Irene Rodríguez. 1 marzo
En Monteverde se buscan opciones de carga para automóviles y cargadores rápidos para celulares en diferentes sitios turísticos. Fotografía: Mariela Vázquez
En Monteverde se buscan opciones de carga para automóviles y cargadores rápidos para celulares en diferentes sitios turísticos. Fotografía: Mariela Vázquez

Poder cargar su vehículo eléctrico en diferentes hoteles y restaurantes de una comunidad; un proyecto comunal para compartir taxi o comprar un solo carro entre varios vecinos.

Un sistema de reciclaje de aguas para lavar la flotilla vehicular de una municipalidad; crear barrios y comunidades de “composteros”.

Estas son algunas de las estrategias que desarrollan gobiernos locales y asociaciones comunales para aportar su cuota dentro del Plan Nacional de Descarbonización, que este lunes 2 de marzo cumple su primer año con la meta que, al 2050, todas las actividades que generen carbono dejen de hacerlo.

Para lograrlo hay que acciones que corresponden al Gobierno Central, pero muchas otras dependen de municipalidades o de los propios vecinos.

“Lo local es trascendental. La transformación que sucede en los territorios es clave para el país. El reto (la descarbonización) requiere enfoques distintos según, no solo las necesidades del país, si no también las de cada comunidad”, destacó Andrea Meza, directora de Cambio Climático (DCC) del Ministerio de Ambiente y Energía (Minae).

Para Marcela Guerrero, presidenta del Instituto de Fomento y Asesoría Municipal (IFAM), de los diez ejes del plan, hay cuatro que son vitales para las comunidades: movilidad sostenible (eje 1), edificaciones sostenibles (eje 5), gestión integral de residuos (eje 7) y la gestión de territorios que faciliten la protección de la biodiversidad (eje 10).

“Es un trabajo que puede variar mucho entre un gobierno local y otro, porque cada uno tiene sus especificidades. Y dentro de un mismo cantón puede haber diferencias y necesidades específicas. Que se trabaje según planes que salen de los mismos habitantes de cada comunidad”, manifestó Guerrero.

De acuerdo con la jerarca, hay 21 municipalidades que ya tienen su inventario de gases de efecto invernadero para saber cómo están sus emisiones y a partir de ahí crear rutas de acción.

Se trata de los gobiernos locales de Golfito, La Unión, Desamparados, San José, Belén, Osa, Pérez Zeledón, Santa Cruz, Cañas, Nicoya, Oreamuno, Cartago, San Ramón, Zarcero, Goicoechea, Montes de Oca, Tibás, Parrita, Quepos, San Carlos y Pococí, y los distritos de Puntarenas (central) y Monteverde.

“Aún hay muchas municipalidades que no se suman, pero ya hay trabajo adelantado con varias”, destacó Guerrero.

La Nación exploró los casos de cuatro comunidades, dos en el Valle Central y dos fuera de este para conocer cómo aplican ellos sus propios planes.

Monteverde: ‘ruta eléctrica’ y carros compartidos
En Monteverde se tiene uno de los proyectos de compostaje comunitarios más grandes del país. Fotografía: Jose Pablo Porras
En Monteverde se tiene uno de los proyectos de compostaje comunitarios más grandes del país. Fotografía: Jose Pablo Porras

Una comunidad que desde hace años marca la pauta en cuanto a la conservación del ambiente, también lleva la batuta en temas de descarbonización. En Monteverde, la organización Corclima tiene planes de trabajo que comenzaron antes que el plan nacional, pero este les dio un fuerte impulso.

“Nosotros ya sabemos cómo están nuestras emisiones. Por ejemplo, el 33% se va en transporte, el 29% es generado por el ganado, el 11% por el uso de gas GLP, el 9% de residuos sólidos, en su mayoría orgánicos, el 4% por gases refrigerantes de los equipos de refrigeración y aire acondicionado, otro 4% de los tanques sépticos, otro 4% del diésel o gasolina que no se utiliza en automóviles y un 2% en electricidad. Con base en esto tomamos decisiones”, explicó Katy VanDusen, coordinadora de Corclima y vecina de Monteverde.

Como el transporte es su talón de Aquiles (así como el de todo el país), ellos se dieron a la tarea de crear “la ruta eléctrica” que les garantice a los turistas no solo llegar a Monteverde desde San José en vehículo eléctrico, sino también tener suficientes lugares de carga en toda la comunidad.

Hoteles, restaurantes y paradores turísticos tienen este servicio, por lo que se cuentan con 30 puntos de carga de camino a Monteverde y otros 50 dentro del distrito.

