Salud

Víctimas de ‘superbacteria’ resistente a antibióticos se duplicaron durante 2021

Inciensa reporta 200 casos en primeros nueve meses del año, lo usual eran de 80 a 100; opciones de tratamientos se agotan en estas personas

Las superbacterias o bacterias multirresistentes parecieran haber ganado fuerza este año, cuando se registraron el doble de pacientes afectados que el promedio tradicional. El Centro Nacional de Referencia Bacteriología del Instituto Nacional de Investigación en Ciencia, Nutrición y Salud (Inciensa), recibía reporte de entre 80 y 100 aislamientos por año, pero en los primeros nueve meses de 2021 se sobrepasaron los 200 aislamientos.

Se les describe como superbacterias porque no se pudieron eliminar o atacar pese al uso de múltiples antibióticos. Según Inciensa, específicamente el aumento de resistencia se dio en un grupo específico de enterobacterias con carbapenemasas (EPC).

Las enterobacterias son capaces de producir infecciones respiratorias que pueden ser mortales para organismos debilitados. Las EPC producen, además, enzimas llamadas carbapenemasas que les confieren una protección contra un grupo de antibióticos denominado betalactámicos, un tratamiento de última línea terapéutica; es decir, se reserva para infecciones que no son sensibles a otros antibióticos.

“Se junta resistencia a varios grupos de antibióticos, ya no hay muchas opciones de tratamiento. Se veía siempre, pero hemos visto que se duplicaron”, confirmó Antonieta Jiménez, de Inciensa.

Además, este año el Centro Especializado en la Atención de Pacientes de Covid-19 (Ceaco) y el San Juan de Dios enfrentaron brotes de bacterias multirresistentes. Este último centro médico enfrentó muerte de bebés por una bacteria, esta no era multirresistente, pero sí puso en alerta a las autoridades.

En los hospitales es donde el riesgo es mayor. Quienes están internados ya tienen un sistema inmunitario que lucha contra otras condiciones, en esas circunstancias las defensas se debilitan y no podrían luchar de igual forma con una bacteria.

“Sí se han visto brotes que se han asociado directamente a pacientes que son coronavirus positivo y adquieren una infección bacteriana. Los hospitales han tenido que enfrentar aumento de pacientes con coronavirus, que además son críticos, y aumento de infecciones secundarias con bacterias, en algunos casos multirresistentes o con extrema resistencia”, subrayó la especialista.

Esta última definición es la más preocupante. Cuando hay una bacteria en extrema resistencia implica que hay muy pocas posibilidades de tratamiento. “En general se habla de dos opciones de tratamiento”, especificó Jiménez.

Cristian Pérez, jefe del Laboratorio Clínico del Hospital Nacional de Niños, complementa: “Cuando una persona llega a un centro hospitalario, se interna y permanece varios días ahí, las infecciones que tiene necesitan ser tratadas con antibióticos. Y si esos antibióticos no nos sirven porque las bacterias vienen ‘educadas’ contra ellos, la persona podría morir por una infección”.

¿Qué se hace con quienes tienen una superbacteria? De acuerdo con Jiménez, se tratan con algunos antibióticos que tal vez no se estén probando en este momento en la parte clínica y pudieran ser una opción para cada caso específico.

A nivel de hospital, dijo Pérez, para estas situaciones existe el Programa de Resistencia a Antimicrobianos (PROA) “son el CSI del hospital”, en alusión a la serie de televisión que trata de especialistas que buscan prueba científica para resolver crímenes.

El equipo PROA incluye a profesionales en Farmacia, Microbiología, Medicina y Enfermería y revisa quiénes están infectados, qué tratamiento tienen y les ajusta el tratamiento de acuerdo con la evidencia.

“Si usted viene con una neumonía grave, primero se le da lo más fuerte que tenemos, porque tenemos que salvar la vida. Se le hacen los cultivos, los exámenes. Cuando ya tenemos los resultados, se ajusta para esa bacteria, usualmente es mucho menos fuerte”, señaló.

Una vez que se encuentra ese medicamento, el fármaco más fuerte queda reservado para casos especiales. “Si damos lo más fuerte ‘hasta el final’ vamos a propiciar la resistencia a ese antibiótico, y ya no tendría nada más fuerte que dar”, especificó Pérez.

El equipo PROA también estudia los casos que generan más resistencias y a cuáles tratamientos.

