Irene Rodríguez. 28 julio
El instrumento será validado en 400 mujeres usuarias de oficionas del Inamu en todo el país. Fotografía: Shutterstock
El instrumento será validado en 400 mujeres usuarias de oficionas del Inamu en todo el país. Fotografía: Shutterstock

“La agresión hacia la mujer mata. Esa es la realidad. Lo vemos constantemente, muchas mueren a manos de sus parejas, exparejas o personas que se obsesionan con ellas. También produce muchos daños físicos y emocionales. Es algo en lo que trabajamos todos los días”.

Así, la doctora en psicología Leonore Walker justificó la necesidad de buscar formas para enfrentar este gran problema social. Precisamente, durante más de cuatro décadas ella ha estudiado a estas víctimas y fue la primera en describir el síndrome de mujer agredida, que se caracteriza por las diferentes fases que atraviesa esta población expuesta a la violencia y explica también, en gran medida, por qué muchas afectadas permanecen al lado de su agresor.

La doctora Walker desarrolló en Estados Unidos un instrumento con 54 preguntas que solo pueden aplicar los profesionales debidamente capacitados y buscan medir con mayor exactitud cuándo una mujer sufre este síndrome el cual muchas veces no es tan fácil de identificar; su nombre es BWSQ-S (cuestionario sobre síndrome de mujer agredida, por sus siglas en inglés).

Esta ha sido una herramienta útil en el tratamiento de estas personas y sus familias, pero al mismo tiempo sirve de evidencia científica en batallas legales que incluyen divorcios, órdenes de restricción y custodia sobre hijos.

Ahora, en Costa Rica, se validará la primer versión en español de esta prueba. ¿Por qué esto es importante? En el contexto costarricense tiene mucho peso, máxime si se observan las cifras del Poder Judicial las cuales indican que 127 personas acuden cada día a los juzgados de violencia doméstica para solicitar medidas de protección luego de sufrir agresiones o ante la amenaza de que ocurran.

Las preguntas no se dan a conocer al público para evitar que personas sin la debida preparación se administren el cuestionario o se lo apliquen a alguien más.

Hasta el momento, no había un equivalente para este cuestionario en nuestro idioma, pero la psicóloga costarricense Wendy Cook, estudiante de Walker en el Doctorado en Psicología Clínica y Forense de la Universidad Nova Southeastern University (sur de Florida, EE. UU.) se dio a la tarea de traducirlo. Lo hizo no solo en español, si no que también usó un lenguaje muy tico, para que las mujeres puedan entender mejor las preguntas y se sientan más identificadas.

La idea de validar el instrumento en el país es asegurarse de si lo que funciona en Estados Unidos y otras naciones de habla inglesa también puede ser válido para detectar el síndrome de mujer agredida en la población de habla hispana. Con ello, además de entender mejor el fenómeno, se podrá ayudar a las víctimas de una forma integral.

“Para mí, el haber traducido el instrumento al español costarricense y estar involucrada en su proceso de validación es como poder ponerle un micrófono y un sello de garantía a las historias violentas que muchas mujeres tienen que contarnos. BWSQ-S podrá darle evidencia científica a las ramificaciones psicológicas que muchas de ellas desarrollan por estar expuestas a la violencia interpersonal repetitiva”, aseveró la costarricense.

Para aplicarlo entre las ticas, el equipo liderado por Walker y Cook visitó Costa Rica recientemente con la idea de capacitar a las psicólogas que participarán de esta validación y asegurarse que ellas tengan toda la información y conocimiento necesario. A lo largo de once meses, comenzando próximamente, las profesionales pasarán el cuestionario a 400 usuarias de los servicios de la Delegación de la Mujer del Instituto Nacional de la Mujer (Inamu) en todo el territorio nacional.

“Una vez válido y admisible en las cortes de Costa Rica, BWSQ-S se podría utilizar como prueba en casos de custodia infantil, casos de visitas, validez de acuerdos prematrimoniales, órdenes de restricción y casos en que las mujeres agredidas usan la legítima defensa dentro del contexto de violencia interpersonal, solo por mencionar algunas” detalló Cook.

