Jairo Villegas S.. 6 marzo
Daniela Mizrachi Mourelo en el Mar Muerto. Fotografía: Cortesía
Daniela Mizrachi Mourelo en el Mar Muerto. Fotografía: Cortesía

Cuando tenía 12 años, la costarricense Daniela Mizrachi Mourelo tuvo un sueño que está a punto de hacer realidad: ingresar a las Fuerzas de Defensa de Israel.

También con la nacionalidad israelí, debido a su familia, esta joven de 21 años fue admitida para el servicio militar, a partir de abril de este año.

Confiesa estar emocionada y enfatiza que lo hace de forma voluntaria. “Si llegas a vivir al país antes de los 20 años es obligatorio hacerlo, a menos que estudies en la universidad”, especificó.

“Quiero regresar (a Costa Rica), pero por el momento quiero cumplir mi tiempo aquí (en Israel) y seguir aprendiendo todo lo que me deja esta aventura”.

¿Qué significa para un tico hacer servicio militar pese a crecer en un país sin ejército?

“Es algo increíble, la preparación que llevan los soldados y las pruebas que tienen que pasar son muy duras y es algo que un tico no va a experimentar a menos que salga de la Suiza Centroamericana. Sin embargo, me encanta decirle a todo el mundo que conozco que vengo de un país sin ejército y todos quedan en shock, independiente si son de Israel o no”, respondió Daniela.

Ella es criminóloga de profesión, por eso, le encantaría tener una oportunidad en la policía militar israelí, encargada de las investigaciones y parte de la inteligencia del ejército.

Daniela Mizrachi Mourelo se mudó desde hace un año a Israel. La imagen corresponde a las grutas de Rosh Hanikra. Fotografía: Cortesía
Daniela Mizrachi Mourelo se mudó desde hace un año a Israel. La imagen corresponde a las grutas de Rosh Hanikra. Fotografía: Cortesía

Según cuenta Daniela, en ese cuerpo militar también hay mecánicos, oficinistas, cocineros, profesores, así como las personas que están en posiciones de combate, incluyendo paracaidistas, pilotos, francotiradores, buzos y conductores de tanques, entre otros.

“La diferencia de quien ingresa de forma voluntaria es la cantidad de años de servicio; sin embargo, a mí sí me pondrán a hacer pruebas físicas como a todos los demás, pues independientemente del trabajo que se realice, ya sea administrativo o de combate, todos llevan el mismo entrenamiento básico”, apuntó Daniela.

“Israel no es un país tan conflictivo como se ve en las noticias internacionales. Hay mucha seguridad, no hay robos, no hay homicidios, no hay asaltos”.

Esta joven, oriunda de Sabanilla, en el cantón de Montes de Oca, estará dos años en esa fuerza de seguridad como parte de su servicio.

“Por ser extranjera, primero tengo que llevar un curso del idioma (hebreo) que dura tres meses, después, a uno lo ubican en la posición que quiera servir, si es que los puntajes de las pruebas así lo permiten. Por suerte fui aceptada”, agregó.

Dice que sus amigos ticos le preguntaban si “estaba loca” por querer ser parte de unas fuerzas armadas, aunque nunca dejan de apoyarla.

Daniela Mizrachi Mourelo vive desde hace un año en Ramat Gan, en Israel. Fotografía: Cortesía
Daniela Mizrachi Mourelo vive desde hace un año en Ramat Gan, en Israel. Fotografía: Cortesía

Desde hace un año vive en Ramat Gan, cerca de Tel Aviv, una ciudad de 152.000 habitantes y 12 kilómetros cuadrados de extensión.

“Hay cierto sentimiento en la mayoría de los judíos de querer regresar a casa (Israel), por lo que decidí seguir ese anhelo y aventurarme. Crecí en un núcleo familiar judío y quise conectarme con mis raíces, practicar más de cerca la cultura y la religión. También soñaba con aprender hebreo y unirme al ejército de Israel”, responde cuando le pregunté por qué migró a esa nación.

Allá trabaja en un jardín de niños, pese a su carrera de investigadora criminal, y ya estuvo en el curso intensivo de hebreo en Ulpan, un instituto israelí cuya finalidad es preparar a los nuevos ciudadanos a integrarse lo más rápido posible al país.

“Las playas en Israel son planas, no vas a encontrar ni una sola palmera, ni un tronco en la arena. Cuesta mucho encontrar bosques o zonas verdes”.

