Irene Rodríguez. 26 marzo, 2018
Un abrazo es una de las manifestaciones de contacto físico y lenguaje no verbal que más ayuda a mejorar la satisfacción personal de los miembros de una pareja. Fotografía: Shutterstock
Un abrazo es una de las manifestaciones de contacto físico y lenguaje no verbal que más ayuda a mejorar la satisfacción personal de los miembros de una pareja. Fotografía: Shutterstock

Un abrazo, un tierno beso en la mejilla o en la frente, caminar de la mano, una suave caricia en la cara, un masaje al final del día...

Estas manifestaciones de afecto entre las parejas que muchas veces no van acompañadas de palabras ni tienen como propósito el coito, pueden marcar una gran diferencia para alcanzar el bienestar de quienes integran la relación.

La científica de padre suizo y madre costarricense Anik Debrot investiga este contacto físico entre las parejas desde hace ya varios años. Sus pesquisas denotan que estas caricias mejoran la salud mental y emocional de ambos miembros.

Los resultados, además, se ven por igual en hombres y mujeres, sin importar cuánto tiempo lleven juntos.

"Las personas se sienten más entendidas, con más seguridad, sus sentimientos positivos son mayores y, los negativos, menores", explicó la científica.

Debrot estuvo en Costa Rica para participar del TEDx Pura Vida 2018, que se llevó a cabo el 15 de marzo pasado en el Teatro Nacional. La Nación conversó con ella después de su participación y analizó algunas de sus publicaciones científicas en donde se aborda este tema.

Anik Debrot fue expositora durante el TEDx Pura Vida 2018 el pasado 15 de marzo. Foto: Rafael Pacheco
Anik Debrot fue expositora durante el TEDx Pura Vida 2018 el pasado 15 de marzo. Foto: Rafael Pacheco

"La tecnología acorta distancias con nuestros seres queridos, pero no podemos consolar por teléfono a un bebé que llora, no podemos hacer una propuesta matrimonial por mensaje de voz al teléfono, ni asistir al funeral del abuelo a través de videoconferencia. No es lo mismo", enfatizó durante su ponencia la especialista en Psicología de la Universidad de Lausana, Suiza.

"Hay algo llamado teoría de base social que establece que el ser humano evoluciona para tener gente cerca. El cerebro funciona mejor cuando tenemos a otras personas cerca. Y usualmente a la persona que más tenemos cerca y a quien más tocamos es a nuestra pareja", detalló Debrot minutos después a La Nación.

Cuando esa experta comenzó a estudiar todo esto, le llamó la atención ver que algunas líneas de investigación exploraban cómo el contacto físico ayudaba a mitigar el dolor en el organismo, pero no analizaban cómo influían estas caricias en la salud mental o en las emociones de quienes conforman una pareja.

"Hay algunos estudios que indican que cuando nos tocamos bajan la frecuencia cardíaca y la presión arterial, hay una sincronización fisiológica entre las personas. También baja el cortisol (conocida como la 'hormona del estrés') y sube la oxitocina (llamada la 'hormona del amor' o del 'apego') pero no se había explorado cómo las caricias influían en las emociones o en la satisfacción que la persona tenía en su día a día, en su trabajo, en sus estudios, en las diferentes actividades que realiza", indicó la especialista.

Debrot publicó por primera vez sobre el tema en el 2013 y desde entonces se mantiene buscando ángulos diferentes de cómo el contacto piel a piel cariñoso y de mutuo acuerdo genera beneficios.

'Magia instantánea'

Una de sus primeras investigaciones pretendió medir los efectos del contacto físico no sexual en la vida cotidiana de las parejas durante el período del estudio y luego, seis meses después.

Su hipótesis de trabajo era que la experiencia de ser tocado por la pareja se asociaría con estados de ánimo más positivos y sentiría más compenetración psicológica con él o ella.

También tenía la premisa de que al tocar a la pareja, cada miembro se sentiría con mayor intimidad y esto les haría sentirse mejor.

Debrot y sus colaboradores enviaron correos electrónicos, repartieron volantes y colocaron afiches en diferentes universidades en Suiza buscando parejas cuyos miembros tuvieran entre 18 y 40 años, llevaran al menos tres meses de relación y aún no estuvieran casados.

En total, 102 parejas heterosexuales cumplieron con los requisitos. Ellos llevaban entre cuatro meses y 15 años de relación (con un promedio de tres años de vida en pareja). El 43,3% estaba conviviendo.

La primera parte del estudio consistió en ingresar al laboratorio y completar un cuestionario de forma individual. Dentro de estas preguntas, habían varias que medían cuánta satisfacción tenían en su vida en pareja.