“Uno de los grandes miedos de la gente de usar estos carros es quedarse varado. Con esto les estamos dando esa confianza. Yo pongo el ejemplo: hace unos 20 años casi en ningún lugar te ofrecían WiFi, ahora los mismos clientes lo piden en todo comercio; en unos años pasará lo mismo con la carga eléctrica”, señaló VanDusen.

La gestora expresa que dos personas ya tienen vehículos eléctricos en la comunidad, y que empresas de renta de automóviles procuran alquilar carros eléctricos cuando saben que los turistas van hacia allá. Además, hay tres taxistas que consideran comprar un vehículo eléctrico para dar su servicio.

Como si fuera poco, los vecinos de Monteverde apoyaron la creación de la ruta eléctrica de La Fortuna en San Carlos y asesoran a Tilarán y Sarapiquí para conseguirlas.

Otro factor que promueven entre quienes no pueden comprar autos eléctricos es compartir los vehículos. No solo los taxis, sino que entre varios vecinos compren un solo automóvil.

“Da buenos resultados, la gente se conoce mejor y comparte más”, dijo VanDusen.

Más allá de la parte eléctrica, también buscan tener ganadería responsable y recuperar zonas verdes.

Desamparados: aprovechar el agua de lavado y compostaje comunitario
Kenneth Jiménez y Juan Cascante (con gorra) trabajan en el Plantel de Servicios Operativos de la Municipalidad de Desamparados. Aquí se aprovecha y reutiliza el agua, purificada en jardineras, para lavar los camiones y flotilla vehicular. Fotografía: Rafael Pacheco
Kenneth Jiménez y Juan Cascante (con gorra) trabajan en el Plantel de Servicios Operativos de la Municipalidad de Desamparados. Aquí se aprovecha y reutiliza el agua, purificada en jardineras, para lavar los camiones y flotilla vehicular. Fotografía: Rafael Pacheco

Uno de los cantones más populosos del Valle Central, Desamparados, trazó una estrategia para aportar no solo desde el gobierno local, sino también involucrar a la mayor cantidad de pobladores.

Ese esfuerzo incluye un complejo ecológico en Patarrá, desde donde el municipio articula acciones.

“Tenemos uno de los centros de acopio más consolidados. Generamos 1.100 toneladas de residuos valorizables cada año”, subrayó Evelyn Hernández, coordinadora de Saneamiento Ambiental del Ayuntamiento.

Desamparados también implementó un manejo distinto del lavado de la flotilla municipal. La labor se realiza en un plantel donde las aguas utilizadas para lavar los vehículos destinados a la limpieza de parques, lavado de alcantarillas y maquinaria se reaprovechan; una vez que se terminan de lavar los vehículos, el agua se recoge y es llevada a una biojardinera, una especie de tanque con una jardinera encima que purifica el agua.

Esa agua purificada se recupera y dentro de un tiempo podrá ser reutilizada para lavar la flotilla de la unidad de saneamiento ambiental.

“Es darle uso racional a los recursos. Que no se tenga que utilizar agua potable para esto”, destacó Hernández.

Los desamparadeños también vieron que, según su inventario de gases de efecto de invernadero, la segunda fuente de gases eran los residuos orgánicos. Por ello implementaron un plan de compostaje.

En 2018 comenzaron procesos de capacitación con familias. Solo había dos requisitos: vivir en algún lugar del cantón y estar al día con impuestos y servicios municipales, dado que la compostera les sería facilitada y esto significa una erogación para el gobierno local.

Las personas interesadas se comprometen a recibir una capacitación de cuatro horas, se incluyen en un chat de WhatsApp donde se atienden dudas y se les da seguimiento. También pueden recibir visitas de funcionarios municipales que verifiquen cómo va el compostaje.

Hasta el momento tienen 1.500 familias inscritas. Además, hay 13 centros educativos que realizan compostaje y tienen su propia huerta.

“Con los compostajes que realizan las familias ya tenemos la primera huerta comunitaria, está en San Rafael Abajo”, comentó Hernández.

Este es el Centro de Recuperación de Materiales Valorizables, o centro de acopio de la Municipalidad de Desamparados. Aquí se reúnen más de 1.100 toneladas de material valorizable cada año. Wendy Mora fotografió el aluminio y plástico ya clasificado. Fotografìa: Rafael Pacheco
Este es el Centro de Recuperación de Materiales Valorizables, o centro de acopio de la Municipalidad de Desamparados. Aquí se reúnen más de 1.100 toneladas de material valorizable cada año. Wendy Mora fotografió el aluminio y plástico ya clasificado. Fotografìa: Rafael Pacheco
Curridabat: protección a las especies en plena ciudad
Laura Artavia, de la Municipalidad de Curridabat, muestra los esfuerzos de repoblación de los parques en el Parque Ecológico de La Colina. El proyecto consiste en identificar los árboles y brindarle información a las personas a través de un código QR que pueden escanear en su celular. Fotografía: Rafael Pacheco
Laura Artavia, de la Municipalidad de Curridabat, muestra los esfuerzos de repoblación de los parques en el Parque Ecológico de La Colina. El proyecto consiste en identificar los árboles y brindarle información a las personas a través de un código QR que pueden escanear en su celular. Fotografía: Rafael Pacheco