Y añadió: “años atrás, cuando realicé mi práctica profesional de psicología clínica en la delegación de la mujer en el Inamu, conocí a muchas mujeres. Todas con historias traumáticas muy similares. Esas personas y sus historias me cambiaron la vida. La cantidad de mujeres que se atienden día a día por casos de violencia en nuestro país no se puede ignorar. Lo peor que sucede es que muchas veces esos casos se silencian o nadie los cree”.

Los casos como los que escuchó Cook no son pocos. Cifras del Ministerio de Seguridad Pública señalan que en el primer semestre de este año se realizaron 1.927 informes policiales por violencia doméstica y más de 16.100 notificaciones a agresores.

¿Qué es el síndrome de la mujer agredida?

Para entender en qué consiste el síndrome de la mujer agredida (que es considerado por algunos como un tipo de síndrome de estrés postraumático) es necesario explorar primero cómo funcionan las tres fases del ciclo de la violencia, también descrito por Walker. El instrumento con 54 preguntas permitirá a los profesionales identificar en qué etapa está la víctima.

La primera fase es la acumulación de tensión y usualmente en este punto la violencia es principalmente psicológica. La mujer percibe la agresión (a veces pueden pasar semanas o meses para ella se percate), pero no la entiende. La víctima intenta calmar a su agresor y trata de ayudarle a razonar para que se tranquilice. En este proceso ella comienza a alejarse de su grupo de apoyo (amigos y familia). Asimismo intenta ser agradable con su agresor y se esfuerza por complacerle como mejor puede. Poco a poco se intensifica la tensión con mayores signos de violencia, como gritos e insultos.

La segunda fase es de maltrato agudo, donde ya toda la tensión acumulada en la primera fase estalla con mayor violencia psicológica pero también se podría sumar violencia física, sexual o ambas. Esta fase puede mantenerse días, semanas o meses. En ocasiones registra períodos altos. Por ejemplo, en nuestro país el 911 registra mayores reportes en feriados o eventos deportivos. El día del partido debut de Costa Rica en el Mundial de Fútbol de Rusia, se registró una llamada de auxilio cada tres minutos. Durante esta última Semana Santa las denuncias aumentaron en un 27%. A esto hay que sumarle las mujeres que no pueden llamar.

La tercera fase llega después de toda esta tormenta y se manifiesta como “una luna de miel”, donde el agresor percibe que podría perder a su pareja y se empeña en “reenamorarla”. La culpa a ella de sus actos violentos, pero le asegura que no volverán a ocurrir. La etapa se caracteriza por la ausencia de tensión o violencia, con lo que el victimario adquiere un valor positivo a los ojos del a víctima. Esta fase puede durar menos días que la fase aguda, pero para la mujer resulta suficiente.

“Esta fase convence a muchas mujeres de quedarse”, indicó Cook. Walker agregó: “es un ciclo que se repite una y otra vez y tiende a hacerse peor”.

¿Qué ocurre con la mujer mientras sucede este ciclo de violencia? Según Walker, ella también pasa varias fases en su interior.

Al principio, cuando se dan los primeros maltratos, la confianza en su victimario se rompe, esto produce dudas, desorientación y muchas comienzan a mostrar síntomas depresivos.

Posteriormente, la mujer ya tiene una relación mermada con su familia y amigos, y se siente culpable de la situación. Luego viene una fase de afrontamiento, donde, sin éxito, trata de manejar la situación traumática que vive. Muchas de ellas terminan por adaptarse y culparse a sí mismas y a su entorno de lo sucedido.

Como en muchas situaciones, ellas pasan otras experiencias psicológicas. En la negación, se resisten a admitir, incluso a ellas mismas, que han sido maltratadas o que hay un problema en su relación de pareja. Suelen ofrecer excusas sobre la violencia de su victimario y creen firmemente en que no volverá a suceder.

Esto puede acompañarse de una etapa posterior de culpa, donde ella sí reconoce la violencia, pero siente que merece que la traten de esa manera por sus defectos. En muchos casos aceptan que sí están siendo abusadas y que nadie merece vivir así, no obstante, permanecen con su agresor porque tienen la esperanza de que se puedan resolver los problemas.