Posteriormente se les entregó a cada uno una agenda electrónica y se les indicó cómo funcionaría el estudio: cuatro veces al día les serían enviadas preguntas, apenas estas estuvieran colocadas en la agenda, esta vibraría. Este proceso deberían completarse durante una semana.

Los participantes debían escoger una semana considerada "típica" en sus vidas; en las que no hubiera vacaciones, o fechas especiales, o momentos de mucha tensión laboral o académica, o bien problemas particulares para una de las dos personas o para ambas.

Estos cuestionarios se les enviaban en horarios aleatorios, en ventanas de 30 minutos alrededor de las 9 a. m., 1 p. m., 5 p. m. y 9 p. m. Los participantes debían responder a más tardar dos horas después de cada envío.

La primera pregunta que ellos veían en cada cuestionario era: "¿Cómo te estás sintiendo en este momento? Las respuestas se daban al marcar una de nueve opciones que iban desde "mal" hasta "bien" y de "descontento" a "contento".

En todas las baterías de preguntas, se les consultó también cómo se sentían ellos desde el último reporte. La intimidad se midió en cuatro preguntas: ¿Me siento cerca de mi pareja? ¿Siento seguridad a su lado? ¿Siento que mi pareja se preocupa por mí? ¿Siento que mi pareja me entiende? Todas estas interrogantes se contestaban según una escala que iba de "no aplica" a "aplica muy fuertemente".

Otras preguntas buscaban medir la autoestima de las personas, sus relaciones positivas con otros, su crecimiento personal, su propósito en la vida y su autonomía.

Si la persona respondía que su pareja estaba presente en ese momento, la agenda electrónica le presentaba una serie de 16 afirmaciones de diferentes aspectos. Por ejemplo: "desde el momento del último cuestionario, he abrazado, acariciado o me he acercado físicamente a mi pareja". Esta respuesta se medía en una escala de cinco opciones entre "no aplica" y "aplica muy fuertemente".

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Esas primeras caricias

Se les pidió a los participantes responder estos cuestionarios en privado y no discutir con su pareja las respuestas dadas.

Al finalizar la semana, los investigadores analizaron los cuestionarios. Lo primero que vieron es que, estadísticamente, no había diferencias entre las respuestas de hombres y de mujeres.

También notaron una similitud entre las parejas: es decir, ambos miembros tuvieron respuestas muy similares entre ellos.

Así, Debrot y su equipo comprobaron que, el contacto físico diario estaba relacionado con el estado de bienestar y con la intimidad que sentían con su compañero de vida.

"La asociación entre el contacto y la intimidad fue bidireccional entre las dos personas y se sintió de inmediato", cita el documento.

La publicación también mencionó: "cuando somos tocados por nuestra pareja, experimentamos cercanía y eso nos hace sentirnos más íntimos hacia él o ella, y esto, a su vez, mejora nuestro estado de ánimo".

Al respecto, Debrot comentó a La Nación: "me parece interesante saber que no es únicamente recibir (pasivamente) caricias lo que le mejora el bienestar; también darlas nos hace sentirnos mejor (...) Hacer bien (a otros), hace bien (a sí mismo), osea que ser bueno, generoso, cariñoso nos hace sentir bien".

Efectos a mediano plazo
El abrazo ayuda a mejorar el bienestar tanto en hombres como en mujeres. Fotografía: freeimages.com
El abrazo ayuda a mejorar el bienestar tanto en hombres como en mujeres. Fotografía: freeimages.com

Seis meses después, a las parejas se les envió otro cuestionario por correo electrónico para que fuera respondido. Se observó que los individuos que reportaron ser tocados más frecuentemente por sus parejas en el primer ejercicio realizado con la agenda electrónica seguían experimentando mayores niveles de bienestar durante ese lapso.

"Fue algo que quisimos explorar desde el inicio del estudio, fue muy interesante comprobar nuestra hipótesis de que estos gestitos cotidianos tuvieran beneficios seis meses después", manifestó Debrot.

Varios lectores de La Nación también compartieron lo que para ellos significan estas caricias, y todos coincidieron en que, los beneficios son inmediatos, pero que se mantienen a plazos mayores.

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El poder de un beso

Por ejemplo, Denisse Leiva, quien lleva 10 años y medio con su novio, comentó: "el abrazo de mi pareja, un beso, una mirada es como magia. Yo vivo de forma independiente, tomo decisiones durante el día, pero no puedo negar que cuando recibo un abrazo de él olvido todo, no importa si el día estuvo malo, el abrazo me reconforta y me da seguridad".

