Salud

Resistencia a antibióticos sería culpable de 10 millones de muertes al año en 2050

En este momento, 500.000 fallecimientos anuales se deben a que bacterias son más fuertes que cualquier medicamento. ¿Se acerca la era postantibióticos? Abuso con estos fármacos nos pone a las puertas de ese escenario.

Liverpool, Inglaterra. Cada año, las bacterias, los hongos y los parásitos acaban con la vida de unos 10 millones de personas en el mundo. De esa cantidad, medio millón de fallecimientos no ocurren por la falta de acceso a fármacos, sino más bien porque el microbio desarrolló resistencia a los tratamientos y se volvió más fuerte que todos los medicamentos que se usan en este momento para tratar la infección.

Ahora bien, si el mal uso de antibióticos, antiparasitarios o antifúngicos continúa por la senda actual, para el año 2050 el panorama será todavía peor: solo las muertes atribuidas a la resistencia de los fármacos alcanzarán los 10 millones al año.

El mayor problema se da con los antibióticos, pero esto no quiere decir que el control de infecciones con parásitos y hongos esté bajo control, pues también algunos de estos tratamientos se han hecho más resistentes.

La alerta no es nueva, pero esta actualización de datos puso a pensar a diferentes profesionales en salud que se reunieron del 8 al 12 de octubre en Liverpool, Inglaterra, para el V Simposio Global de Investigación en Sistemas de Salud 2018 (HSR 2018, por sus siglas en inglés).

“Esto significa pérdida de miles de millones de dólares al año, pero más allá de eso, significa muerte o enfermedades más largas y más agresivas para muchas personas”, enfatizó John Walley, investigador de la Universidad de Leeds, Inglaterra, y coordinador de este foro del Simposio.

Meenakshi Gautham, investigadora de la Escuela de la Higiene y Medicina Tropical de Londres, quien estudia el caso en las comunidades rurales de India, también levantó la voz durante el evento.

“Debemos educar a las personas para que entiendan qué es un antibiótico, cómo deben tomarlo y por qué no deben abusar de ellos. En las comunidades rurales de India es muy común que, a falta de médicos y hospitales cercanos, sean trabajadores comunitarios los que vigilen cotidianamente la salud de los habitantes de una zona.

"Las visitas médicas son poco frecuentes. Ante esto, ellos cuentan con todo un arsenal de medicamentos. Si no les ensañamos a estas personas la delicadeza de recetar antibióticos y que no los pueden dar a no ser que vengan con una receta médica, los riesgos pueden ser muy altos”, evidenció la especialista.

¿Se acerca la era postantibióticos? Para los especialistas en el foro, si no se hace un uso riguroso de estos, ese periodo podría estar a solo unas décadas de distancia.

"La era postantibióticos implica acabar con la medicina moderna tal y como la conocemos. Cosas tan comunes como una infección de garganta o el rasguño de la rodilla de un niño podrían volver a matar”, advirtió hace algunos años la exdirectora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Margaret Chan.

¿Qué es la resistencia y cómo se da?

Existen muchas formas de que los microorganismos se vuelvan más fuertes y generen resistencia a los tratamientos médicos.

Por un lado está la llamada resistencia natural. En su lucha por sobrevivir, las bacterias, los hongos y otros microorganismos mutan (es decir, cambian su genética) para no sucumbir ante los fármacos que usualmente las matan o impiden su reproducción. Esta forma de resistencia es tal vez la más lenta, pues depende de la evolución de estos seres vivos.

Sin embargo, la manera más común de resistencia se da cuando una persona no termina el tratamiento que se le recetó. Si la terapia se corta, los microorganismos no habrán muerto y en lugar de ello, como método de supervivencia, se reproducirán más y encontrarán las herramientas para fortalecerse y volverse inmunes a los antibióticos usuales.

En caso de que la infección se complique, la persona afectada no podrá tomar el mismo medicamento porque el patógeno no sucumbe ante el fármaco, por lo que se requerirán productos más fuertes y con más efectos secundarios; incluso, podría darse el caso de que lleguen a quedarse sin medicinas que puedan ayudarlos.

La resistencia también puede surgir si el paciente bota los sobrantes de medicamentos en el lavatorio o el inodoro, pues estos pueden ir a dar a los ríos y ser consumidos por peces.

El uso de antibióticos en animales cuya carne o productos derivados son parte de la alimentación humana no afecta la salud de los consumidores, pero sí aumenta las posibilidades de microorganismos resistentes a medicamentos.

¿Cómo? Según un documento de la Agencia de Control de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, en inglés), cuando se les administra antibióticos a los animales utilizados para la producción de alimentos, pueden surgir bacterias resistentes y multiplicarse en el tracto intestinal del animal (al igual que sucede en los humanos).

Algunas de estas bacterias presentes en el animal pueden contaminar la superficie de su carne durante el procesamiento. Si la carne no se cocina bien para eliminar estas bacterias y si hay suficientes organismos presentes como para infectar a una persona, pueden provocar una enfermedad transmitida por los alimentos.

Si una enfermedad transmitida por algún alimento requiere de tratamiento con un antibiótico y las bacterias son resistentes a él, puede incrementarse la gravedad del padecimiento y llevar a mayores tasas de hospitalización o, en casos extremos, un aumento en el riesgo de muerte.

Esto no representa un mayor problema en quienes sí tienen un sistema inmunitario fuerte, pero sí lo es para quienes tienen las defensas debilitadas debido a alguna enfermedad o en niños pequeños y adultos mayores.

Acciones de organismos internacionales

Durante el foro en Liverpool, los investigadores hablaron de esfuerzos que ya se realizan para reducir el impacto de la resistencia a los medicamentos.

Dentro de estas medidas se encuentran campañas para que las personas utilicen sus tratamientos hasta el final y no “jueguen de médicos” al recetarle a otros las pastillas que les “sobraron” (no les debería sobrar ningún medicamento, pero hay quienes dejan de tomarlo cuando se sienten mejor y consideran que el resto es sobrante).

También hay campañas para que los médicos informen mejor a las personas de cómo deben tomar su tratamiento y solo receten antimicrobianos cuando realmente sea necesario. De igual forma, se da asesoría a quienes trabajan en veterinaria o agronomía para no utilizar de forma innecesaria productos antibióticos.

Otra de las acciones clave es apoyar los esfuerzos de investigación científica que buscan conseguir nuevos tratamientos médicos.

“Seamos claros. El último antibiótico de alto impacto se descubrió el año en que yo nací, en 1955, y el último que se encontró fue hace 34 años. Sí, sí hay noticias de nuevas sustancias con propiedades antibióticas que nos dan esperanza, pero puede ser que las investigaciones vean que no son seguras o eficaces.

"Mientras la FDA o la EMEA (Agencia Médica Europea) no digan que hay un nuevo antibiótico, es porque no hay”, expresó Kevin Outter, investigador de la Universidad de Boston.

¿Qué podemos hacer nosotros?

Ingerir un antibiótico sin receta, no completar el tratamiento asignado por el médico o terminarlo de repente, son malas prácticas que deben evitarse a toda costa.

No acepte un antibiótico de una persona que no sea un médico. Estos fármacos solo pueden venderse con receta médica. Tampoco le sugiera a otra persona que tome algún medicamento contra determinado tipo de síntoma.

Si por alguna razón le sobra medicamento, no lo bote en un basurero ni lo tire por el desagüe. La única forma en que un antibiótico (e, idealmente, cualquier otro tipo de fármaco) puede desecharse es con ayuda de un profesional, por lo que la recomendación de oro es llevar los sobrantes a la farmacia.

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