Archivo

El buen sexo (y su mala fama)

Liberémonosdel miedo y la ignorancia. Sepamos ser criaturas del amor

El buen sexo (y su mala fama) - 1
El buen sexo (y su mala fama) - 1

Se le ha hecho mala fama al sexo. Algunos piensan que mejor ni hablar de ello, a ver si pasa desapercibido. Otros hablan de él como quien habla del demonio mismo. Es perverso cuando lo practican los jóvenes y asqueroso cuando lo hacen los viejos. Al final, queda apenas para un pequeño grupo de hombres y mujeres casados que se ven obligados a sacrificarse en la realización de “el acto” no por el acto mismo –eso sería pecaminoso y malsano –, sino para garantizar la preservación de la especie.

El sexo respeta y comprende. Eso dicen. El sexo, sin embargo, nos rodea y se nos cuela por dentro y por fuera en todos los aspectos de la vida y, al hacerlo, se trasciende a sí mismo: bien visto, el sexo es mucho más que eso que llaman sexo. El sexo verdadero no es pornográfico, no lastima, no se regodea en la humillación del otro; el sexo acaricia, no golpea; el sexo respeta y comprende, no humilla; el sexo se acerca siempre preguntando y ofreciendo, nunca forzando a nadie; el buen sexo busca ante todo la satisfacción del otro, no el goce egoísta. El buen sexo tiene mucho que ver con el amor: el sexo no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés. El sexo al que aspiramos no parte del abuso, sino del afecto, le importa el otro y surge siempre del afecto y del respeto por uno mismo y por el otro. El sexo es placentero, sí, pero ese placer encuentra su mejor sentido en el disfrute recíproco y cariñoso de la pareja: los dos se harán una sola carne.

Una sexualidad bien llevada es parte integral de una vida bien llevada, de una vida centrada en el afecto, en el respeto, en el disfrute de nuestros vínculos con los demás. Una vida que comprende y que vive el amor en todos sus aspectos, y que es capaz de sentir al otro como nuestro igual y de amarle como nos amamos a nosotros mismos. No hay nada sucio, nada pecaminoso, nada perverso en una sexualidad placentera y responsable que se constituye en un elemento más de nuestros vínculos afectivos. Pero no es tan fácil. Hay riesgos, hay peligros, hay amenazas. Y los seres humanos caemos fácilmente en la tentación.

‌
‌

‌

‌
‌

‌

‌