Seth Enoc Acuña agregó: "tenemos de casados 16 años y para nosotros un abrazo, un beso, caminar de la mano y decirnos palabras de afirmación es muy importante para enfrentar nuestros quehaceres diarios".

Kattia Sevilla, quien lleva 24 años de casada, añadió: "las manifestaciones de afecto son importantes para reafirmar el cariño que nos tenemos. Saludarnos al despertar y retornar a casa y despedirnos al ir al trabajo nos une. Salir fuera de casa e ir de la mano nos identifica y permite centrar la atención en que andamos juntos y 'conectados'".

Paliativo contra la ansiedad

El primer estudio de Debrot medía las reacciones de los participantes en el día día, pero no abordaba los posibles alcances de ese contacto físico cuando algún miembro de la pareja enfrentaba un problema o presentaba ansiedad por algún motivo.

Entonces Debrot y su equipo se dieron a la tarea de averiguarlo. Para ello, tomaron los datos recabados en la primera investigación y analizaron otras respuestas y variables.

Los investigadores se concentraron en explorar un fenómeno llamado supresión de pensamientos. Esto se caracteriza por hacer esfuerzos para mantener ciertos pensamientos (usualmente de problemas o de situaciones que causan mucho dolor) lejos de la mente, lo que suele provocar el efecto contrario: más bien se piensa en eso mucho más.

"La supresión de pensamientos es un factor de problemas psicológicos, en particular disforia y depresión (...) Entonces, el propósito fue examinar si una caricia mutua y bien recibida de la pareja permitía paliar el efecto negativo de la supresión de pensamientos", comentó Debrot.

Según el estudio, la supresión del pensamiento, especialmente en quienes son más ansiosos, interfiere con la vida de la persona en términos de concentración, estado de ánimo, paz y habilidad para realizar las actividades cotidianas.

Esto también puede tener efectos negativos en el otro miembro de la pareja y la relación en general.

En cada reporte, a los participantes se les preguntaba cómo se habían sentido durante el día hasta el momento. Y se presentaban 16 variables de regulación de emociones, una de ellas era la supresión de pensamientos.

El 6,82% de las personas reportó suprimir pensamientos, algo que sucedía por igual tanto en hombres como mujeres.

Cuando cada uno de ellos reportaba haber suprimido pensamientos, en ese mismo reporte también tenían un estado de ánimo más bajo. Cuando esto sucedía, el ánimo de su pareja también se veía impactado de forma negativa.

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Genalogías del beso

Cuando se comparó qué sucedía cuando estas personas "decaídas" tenían contacto físico con su pareja, Debrot y sus colaboradores vieron que los individuos mejoraban su estado de ánimo.

Si el contacto físico coincidía con una supresión de pensamiento, el estado de ánimo negativo se veía opacado por la acción de esa caricia, que actúa como un "distractor positivo".

Otros lectores La Nación también comentaron el beneficio de las caricias, besos y abrazos en momentos de estrés.

En ese sentido, Mari Marín, quien lleva dos años y medio con su novio, expresó: " el abrazo es el medio de comunicación que utilizamos. De mi parte es el momento en donde siento una total recarga de energía. Dejo todas mis preocupaciones, dolores, temores y más en ese abrazo. El calor de mi pareja y el sentimiento de que su amor es sincero me hacen sentirme relajada y segura. Ahí no hay dolor ni temor".

¿Qué sigue por investigar?

Anik Debrot está segura de de algo: sus estudios en el tema del contacto físico están lejos de acabar porque el campo para explorar es amplio.

Según ella, las investigaciones hechas hasta ahora se han centrado en parejas que están bien y no tienen mayores crisis. Sin embargo, se pregunta: ¿qué podría suceder en el caso de quienes estén enfrentando problemas entre ellos?

A futuro, también le gustaría explorar qué sucede en otros tipos de relaciones afectivas. Por ejemplo ¿qué ocurre cuando dos hermanas, amigas, primos, compañeros se dan un abrazo o se toman de las manos? ¿Cómo es ese efecto?

Además, el equipo ya está realizando un estudio en otras zonas del mundo (América Latina es uno de estos lugares) para ver cómo las diferencias culturales impactan el contacto físico. Al respecto, citó el estudio "Piel a piel" que está en curso actualmente.

"'Piel a piel' permitirá confirmar lo que muchos sospechan: que en las culturas latinas hay mas cariño físico. Hasta ahora hay ciertas indicaciones de esto, pero los estudios científicos son muy pocos", concluyó.