Curridabat es un cantón donde se concentran gran cantidad de vehículos, muchos de ellos solo van de paso de un lugar a otro y esto puede poner una carga sobre la ciudad. Por esa razón, la Municipalidad busca las formas de contener la situación y crear su propuesta de descarbonización.

“Recibimos aproximadamente el mismo número de personas en tránsito de las que tenemos de habitantes”, aseguró Hubert Méndez, gestor territorial de este ayuntamiento.

Uno de los aspectos en los que trabaja esta municipalidad es conocer las características de cada una de sus comunidades.

“Es muy diferente Jose María Zeledón, en comparación con Granadilla, por ejemplo; por eso debemos estudiar", destacó Méndez.

Por eso mismo, buscan atender cada zona según las necesidades específicas, y ayudar al crecimiento de la biodiversidad, lo que beneficia al cantón y los cantones vecinos.

Por ejemplo, tienen un inventario de capturas de carbono y descubren que hay árboles en sus parques que pueden capturar carbono, además de planes para expandir sus parques.

Ese es el caso del parque La Colina, donde se trabaja en mayor conservación y se negocia con el Ministerio de Ambiente y Energía (Minae) para ampliar la zona de protección en ese lugar.

También hay gestiones para mejorar las riberas y así la calidad de agua, que facilitará la diversidad de especies acuáticas.

Otro proyecto consiste en conservar las especies, por algo tan pequeño como la lombriz de tierra, hay todo un proyecto para resguardarla.

“Debemos pensar también en la biodiversidad subterránea, esto tiene impacto sobre todas las especies. Si hacemos un plan de gestión de suelo que la proteja, también beneficiamos a otros seres vivos”, indicó Méndez.

Para esto existen varios protocolos, desde quitar algunas superficies que han sido impermeabilizadas hasta con un proyecto llamado “aceras dulces”. El objetivo es cambiar el césped que se usa tradicionalmente en las jardineras o espacios verdes de las aceras por plantas que produzcan flores y frutos para que la fauna del cantón pueda beneficiarse de estos.

“Queremos hacer las aceras más verdes, no solo corredores de zacate en medio del concreto”, enfatizó el gerente territorial.

Finalmente, el proyecto de una ciclovía no se circunscribe solo a este cantón, es un plan intercomunitario que va más allá hacia La Unión por un lado, y Montes de Oca y San José, por otro, de manera que un ciclista pueda viajar de forma organizada y segura desde Sabana hasta Tres Ríos y viceversa.

Tilarán y la generación eléctrica
Visita al proyecto eólico Chiripa ubicado en Quebrada Grande de Tilaran. Foto: Archivo
Visita al proyecto eólico Chiripa ubicado en Quebrada Grande de Tilaran. Foto: Archivo

El cantón de Tilarán, en Guanacaste, tiene años de tradición en la generación de energía eléctrica eólica. Ahora se les presenta la oportunidad de dar un paso adelante.

“La planta de Tejona del ICE (Instituto Costarricense de Electricidad) dejará de operar en los próximos dos años. Esto lo vemos como algo que podemos tomar, gracias a la puesta en marcha de la legislación de sociedades públicas de economías mixtas. Nosotros podríamos crear una empresa municipal y dar el servicio”, dijo el alcalde Juan Pablo Barquero.

“De esta forma, podríamos contribuir con la demanda nacional. Seríamos el primer gobierno municipal en participar de la generación de energía limpia para el país y así contribuir a la descarbonización”, agregó.

Según el jerarca, la Municipalidad podría tener incluso un 51% de las acciones y dejar el 49% en manos privadas.

El proyecto de este ayuntamiento también incluye el compostaje.

“Hay un plan piloto con algunas zonas, los estudiantes universitarios nos han ayudado a sensibilizar. No es solo un asunto de tener el compostaje, el 42% de nuestros residuos es orgánico y actualmente va a dar al relleno de Miramar (Puntarenas) nos ahorraríamos mucho si logramos bajar lo que llevamos allá", enfatizó.

Aunque este proyecto está en fase de prueba, el alcalde señala que será un gran aporte a la descarbonización del cantón.