Salud

Báscula engaña al medir la obesidad en adultos mayores

Tema se conversó en el Congreso Médico Nacional y se dijo que es más efectivo medir la circunferencia de la cintura en estas poblaciones.

¿Cómo se sabe si una persona tiene kilos de más? Usualmente, la medida reconocida universalmente para los adultos es el Índice de Masa Corporal (IMC). Esta es una relación entre el peso y la estatura de la persona y dependiendo de su valor se sabe si el individuo presenta bajo peso, peso normal, sobrepeso u obesidad.

¿Pero qué pasa con todos los cambios físicos que acompañan la tercera edad? ¿La pérdida de masa muscular, las diferencias en niveles de hormonas, los desajustes en el metabolismo? ¿Son en serio la báscula es la mejor aliada para determinar esto después de los 65 años de vida?

Esta fue una de las reflexiones realizadas en una ponencia en el Congreso Médico Nacional, efectuado la semana anterior en el Hotel Crown Plaza, San José. El médico Luis Adolfo Calvo Bolaños meditó sobre el sobrepeso y la obesidad en los extremos de la vida. Y, preguntó al auditorio: si hay una forma distinta de medir estos factores en los niños, ¿no deberá haber una diferenciada para el adulto mayor?

“Mientras que el sobrepeso se ve en el 64% de los adultos costarricenses, si tomamos en cuenta solo a los adultos mayores la cifra baja a un 26%”, manifestó el especialista.

“Los geriatras siguen viendo el bajo peso como mayor problema. La desnutrición sí es común en el adulto mayor. Y, si nos vamos a medir el sobrepeso con base al IMC, veremos que son pocos los que sufren esta condición y, en estos casos, se pensaría que no tienen mayor riesgo cardiovascular que quienes tienen peso normal”, añadió´.

Sin embargo, Calvo mencionó que no necesariamente esto es así. Existen algunas hipótesis para explicarlo. Una de ellas es que la mayoría de quienes desarrollaron todas la enfermedades crónicas propias del sobrepeso u obesidad (hipertensión, diabetes, y sus consecuentes riesgos mayores de infartos o accidentes cerebrovasculares) murieron antes de llegar a la tercera edad y quienes sí sobrevivieron a estos males es porque poseen características especiales (genética, un metabolismo “agradecido”, otras “adaptaciones biológicas”) que los han hecho llegar sin problemas ni mayores consecuencias para su salud.

“Son sobrevivientes, tienen genes fuertes o algo que los ha llevado a vivir mejor pese a su condición de sobrepeso. Incluso algunos adultos con bajo peso tienen mucho más riesgo cardiovascular que ellos”, especificó el conferencista.

Entonces, ¿qué debería medirse?

Para saber cómo medir mejor la obesidad en los adultos mayores, primero debemos explorar las características que ellos tienen en estas edades.

Una mujer de 70 años ha perdido en promedio cinco centímetros de estatura de la que tuvo durante toda su vida adulta. Por su parte, al llegar a esta edad, la estatura de un hombre se ha reducido en tres centímetros.

Tanto hombres como mujeres han cambiado la distribución de la grasa, ahora se concentra en el abdomen.

A esto se le debe añadir que, conforme pasa el tiempo, por un proceso natural, tanto ellas como ellos experimentan pérdida de masa muscular, esto se conoce como sarcopenia. La masa muscular disminuye de forma gradual entre un 3% y un 8% cada década a partir de los 30 años, acelerándose este proceso una vez cumplidos los 60 años.

Esta condición es más común en los hombres que en las mujeres. A partir de los 75 años afecta a entre un 55% y 60% de los varones y a un 45% de la población femenina.

“No es lo mismo un kilo de músculo que un kilo de grasa, el músculo pesa mucho más. Entonces es natural que si estamos perdiendo masa muscular nuestro peso baje. Pero aquí es donde viene lo engañoso, nuestra grasa puede acumularse y subir, pero como hemos perdido músculo no lo notaremos y esto es grave. A estas edades puede haber personas con bajo peso según el IMC pero con mucha cantidad de grasa y esto puede poner en riesgo su salud”, explicó Calvo.

El especialista sugiere que lo ideal sería hacer estudios desintométricos en donde pueda obtenerse por separado la cantidad de masa muscular y de grasa que tiene la persona, pero estos pueden ser muy costosos.

En cambio, hay algo que es muy posible que todos tengamos en nuestras casas y que es fácil de conseguir y de utilizar: una cinta métrica, pero no para medir la estatura, si no para ver cuánto mide la cintura.

“El riesgo de muerte atribuible a la circunferencia de cintura sí es significativo, no el del IMC. Los hombres con una circunferencia de cintura mayor a 102 centímetros tienen un riesgo de muerte 6% mayor a quienes no. En las mujeres, cuya cintura mide más de 88 centímetros, el riesgo es de un 8% más”, dijo Calvo.

Para el especialista, hay algo todavía más grave: quienes tienen la llamada obesidad sarcopénica, es decir esas personas que pese a toda la masa muscular perdida tienen un IMC que les indica que tienen sobrepeso u obesidad. Estos individuos tienen todavía una mayor proporción de grasa en sus cuerpos.

“Es la peor de las combinaciones. A nivel mundial se habla de que lo tienen el 2% de los mayores de 70 años y el 10% de los mayores de 80”, apuntó el médico.

Más allá del peso, pensar en la calidad de vida

Para Calvo, el asunto aquí no se trata de cuánto pesa la persona, si no de cuántas actividades es capaz de realizar sin ayuda (funcionalidad e independencia).

“Hemos evaluado la obesidad como factor de riesgo metabólico y no como factor de riesgo de movilidad. La obesidad, a cualquier edad de la vida, aumenta el riesgo de tener problemas de movilidad y de demencia cuando se llegue a ser adulto mayor”, destacó el experto.

Durante su ponencia en el Congreso Médico Nacional, Calvo citó un estudio realizado en Estados Unidos en el que se indicaba que los hombres que tuvieron sobrepeso en su vida adulta tenían 5,7 años menos de funcionalidad que quienes mantuvieron un peso normal, y las mujeres tenían 5,02 años menos de funcionalidad.

“La idea no es solo llegar a viejos si no hacerlo con independencia y calidad de vida”, concluyó Calvo.

Irene Rodríguez

Irene Rodríguez

Periodista en la sección El País. Máster en Salud Pública con Énfasis en Gerencia de la Salud en la Universidad de Costa Rica. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del Conicit 2013-2014, el premio Health Systems Global 2018 y la mención honorífica al Premio Nacional de Periodismo de Ciencia, Tecnología e Innovación 2017-2018.

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