La resistencia a antimicrobianos lleva décadas en crecimiento. Sin embargo, la cantidad de bacterias que van mostrando algún nivel de resistencia a los antibióticos sí ha crecido durante la pandemia. “Desde el laboratorio de referencia recibimos bacterias de importancia clínica, no importa la resistencia, porque se refieren todas. El problema existía desde antes, la pandemia solo lo aceleró y lo hizo más evidente”, dijo Jiménez.

Pérez coincidió: “Lo vemos a diario en nuestro laboratorio, durante la pandemia sí han subido, pero el problema antes de esto lo hizo lo complicó más. No habíamos resuelto un problema cuando nos llegó otro. La estancia hospitalaria larga ya se había asociado a las multirresistentes. Y con la pandemia hubo más hospitalizaciones prolongadas”.

A largo plazo, la salud pública sufre daños, pues como explicó Pérez, cuando hay muchas personas con estas resistencias, a nivel de salud pública se van reduciendo las opciones para tratarlas. Así lo ha advertido por años la Organización Mundial de la Salud (OMS), según la cual si no se actúa, para 2050 esta resistencia acabará con 10 millones de vidas al año. A esto se le une el que, por más rápido que marche la ciencia, no se vislumbran nuevas opciones de antibióticos.

“Las bacterias desarrollan resistencia más rápido que lo que la ciencia puede desarrollar antibióticos. Y los poquitos nuevos son muy caros”, subrayó Pérez, para quien estos nuevos tratamientos pueden ser solo “una curita”, mientras las bacterias siguen aprendiendo.

Costa Rica tiene una unidad dedicada a este tema en el Ministerio de Salud y un laboratorio nacional de referencia en el Inciensa. Hay un plan nacional de acción, tanto en salud humana, como en veterinaria y el sector agropecuario; sin embargo, aún no hay un lineamiento nacional que reúna a todos los sectores que se dicte las pautas exactas para la vigilancia y control.

Jiménez reconoció que ese es un faltante, pero que esto no ha sido motivo para que no se trabaje en forma coordinada con los diferentes centros de salud. Además, este año el centro del Inciensa fue nombrado como colaborador de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en temas de resistencia antimicrobiana. Solo hay dos centros para ese tema en América Latina: el Instituto Malbrán en Argentina y el Inciensa.

“Somos referencia para nuestro país, pero también damos apoyo a Centroamérica y Caribe”, dijo Jiménez.

Uno de los principales problemas radica en que algunos profesionales en Medicina recetan antibióticos cuando no son necesarios o de mayor espectro (más fuertes) al adecuado.

“Hay una enorme responsabilidad médica. Que no receten algo que no se necesita, que no recete nada más allá. Si ya hay algo que sirve, que no se recete algo de mayor espectro”, manifestó Pérez.

José Pablo Díaz, farmacéutico especialista en antiinfecciosos y quien trabaja de la mano de profesionales en Medicina en los hospitales, considera que este es uno de los principales problemas para la aparición de “superbacterias”.

Según estimó, entre el 20% y el 50% de las prescripciones de antibióticos (a nivel mundial) son inadecuadas. Para él, muchos pacientes también presionan al médico para que receten antibióticos.

Jiménez concordó: “se ha caído mucho en recetar antibióticos, que son para bacterias, para tratar virus. Eso de nada va a servir para curar a la persona y más bien va a aportar a la resistencia antimicrobiana”.

En ese sentido, expresó Díaz, se sabe que covid-19 es un virus y los antibióticos no hacen nada contra la enfermedad, pero aun así, hay médicos que recetan antibióticos solo ‘por si acaso’, y esos son antibióticos mal prescritos.

El farmacéutico indicó, además, que algunos médicos recetan tratamiento durante más tiempo del necesario o algo más fuerte de lo que realmente se requiere. También hay pacientes que piden tratamientos no de cada seis horas “para no despertarse en la madrugada a tomarlos” y piden algo que puedan consumir cada ocho o doce horas, pero estos son fármacos de mayor espectro y contribuirían a la resistencia.

Si nosotros no consumimos los antibióticos de manera adecuada también seríamos parte del problema. Los dos puntos principales es no tomar ningún tipo de fármaco sin receta médica, y, si se nos receta, tomarlo hasta el final.

“Si no terminamos el tratamiento, estamos educando a la bacteria para que desarrolle esa resistencia”, resumió Pérez.

Irene Rodríguez

Irene Rodríguez

Periodista en la sección El País. Máster en Salud Pública con Énfasis en Gerencia de la Salud en la Universidad de Costa Rica. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del Conicit 2013-2014, el premio Health Systems Global 2018 y la mención honorífica al Premio Nacional de Periodismo de Ciencia, Tecnología e Innovación 2017-2018.

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