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Genealogías del beso

El prólogo es el charco del libro, y nos gusta saltárnoslo. El prólogo es el mayordomo del libro y surge para indicarnos que esperemos: que el libro ya baja, que está peinándose el primer capítulo, y que él (el prólogo) está aquí para entretenernos con su gárrula plática cháchara. El prólogo enseña que nadie necesita muchas ideas para decirlas en pocas palabras. El prólogo se hace el inocente, mas es taimado y esquivo, ninguneable y envidioso pues le faltaron páginas para llegar a ser capítulo. Si el prólogo fuese un país, estaría en vías de desarrollo.

No ocurre lo mismo con los prólogos de los boleros de la compositora mexicana María Grever; suelen recitarse mientras la orquesta aguarda para entrar en la canción pues se ha quedado en la puerta giratoria del disco. Cuando vuelva a tu lado , bolero de Grever, muestra prólogo; luego, la letra exhorta: “¡Une tu labio al mío y cuenta los latidos de nuestro corazón!”.

Tener un solo labio es la forma más notable del ahorro personal, y compartir un corazón es una manera de gastar menos fisiología.

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