Irene Rodríguez. 17 febrero
Esta imagen describe a la comunidad bacteriana que vive en nuestro sistema digestivo. Ilustración: V. Altounian / Science Translational Medicine (2016)
Esta imagen describe a la comunidad bacteriana que vive en nuestro sistema digestivo. Ilustración: V. Altounian / Science Translational Medicine (2016)

La actividad física no solo tiene beneficios para nuestra salud cardiovascular, mental y emocional, también trae beneficios –hasta ahora desconocidos– para nuestra microbiota intestinal, esas bacterias que están en nuestro sistema digestivo y le ayudan a nuestro cuerpo en sus procesos.

Estudios científicos anteriores han mostrado que una mayor diversidad de microbiota intestinal está relacionada con una mejor salud. Ahora, un nuevo estudio publicado en la revista Experimental Physiology sugiere que la eficacia con la que transportamos el oxígeno a nuestros tejidos (condición cardiorespiratoria) es un predictor de la diversidad de microbiota. En otras palabras, el mantenerse en forma también mantendrá en mejor forma y con mayores beneficios para nuestra salud a nuestra colonia bacteriana.

Esta nueva investigación, realizada por científicos de la Universidad de Indiana en Estados Unidos, indicó que ejercicio de una intensidad suficiente para poner el corazón a latir a altos ritmos (esta intensidad varía de persona a persona) altera la composición química del sistema digestivo, y con esto, hay cambios en la variedad, actividad y agrupación de la microbiota.

¿Por qué? Según explica el documento un incremento en el volumen de la sangre en cada latido del corazón y, una mayor actividad en los vasos capilares, oxigena de forma diferente el resto del cuerpo y cambia el ambiente también en el sistema digestivo.

Estudio en población especial
La intensidad del ejercicio varía con cada persona, pero la idea es que el corazón alcance su máximo de condición, es decir, que lata activante para aumentar el flujo sanguíneo y la distribución de oxígeno. Foto Jeffrey Zamora
La intensidad del ejercicio varía con cada persona, pero la idea es que el corazón alcance su máximo de condición, es decir, que lata activante para aumentar el flujo sanguíneo y la distribución de oxígeno. Foto Jeffrey Zamora

Los científicos decidieron realizar estas pesquisas en sobrevivientes de cáncer. La razón: el tratamiento contra esta enfermedad dispara cambios en la salud cardiometabólica y esto baja la condición cardiorespiratoria.

Se reclutaron sobrevivientes de cáncer de mama que no hubieran registrado metástasis y que hubieran completado su tratamiento durante al menos un año. Por lo difícil de un tumor de seno en hombres (cerca de un 1% de los casos) solo mujeres acudieron a la convocatoria.

Las participantes hicieron ejercicios específicos que se iban evaluando hasta que la persona llegara al pico de condición física cardiorespiratoria. Allí se monitoreaba cómo el cuerpo utilizaba la energía.

Posteriormente se tomaron muestras fecales para determinar la composición de la microbiota intestinal.

Los resultados mostraron que las participantes con mayor condición cardiorespiratoria tenían más especímenes en su microbiota, más fuertes y la variedad era mayor. Esto era independientemente del peso de la persona, de su porcentaje de grasa o de su masa muscular. La edad tampoco pareció influir en esto.

El equipo es consciente de que el realizar el estudio solo en mujeres puede ser una limitación, por eso preparan un nuevo estudio con otros tipos de cáncer.

“Nuestro grupo está buscando unir esfuerzos para hacer un estudio intervencional que determine cómo variaciones en la intensidad del ejercicio pueden inlfuir en la microbiota intestinal. También nos gustaría ver el rol de la alimentación. De esta forma sabríamos cómo hacer prescripciones de ejercicio personalizadas para mejorar la salud de las bacterias en nuestro sistema digestivo, y en consecuencia, de nuestra salud”, concluyó Stephen Carter, autor principal del informe.

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