfermeros y otro personal médico, en un intento por llegar a las impactadas y empapadas víctimas y tener un panorama completo del desastre.

“Ahora mismo hay muchas incógnitas", dijo Iram Lewis, un miembro del Parlamento. “Necesitamos ayuda”.

La Guardia Costera de Estados Unidos, la Marina Real británica y organizaciones humanitarias, incluidas Naciones Unidas y la Cruz Roja, se unieron al enorme esfuerzo de llevar comida y medicamentos a los sobrevivientes, y transportar en helicóptero a los más desesperados.

El gobierno de Estados Unidos también envío equipos de búsqueda y rescate.

La tormenta categoría 5 golpeó las Bahamas con vientos de hasta 295 kilómetros por hora (185 millas por hora) y lluvias torrenciales, inundando vecindarios con aguas color marrón y destruyendo o dejando seriamente dañadas, según un cálculo, casi la mitad de las casas en Ábaco y Gran Bahama, que tienen 70.000 residentes y son conocidas por sus marinas, campos de golf y centros turísticos.

El ministro de Salud bahameño Duane Sands dijo que 17 de los fallecidos eran de las Islas ábaco y tres de Gran Bahama.

Para el miércoles por la noche, Dorian había vuelto a alcanzar la categoría 3 con vientos de 185 kph (115 mph). A las 11 de la noche tiempo del este, se ubicaba a unos 170 kilómetros (105 millas) al sur de Charleston, Carolina del Sur, y se desplazaba hacia el norte a 11 km/h (7 mph).