Irene Rodríguez. 6 octubre, 2018
Melina Montero y Carolina Santamaría irán a presentar su exposición al Congreso Mundial de Investigación en Sistemas de Salud en Liverpool. De fondo se observa el poster que ilustra los resultados del estudio que presentarán. Fotos: Mayela López

La diabetes es una de las enfermedades crónicas que más control necesita. Conforme la persona envejece, este mal aparece de manera más frecuente, y es indispensable que los pacientes se mantengan en contacto con los servicios médicos.

Sin embargo, en la realidad no ocurre así, existen barreras, muchas veces culturales, que alejan a algunas personas a recibir esta atención. Así lo dejó ver un estudio realizado por el Centro Centroamericano de Población (CCP), el Instituto de Investigaciones en Salud (Inisa) y la Escuela de Promoción de la Salud, todos ellos en la Universidad de Costa Rica (UCR).

Estas barreras o inequidades son principalmente tres: la obesidad (factor de riesgo para otras enfermedades como hipertensión), el ser hombre y vivir lejos de un centro de salud o Ebáis.

Las investigadoras Carolina Santamaría Ulloa, del Inisa y Melina Montero López, de la Escuela de Promoción de la Salud, presentarán los resultados de este estudio en el Simposio Mundial de Investigación en Sistemas de Salud 2018 (HSR 2018, por sus siglas en inglés), que se celebrará en Liverpool, Inglaterra, la próxima semana. En esta investigación también participó Luis Rosero, del CCP.

“Pudimos ver que uno de cada cinco adultos mayores tenía diabetes. Esta cifra es mayor a la del resto de la población, porque el riesgo de desarrollar esta enfermedad aumenta conforme se envejece, según el estilo de vida que se ha tenido. Por eso es que las personas con más obesidad tienen mayor riesgo”, apuntó Santamaría.

Y añadió: “esta población en particular, sobre todo los mayores de 75-76 años son sobrevivientes. Ellos nacieron antes que se creara la Caja (Costarricense de Seguro Social, CCSS) y sobrevivieron a un montón de infecciones y condiciones que nosotros no tuvimos que vivir porque teníamos un sistema de salud más consolidado, pero, posteriormente, también han enfrentado cosas a las que nosotros también estamos ‘sobreviviendo’, como el sedentarismo y las comidas ‘chatarra’, estos hábitos de salud pasan la factura”.

Montero agrega: “dentro de nuestras recomendaciones está el tener acciones enfocadas en políticas públicas que se comiencen desde niños o adolescentes, donde se le dé importancia a los hábitos de vida para evitar la obesidad”.

Para Santamaría lo de los hábitos de vida es vital: “no hay componente genético en la diabetes tipo 2, tampoco es algo contagioso. Uno escucha que varias familias dicen que en su casa todos son diabéticos, pero no es un asunto de herencia, es un asunto de que se comparten hábitos y estos hábitos pueden llevar a la enfermedad”.

Sexo y lugar de residencia

De acuerdo con el estudio, los hombres mayores son quienes menos son diagnosticados con diabetes y están bajo tratamiento, pero también los que más mueren con esta condición de salud.

“Si vemos una lista de la muertes prematuras, muchas de ellas son de hombres que tenían diabetes o las consecuencias de esta”, destacó Santamaría.

“No hay nada en el hombre que lo haga biológicamente más propenso a la diabetes, no existe. Pero sí se ha visto que ellos asisten mucho menos a los servicios de salud. Es algo social y cultural, es el ‘macho’ que dice sentirse bien siempre, pero esta actitud perjudica mucho su salud”, añadió.

Montero complementó: “también debemos trabajar con los hombres, educarlos, hacerles llegar la información y que entiendan las consecuencias de no buscar ayuda médica”.

Según las investigadoras entrevistadas, el lugar de residencia otra barrera que se tiene para el acceso al diagnóstico y tratamiento. Se vio que si la persona puede movilizarse hasta el centro de salud más cercano en media hora o menos, las estadísticas de diagnóstico y control de las enfermedades son buenas. Sin embargo, no pasa así si el paciente debe destinar más tiempo en el desplazamiento.

“No es un asunto de acceso al sistema de salud porque a todos los adultos mayores los cubre el seguro, es un asunto de la distancia con los servicios, eso nos aleja de que haya atención para todas las personas”, evidenció Santamaría.

Montero añadió: “tratar el problema de salud es complejo. Realizar visitas domiciliarias no siempre es posible, hay ATAPS (asistentes técnicos de atención primaria en salud) que no alcanzan a hacer las dos visitas domiciliarias al año. Debemos identificar quiénes son los más vulnerables”.

Ambas investigadoras señalan que el presentar este tema en el simposio en Liverpool las hará aprender de cómo en otros países abordan estas realidades, para que así la detección temprana y tratamiento correcto de esta enfermedad lleguen a quienes lo necesiten.

¿Cómo se hizo el estudio?
Las personas diabéticas deben medir sus niveles de glucosa en sangre. Para ello utilizan este instrumento llamado glucómetro. Fotografía: Roche diabetes care

Los investigadores analizaron los datos de la investigación Costa Rica: Estudio de longevidad y envejecimiento saludable (Creles). Este estudio tomó en cuenta 2.827 adultos mayores de todas partes del país. A todos ellos se les realizaron tres visitas, una cada año y medio.

En cada uno de los encuentros, los investigadores les pasaron un cuestionario a los pacientes donde se les preguntó por hábitos de alimentación, actividad física, patrones de sueño, vida familiar, tratamientos médicos, entre otros.

Además, se les tomaron muestras de sangre y saliva, se les pesó y midió, se les tomó la presión arterial y se les revisó el botiquín para ver cuáles medicamentos tomaban y con qué frecuencia.

Con base en eso, se determinaron las principales inequidades o barreras en la diabetes.

El equipo investigador tomó la decisión de estudiar diabetes por el impacto que esta enfermedad representa no solo para la salud de la persona si no para el sistema de salud.

“El impacto es fuerte. Una persona siempre recuerda el momento en el que le diagnosticaron diabetes. No recuerdan otras cosas de salud, pero sí ese momento en específico, es una enfermedad que cambia muchas cosas, todavía tiene una carga negativa, pero si el paciente cambia su alimentación por una más sana, hace actividad física y cumple con los medicamentos, sí se puede tener bajo control”, expresó Santamaría.

La afectación en el sistema de salud también es importante. De acuerdo con el estudio, si se compara una persona diabética con una no diabética, en el primer caso la consulta externa y los medicamentos cuestan el triple y las hospitalizaciones cuestan un 24% más.