Manuel Avendaño Arce. 7 febrero
31/01/2019 Foto ilustrativa de aplicaciones de transporte. Foto: Rafael Pacheco
31/01/2019 Foto ilustrativa de aplicaciones de transporte. Foto: Rafael Pacheco

El transporte remunerado de personas, tradicionalmente comandado por los taxis rojos –y en el caso de Costa Rica, también por porteadores y piratas– cambió radicalmente a partir del 21 de agosto del 2015, ese día Uber dio el banderazo de salida a sus operaciones en el país, y con él, se abrió la puerta a competidores locales.

El 1.° de noviembre del 2016, en Costa Rica funcionaban cinco plataformas digitales dedicadas al transporte de personas en diferentes modalidades. Obnis decidió competir directamente con Uber, mientras que Carrotico, Dame Ride, Work Ride y Un Ride, apostaron por incentivar el uso de carpooling (carro compartido).

Tres años y medio después de esta sacudida, Uber comanda el segmento con 22.000 socios conductores y casi 800.000 usuarios en el país. Algunos de los competidores que surgieron en el camino decidieron salirse del negocio, o bien, están activos pero en la búsqueda de una propuesta de valor que les permita quedarse.

Una de las marcas que entró en el negocio fue la app Obnis. A finales del 2016, un grupo de jóvenes emprendedores logró reunir recursos de inversionistas y pusieron en marcha la primera plataforma de movilidad colaborativa 100% costarricense que pretendía competir directamente con Uber.

“Era una apuesta arriesgada”, relató Carlos Castillo, socio fundador de Obnis, quien recuerda cómo la inexperiencia y la falta de capacidad tecnológica les jugó en contra.

“No teníamos ningún tipo de experiencia y no sabíamos que no estábamos preparados para lo que se venía. Solo el primer día que pusimos la aplicación a operar recibimos más de 12.000 descargas de usuarios y eso nos trajo el primer problema, nuestros servidores y nuestra infraestructura tecnológica no estaban listas para ese volumen”, rememoró.

Castillo agregó que también enfrentaron problemas con el mecanismo de pagos ya que en ese momento algunos bancos no tenían plataformas robustas para procesar los cobros masivos de los clientes, por esa razón se vieron obligados a utilizar un sistema internacional que les ocasionó atrasos en los depósitos que debían hacer a los conductores.

En abril del 2017, los socios de Obnis decidieron suspender la operación de la empresa, que llegó a completar más de 2.000 viajes y registró a 4.800 choferes.

En la actualidad existen dos aplicaciones que compiten directamente con Uber en el país, se trata de Beego y Onux.

César Blasco, gerente general de Beego, explicó que la compañía nació por el impulso de 15 conductores disidentes de Uber, quienes decidieron poner en marcha una propuesta con un enfoque de mayor cercanía y acompañamiento para los conductores socios.

Beego inició sus operaciones el 5 de noviembre del 2018 y para finales de diciembre ya había completado 26.000 viajes. Esta plataforma cuenta con 14.000 usuarios registrados y no cobra tarifas dinámicas.

Onux puso en marcha sus servicios el 12 de diciembre del 2018, pero empezó con una aplicación que conecta a clientes con proveedores de diferentes servicios como fontanería, electricistas, reparaciones, entre otros.

“Empezamos con cinco personas en la empresa y estábamos preparados para recibir 1.000 vehículos al principio, pero la demanda fue mucho mayor y eso nos provocó algunos problemas iniciales que ya fueron solventados con el pago de 890 transferencias bancarias por ¢9,8 millones”, Wirlan Delgado, gerente general de Onux.

La empresa extendió su operación a transporte remunerado de personas a partir del 15 de enero de este año y a la fecha contabiliza 24.000 clientes y más 3.398 choferes.

Wirlan Delgado, gerente general de Onux, comentó que la primera semana tuvieron un alto volumen de viajes y registros de clientes debido a una promoción que pusieron en marcha, esto generó problemas en los pagos a los conductores.

Otras apuestas

Para algunos emprendedores tecnológicos es difícil competir con una empresa como Uber si no se tienen los recursos económicos y tecnológicos necesarios.

“El mayor reto de las aplicaciones que compiten con Uber es tener el capital necesario para sostener la operación (…), al final el que tenga el bolsillo más amplio es el que va a ganar. Las grandes empresas tienen dinero para comprar mejor arquitectura y a ellos les pasa mucho menos lo que sucedió aquí a algunas de estas apps, que era que simplemente el sistema no servía”, apuntó Raúl Martín, fundador de Work Ride.

Esta aplicación se aleja del modelo de negocio de movilidad colaborativa que desarrolla Uber. Lo que busca es incentivar el carpooling (vehículo compartido) por medio de convenios con empresas privadas.

Martín señaló que la idea de abrir una app para que las personas hagan carpooling con compañeros de sus propias empresas surgió en el 2014, antes de que Uber empezara a operar en el país, pero se puso en marcha formalmente hasta el 2017 y para 2018 la empresa cerró contratos con cuatro clientes.

Work Ride tiene convenios con bancos privados, una empresa de telecomunicaciones y una de tecnología. Estas compañías fomentan el uso del carro compartido entre sus empleados en sistemas cerrados.

Las empresas pagan un monto por acceder a la app y registran a sus trabajadores con las cuentas de correo corporativo, los usuarios no están obligados a pagar por el viaje, pero pueden acordar entre sí apoyo económico para los dueños de los vehículos.

Un modelo similar adoptó la aplicación Dame Ride. Luis Carlos Paniagua, socio fundador de la app, considera que todavía queda camino por recorrer para incentivar este tipo de servicios.

Como Uber, pero en moto

La incipiente plataforma Zalva empezó a mediados de enero el reclutamiento de sus socios conductores para ofrecer servicios de transporte en motocicletas.

Óscar Martínez, socio fundador de Zalva, comentó que ya reclutaron 1.100 motorizados y planean arrancar operaciones a finales de febrero.

“La idea es transportar gente, para nadie es un secreto que las presas son un caos y movilizarse en la Gran Área Metropolitana (GAM) en horas de la tarde, después del trabajo, es muy complicado. Nuestra meta con Zalva, es, básicamente, que las personas puedan viajar más rápido en moto”, Óscar Martínez, socio fundador de Zalva.

La aplicación permitirá que los usuarios pidan un servicio en motocicleta, una vez que el conductor llega al punto le entregará un casco y una cinta de seguridad al cliente y luego iniciará el viaje.

Este servicio no aplicará tarifa dinámica por aumentos en la demanda y garantiza que los motociclistas socios no excederán los 60 kilómetros por hora durante los viajes.