De acuerdo con Walker, no todas las mujeres presentan los mismos síntomas, pero casi todas manifiestan baja autoestima (pues es lo primero que mancilla el agresor) y personalidad pasiva, también son víctimas de depresión, trastornos de ansiedad, insomnio, dolores en diferentes partes del cuerpo. Algunas tienen intentos suicidas. Muchas también temen por su vida y la vida de sus hijos, por lo que tienden a sobreproteger a sus hijos. Otras comienzan a ver y a escuchar a su agresor cuando este no está cerca.

Las consecuencias de permanecer o de intentar salir del círculo sin la protección adecuada pueden llevarlas a la muerte. En lo que va del año, 11 mujeres han sido víctimas de femicidio en el país.

La investigación en Costa Rica
Este es el equipo de la Nova Southeastern University que vino a capacitar a las psicólogas que validarán el instrumento. Fotografía: Brandon Cook
Este es el equipo de la Nova Southeastern University que vino a capacitar a las psicólogas que validarán el instrumento. Fotografía: Brandon Cook

Walker explicó a La Nación que la primera versión del instrumento BWSQ-S era tan larga que la mujer podía durar hasta seis horas, pero ella misma era consciente que pocas personas tenían la disponibilidad para responderlo. Más adelante el cuestionario se redujo a dos horas y media o tres y finalmente lograron tener una versión de 54 preguntas que se puede responder en media hora. La traducción al español de esta versión es la que se estará validando en Costa Rica.

Durante los próximos 11 meses, las psicólogas del Inamu ofrecerán este cuestionario a 400 mujeres que, voluntariamente y de forma anónima, quieran responderlo.

Las facilitadoras enviarán los resultados en tiempo real a un sitio web al que solo tiene acceso el equipo investigador.

Posteriormente comenzará el proceso de análisis para ver si realmente este instrumento logra medir si la mujer sufre de este síndrome, si está en riesgo de sufrirlo o no. Y, si lo sufre, en qué nivel está.

“Cuando lleguen los datos analizaremos la severidad de lo que tienen las mujeres. ¿Lo que se ve en Costa Rica es similar a lo que se ve en Estados Unidos? ¿Cuál es la mejor forma de darles tratamiento? No todo se resuelve con terapia psicológica”, destacó Danielle Millen, la investigadora que se dedicará principalmente al análisis primario de datos.

Walker agregó: “no todas (las mujeres entrevistadas) tendrán este síndrome, o tal vez lo tengan con otras manifestaciones. En Estados Unidos, por ejemplo, las estadounidenses muestran señales diferentes a las mujeres hispanas. Tal vez algunas enfrenten otras cuestiones de fondo que también merecen ser estudiadas y darles el tratamiento que ameritan".

El tratamiento

¿Cuál es la mejor forma de atender a las mujeres en esta situación? Walker y su equipo también trabajan en eso. El próximo paso es validar al español un programa de tratamiento para las víctimas. Esta traducción se realiza en Puerto Rico.

El tratamiento se llama programa de terapia y empoderamiento para sobrevivientes (STEP, por sus siglas en inglés, palabra que significa “paso”).

No todas las mujeres deben llevar el mismo tratamiento, porque no todas son iguales ni han vivido la agresión por igual o por la misma cantidad de tiempo. Según las especialistas, algunas también deben enfrentar procesos judiciales que pueden complicar la situación. y otras dependen económicamente de su agresor, lo que complica más el hecho de dejarlo y buscar un “lugar seguro”.

Por esas razones, cada caso se ve de forma individual y el tratamiento es personalizado. Por ejemplo, algunas tomarán algún medicamento, otras no.

La siguiente acción para quienes sean detectadas con este síndrome en Costa Rica puede ser el llevar un programa STEP. De llegarse a implementar, esto puede significar mayor calidad de vida para las 268 mujeres que llaman a diario al 911 para reportar un incidente de violencia intrafamiliar.