Daniela dice asombrarse por la cantidad de judíos de todos los rincones del planeta que llegan a esa nación, lo que genera una enorme variedad cultural. “Ningún otro lugar del mundo tiene tanta diversidad como Israel”.

“Los judíos del mundo entero consideran a Israel como su hogar, por lo que venimos guiados por la religión desde todas partes. Nunca esperé encontrar tantos inmigrantes de Rusia, pero me sorprendí, es tan grande su comunidad aquí que los rótulos en las calles están escritos en ruso, las personas en el supermercado te atienden en ruso o en hebreo”.

El muro de los lamentos. Fotografía: Daniela Mizrachi Mourelo
El muro de los lamentos. Fotografía: Daniela Mizrachi Mourelo

“Puedes hacer amigos de cada continente, en mi caso, trabajaba con árabes y nos llevábamos superbien, iba a bailar con inmigrantes de Etiopía, estudiaba con personas provenientes de África, Asia, América…”

“Se mezclan las culturas, las tradiciones, los idiomas y es increíble el hecho de empezar una conversación en español, seguirla en inglés y terminarla en hebreo o ruso. Cuando uno se sube al autobús, puede llegar a escuchar hasta seis idiomas a la vez (hebreo, árabe, ruso, español, inglés y amhárico, que es el idioma oficial de Etiopía)”, relató.

De Israel le encanta la seguridad. Revela que las personas dejan sus bolsos o paquetes en las paradas de autobús, cruzan la calle a mirar tiendas y regresan cuando viene el bus y ahí están sus pertenencias, pues afirma que nadie es capaz de tocar algo que no le pertenece.

“Israel es un país históricamente rico, con cada paso que se da, es como si estuviera caminando en el pasado, y para las personas que creen en la religión, se puede sentir que uno mismo vive las historias bíblicas al visitar lugares como el Santo Sepulcro o el mar Rojo”.

Incluso, dice que es normal pedir ride a un desconocido y convertirse en amigos al final del trayecto.

También admite que no todo es bueno, comparado con Costa Rica.

“Los israelíes pueden ser las personas más amables o más peleonas que hay, creo que no tienen un punto medio. Es normal que a uno le griten por cualquier cosa, como no moverse en el bus, pero igual pueden ser amables y ayudarte a subir tus cosas al autobús. Nunca esperes que te digan buenos días, por favor o gracias, que para nosotros los ticos son palabras básicas. Más bien, cuando uno les dice buenos días se quedan extrañados, muchas veces no responden”, detalló Daniela.

Mientras que los viernes en Costa Rica suelen reservarse para salir con amigos, en esa nación son para descansar y reunirse con la familia.

“Aparte de la riqueza histórica, en Israel los sitios turísticos son increíbles; puedes ir al punto más bajo de la tierra a flotar en el mar a 40 grados Celsius o bien ir a esquiar al norte a 5 grados”.
Parte de la Ciudad de David, en Jerusalén. Fotografía: Daniela Mizrachi Mourelo
Parte de la Ciudad de David, en Jerusalén. Fotografía: Daniela Mizrachi Mourelo

Debido a esto, dice que desde las 4 p. m. del viernes cierran los comercios, y todo vuelve a la normalidad los sábado a las 6 p. m.

“Se trabaja de domingo a viernes, hasta el mediodía, y todo es mucho más caro; por ejemplo, un combo de McDonalds cuesta 58 shekels (moneda oficial), equivalente a ¢9.000; y esto pasa con casi todos los restaurantes, cualquier comida cuesta mínimo ¢7.000”.

“La infraestructura es muy diferente, aquí la gente vive en edificios, no existen las casas o residenciales (como en Costa Rica), y todos los edificios son iguales y del mismo color. No vas a encontrar una casa azul con blanco con tejas en el techo”.

Ella no siente inseguridad en esa nación, ni siquiera por los conflictos con Palestina o las tensiones con otros países de Oriente Medio.

Daniela Mizrachi Mourelo vive en Israel desde hace un año. Fotografía: Cortesía
Daniela Mizrachi Mourelo vive en Israel desde hace un año. Fotografía: Cortesía

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Esta es la vigésima primera historia sobre costarricenses que dejaron su país por diferentes circunstancias, se adaptaron a otra tierra, pero guardan el cariño por sus raíces.