Agro

Drones comienzan a desplazar a avionetas y tractores de los campos de cultivo

Uso de nuevas tecnologías en la agricultura todavía es incipiente en Costa Rica por barreras en educación y acceso a los dispositivos

La tecnología 4.0 en la agricultura ya comenzó a calar en Costa Rica desde hace algunos años, principalmente con el uso de drones especializados que permiten el monitoreo constante de los cultivos y mayores rendimientos en procesos de fumigación.

En el caso de los drones para la aplicación de sustancias, que tienen un tanque para el líquido o el granulado, permiten en muchos casos la sustitución de otras herramientas de mayor costo como tractores o avionetas así como el uso de bombas de espalda. Esto último también disminuye el contacto de los químicos con las personas.

“Ya los drones sustituyen ese otro tipo de herramientas, la tecnología ha ido avanzando. Hace cuatro años yo le hubiera dicho que no por el volumen que cargaban los drones, pero al día de hoy, que se pueden cargar 40 litros, se cambian las reglas del juego”, comentó Sergio Ballester, propietario de la compañía Indigo Drones, una de las pioneras en traer la tecnología al país.

Los drones que comercializa la empresa permiten llevar un registro del terreno fumigado con los equipos; desde la primera venta ya se contabilizan alrededor de 70.000 hectáreas.

Ballester aseguró que la demanda de drones continúa en aumento y los números así lo indican, pues en el 2015 –cuando iniciaron– colocaron dos equipos, mientras que el año anterior lograron la venta de 40 unidades. “Ahora la gente lo ve como una necesidad”, dijo.

Así lo visualiza José Torres, ingeniero agrónomo de El Cántaro, empresa agrícola dedicada a varios cultivos, entre ellos arroz, quien aseguró que el uso de drones en la agricultura conlleva tanto ahorro de recursos económicos como naturales. Por esto, el ingeniero está realizando los cursos requeridos para adquirir las certificaciones y los permisos necesarios para utilizar esta tecnología.

En un cultivo como el de arroz, comentó que las empresas podrían pasar de utilizar entre 150 y 200 litros de agua por hectárea a 12 litros, para aplicar los agroquímicos o fertilizantes. Asimismo, los costos de la fumigación podrían disminuir hasta ¢5.000 por hectárea, al sustituir las bombas de espalda.

Para cultivos como la piña, algunas fincas han logrado reducir de 3.000 a 30 litros por hectárea el volumen de agua utilizado en el proceso de fumigación, con el uso de drones dirigidos a dicha tarea.

Además de los equipos para la aplicación de sustancias, en la agricultura también se usan drones de fotografía especializada, para identificar plagas u otros problemas agrícolas.

Pese al aumento en su uso, algunos retos como la educación aún persisten para masificar la adopción de tecnologías digitales en las plantaciones de los productos agrícolas que se comercializan tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.

Emmanuel Picado, del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), señaló que en comparación con otros países como Israel, México o Argentina, Costa Rica se encuentra en etapas iniciales en la adopción de nuevos dispositivos.

“Tenemos que seguir trabajando muy fuerte, principalmente porque esto lo podemos dividir entre empresas grandes de agricultura que sí tienen estas tecnologías ya implementadas y el otro escenario con agricultores pequeños que aún no lo están utilizando por varios factores, como el de habilidades digitales”, comentó.

Por ello, desde el IICA abogan por ampliar la educación sobre nuevas tecnologías a escuelas y colegios técnicos, así como al núcleo familiar del agricultor, para desarrollar las capacidades digitales necesarias para el manejo de nuevos dispositivos y disminuir la migración rural.

El uso de estas herramientas digitales –drones y otros dispositivos de medición– tiene ventajas tanto para el agricultor como hacia el medioambiente, al permitir un menor uso del agua a la hora de realizar fumigaciones, un estudio más preciso del terreno así como un mayor control del estado de las plantaciones y la identificación de plagas o enfermedades en el cultivo.

Asimismo, el uso de drones supone un ahorro frente a otras alternativas que se utilizaban anteriormente, como la compra de imágenes satelitales o el uso de tractores para fumigar.

Por su parte, Arturo Solórzano, director ejecutivo del Instituto Nacional de Innovación y Transferencia en Tecnología Agropecuaria (INTA), explicó que desde hace algunos años el uso de drones para fumigación comenzó a masificarse en el país en cultivos como arroz, caña de azúcar, banano, papa y otros.

“Es más eficiente que usar una avioneta, en los cultivos estamos bajando todo (el uso de agua) a la décima parte. Va evolucionando y ahora el tema está en que la batería le dure más tiempo, por ejemplo”, explicó Solórzano, quien agregó que el avance en educación es uno de los pilares para el desarrollo y uso de estas tecnologías de precisión.

Justamente, INTA es uno de los actores que participa en la transferencia de conocimiento y validación en campo con productores pequeños y medianos del país, con proyectos de educación y experimentación en coordinación con otras instituciones gubernamentales.

La necesidad del paso de una agricultura tradicional a una de precisión e innovación radica tanto en términos ambientales como económicos, ya que el sector agro es el segundo en importancia para las exportaciones costarricenses. Durante el 2021, los envíos del sector agrícola alcanzaron los $3.000 millones, con Estados Unidos y la región europea como principales destinos.

Si bien la actividad es relevante para el sector exportador y la economía nacional, también se constituye como de alto riesgo al estar expuesta a factores climáticos y patógenos que afectan los cultivos y, por ende, la comercialización de los productos. Por ello, comentó Picado, el país debe continuar sus avances en la adopción de innovaciones que permitan disminuir este tipo de amenazas y en la incorporación de los dispositivos en los programas educativos, principalmente en las zonas agrícolas.

Un factor que también aleja a las nuevas tecnologías de los cultivos es el costo y acceso a los equipos, que dependerá de cada modelo y objetivo. Sus precios pueden ir desde los $15.000 en algunos casos para drones de fumigación; pero también hay empresas que brindan el servicio y análisis agrícola sin la necesidad de adquirir los equipos.

Por su parte, Alfredo Volio, presidente de la Cámara Nacional de Productores y Exportadores de Piña (Canapep), comentó que en gran parte de las industrias piñeras utilizan tecnologías agrícolas de precisión desde hace aproximadamente cuatro años, principalmente drones.

Sin embargo, resaltó que aunque el uso de estas tecnologías se está ampliando, aún hay limitaciones en cuanto a los trámites y los permisos que deben gestionarse ante la Dirección General de Aviación Civil, a los que calificó como “engorrosos” y de alto costo, otro de los retos a los que se enfrentan los pequeños productores.

“Es algo que debemos trabajar, para hacer el proceso más accesible y más fácil”, dijo el representante de Canapep.

Paula Umaña

Paula Umaña

Periodista de Economía. Escribe sobre negocios, comercio exterior y producción. Graduada de la Universidad de Costa Rica. Ganadora del Premio al Periodismo Bursátil 2021.

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